’24: Live another day’, el necesario final para Jack Bauer

¡CUIDADO, SPOILERS!

Si no has visto el final de ’24’, lee bajo tu responsabilidad.

De la decepción a la euforia. Cuestión de percepciones quizá. El problema se desencadena cuando regresa el formato revolucionario de 24, y de paso también asistimos a la violencia que inflige Jack Bauer sobre sus enemigos. Como suele ser habitual con los retornos tan esperados, las expectativas son muy volubles, pero 24: Live Another Day se ha erigido como un espectáculo para los viejos aficionados de la serie. ¿Revolucionaria? Tanto las tramas como las herramientas utilizadas son conocidas, de ahí que su concepción adictiva y visceral haya perdido cualquier atisbo de originalidad. ¿Auténtica? Esta última temporada no ha renunciado a las características de la serie, e incluso ha intentado potenciarlas con pequeños cambios. ¿Digna? Y notable, un retorno necesario que pone un punto y aparte con sabor a final.

Previo a la época del impacto, el show creado por Joel Surnow y Robert Cochran ayudó a poner la primera piedra de la cultura audiovisual que domina la ficción televisiva en la actualidad, de hecho abrió con pies de plomo el universo ficticio que deparó el 11S sobre Estados Unidos. Hoy en día, pocos reflexionan sobre el icónico Jack Bauer, y su poder de convocatoria es mínimo frente a los festines de Juego de tronos, las vísceras de The Walking Dead y la calculada morosidad de True Detective. 24 es un juguete anacrónico. Tan disfrutable como prescindible. No así su héroe principal, del que sigue siendo muy deudor la serie a pesar de los (evidentes) intentos de introducir aires renovadores con la magnífica Yvonne Strahovski y su Kate Morgan, nuevo personaje que comenzó con un corte similar al de Renee Walter para después ganar en personalidad y peso en la serie. No obstante, la máquina permanece intacta, ya sea por la división de pantalla, los juegos de sonido o la utilización del reloj. Ante el inmovilismo del formato, los guionistas estudiaron la actualidad para revisar la figura del héroe azotado por la tragedia y, de esta manera, surgieron amenazas con aviones no tripulados y organizaciones al estilo Wikileaks (eligiendo como referente la reconversión de John McClane en La Jungla 4.0), pero al final el héroe abandonado a su destino siempre regresa. Cuando Jack frustra una Tercera Guerra Mundial al adelantarse a chinos y rusos, el héroe se sacrifica para rescatar a Chloe de las garras rusas; y de esta manera, afronta el destino con serenidad, consciente de que su última oportunidad para redimirse se fue hace mucho tiempo. Jack debe pagar, y eso lo entiende a la perfección.

¿No se merece Jack Bauer un final feliz? Tópica pregunta, incluso ridícula. De naturaleza trágica, el ex CTU nunca ha podido conciliar la defensa de un “bien mayor” con la seguridad de sus seres queridos. Entonces, ¿para qué terminar con una nota positiva su periplo? Si Jack lo ha perdido todo a lo largo de la serie, ahora tampoco merece mejor consideración por parte de los guionistas, y sería contradictorio a decir verdad que semejante concepción hubiese cambiado. Resulta obvio, cómo los guionistas construyen lazos emocionales, para después destrozarlos hasta las últimas consecuencias; este planteamiento funcionó con la muerte de Teri, y la posterior caza de Nina, pero todavía ha seguido coleando hasta el final de la temporada. El alejamiento inicial, la posterior cercanía y la cruel separación han sido fundamentales en 24: Live Another Day; mismo proceso con dos rostros diferentes: Chloe O´Brian y Audrey Boudreau.

Con la revelación de la muerte de su marido y su hijo, Chloe O´Brian se ha desdibujado al perder esa aura freak y puntillosa, capaz de sacarnos una carcajada esporádica con sus líneas de diálogo. Por este tortuoso camino, Chloe se ha convertido en una especie de Lisbeth Salander, y se ha unido a un grupo que destapa secretos gubernamentales, cuyo líder es Adrian Cross, novio de Chloe hasta que Cheng le destroza el cráneo con una bala; mensaje: con los chinos no se juega. Ni con los rusos tampoco, aunque al menos consigue salvar su pellejo de ellos.

Con la sosegada pero aterradora muerte de Audrey, la serie colocaba a Jack frente a un precipicio (otra vez). Para colmo, Jack y Audrey intercambiaron dos escenas significativas por ese sentimiento de amor que aún perduraba entre ambos, y en los compases finales de su relación ambos se lloran con dolor. Resulta paradójico pese a las intenciones, que Jack Bauer pierda a la única persona que le importaba salvar a la hora de salir de su madriguera para terminar con la amenaza terrorista. Al fin y al cabo, los dos han intentado construir una vida; los dos han fracasado rotundamente. El miedo que recorre los ojos de Audrey cuando se derrumba tras un balazo, también está presente cuando Jack abre los ojos para comprender la muerte de Audrey. Entre ellos, una dichosa lágrima encierra un arco argumental tremendo.

De la sed de sangre de Margot Al-Harazi al calculado juego de Cheng Zhi, pasando por el infiltrado de turno (Steve Navarro), el traidor de turno (Mark Boudreau) y el ruso de turno (Anatol Stolnavich). En la construcción de las tramas de 24: Live Another Day existe un cierto “tufo” a una rutina argumental, sólo superada por los trabajos interpretativos de los antagonistas; con Michelle Fairley a la cabeza como Margot, la sed de venganza nos recuerda a los Drazen o a Abu Fayed, aunque salvando enormes distancias con respecto al odio concentrado en la figura de Jack. Sobresale el sentimiento de culpabilidad, por los ataques con drones, que inculca Margot entre los norteamericanos. Todo se resuelve como de costumbre, abriéndose una nueva vía de escape para encarar el final de temporada tras varias secuencias de acción sobresalientes que se disparan a partir del sexto episodio, ya sea con una persecución con drones o con el “supuesto” suicidio del presidente. Otra forma de superar esa “rutina” es traer de vuelta a Cheng Zhi, un enemigo clave a la hora de destrozar el amor que existía entre Jack y Audrey. Ante la noticia del fallecimiento de Audrey, Jack rompe el silencio de un carguero con sus balas y sus cuchillazos, pero nada es comparable con el movimiento de katana que termina con la vida de Cheng. Todo ello tras rozar la pistola con la tentación de apretar el gatillo para suicidarse, pero Bauer nunca ha elegido el camino fácil, y su intercambio por Chloe es un final necesario. Entiéndase por necesario lo que se quiera. Sólo Jack comprende su destino cuando sonríe antes de subir al helicóptero pilotado por los rusos.

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No sólo Jack tiene un final trágico. Desde Kate hasta James Heller. Nadie gana durante estas doce horas. Por una parte, Kate no es capaz de seguir en la CIA tras todo lo recurrido, en especial por la revelación de que su jefe y amigo, Steve Navarro, le había mentido sobre la inocencia de su marido en la venta de material clasificado a los chinos. Kate no soporta no haber confiado en su marido, y decide marcharse tras fracasar a la hora de mantener con vida a Audrey. Por otra parte, el presidente James Heller afronta las polémicas sobre los drones bajo los primeros síntomas del alzheimer, aunque sale airoso tras entregar su vida a su país. Imprescindible para definir tanto a Jack como al sentido patriótico que vertebra la esencia de 24. Desde principio a fin, William Devane (James Heller) da un recital interpretativo apabullante; en particular, hay que hacer hincapié en su supuesto sacrificio y en la despedida de su hija, ambas escenas se encuentran entre lo mejorcito de este año televisivo. Al igual que Kate, James Heller también dejará su cargo cuando llegue a EE.UU. Quien no dejará su cargo será Chloe, pero tiene el deber de regresar a casa para cuidar de la familia de Jack cuando tenga tiempo, sabiendo que siempre ha sido la única amiga del trágico agente

24: Live Another Day ha durado doce capítulos para intentar no estirar demasiado el chicle. Intentar que no conseguir, porque no ha pasado desapercibido que la primera parte de la temporada ha sido puro relleno, ya sea por los drones o por la sed de venganza de Margot. En lo referente al guión, la serie no ha planteado grandes sorpresas ni enormes giros, pero demuestra que puede pisar el acelerador cuando le plazca, tal y como sucede a partir del capítulo seis. Se confirma así una máxima de 24, quizá la serie que mejor maneja el ritmo argumental. Si el guión ha sido suficiente, la dirección ha elevado el nivel artístico gracias al reconocido trabajo de directores como Jon Cassar. Meritorias han sido las composiciones utilizadas por Sean Callery, siendo imprescindibles en el cierre del último episodio. Con respecto al trabajo interpretativo, la incorporación de Yvonne Strahovski ha supuesto un soplo de aire fresco para la historia, aunque se ha reflejado a la perfección el transcurso de los años en los rostros de los antiguos personajes. Mención aparte merece William Devane.

Seamos sinceros, Jack Bauer nunca ha estado en el lugar equivocado a la hora equivocada, pero ha necesitado mucho tiempo para aceptar. Simplemente aceptar que el dolor infligido siempre vuelve multiplicado. Sucedió con Teri. Sucedió con David Palmer. Sucedió con Renee Walker. Y ahora ha sucedido con Audrey. Solamente tiene que aceptarlo, pero nunca ha podido hasta que sonríe al subir al helicóptero que lo conducirá hasta Moscú para pagar su daño, entonces lo ha comprendido. ¿Puede ser rescatado por Chloe? ¿Intentará Kate Morgan reparar el daño causado? ¿Lo requerirá su gobierno una vez más? ¿O su familia estará en peligro? Aceptaría este cierre como el final definitivo, de hecho arregla el error que cometió la serie cuando cerró su octava temporada de forma tan cobarde, ahora al menos conocemos que Jack también lo acepta.

Antonio Cabello Ruiz-Burruecos

Enamorado de la escritura, del placer fílmico y del goce seriéfilo. Siempre aprendiendo; siempre creciendo. "Hagas lo que hagas, ámalo".