5 razones por las que “Daredevil” es la mejor serie de superhéroes

En plena época de empacho de superhéroes clónicos en la pequeña y la gran pantalla, la unión de Marvel con Netflix parece indicar un cambio de rumbo.  Daredevil, el primer resultado de esta alianza, supone un giro significativo a lo que estamos acostumbrados. Hoy te damos 5 motivos para ver Daredevil, si es que aun no lo has hecho:

Netflix-Daredevil-2

La ciudad protagonista

Gotham, Metrópolis, Nueva York… en la mayoría de historias sobre superhéroes la ciudad no es más que un simple decorado, un escenario a proteger lleno de gente incapaz de cuidar de sí misma. Para estas historias, la ciudad es el equivalente a la princesa Peach en un Super Mario, un inútil y bello personaje que no deja de ponerse en peligro  y al que sólo el héroe puede salvar.

Este no es el caso de Daredevil. De hecho, en la serie de Netflix podríamos decir que la ciudad es la verdadera protagonista de la historia. Inspirado en el real barrio neoyorquino de Hell’s Kitchen, la ciudad de Daredevil está viva, respira, es mucho más que simples edificios, es la gente que habita en ellos, es la viejecita inmigrante a la que quieren desahuciar.

Daredevil es una historia que nos habla de la conquista del espacio público, de la lucha por definir la hegemonía de la ciudad. Políticos corruptos, mafias y constructores ambiciosos tratan de repartirse el pastel urbano mientras policías, enfermeras y abogados tratan de convertir la ciudad en un lugar mejor cada día. Son estos personajes secundarios los verdaderos héroes anónimos.

daredevil

El héroe emancipador

Normalmente los superhéroes suelen tener una escasa implicación con la ciudad que protegen. Batman salva a Gotham para luego recluirse en su mansión, entre fiestas de la jet set y otras excentricidades. Lo mismo podríamos decir de Iron Man, o incluso de Superman, cuya condición de ser extraterrestre superior debería desconectarle de cualquier reacción empática con nosotros, entes inferiores. Todos ellos se auto-imponen la tarea de protegernos, con condescendencia y, muchas veces, contra nuestra voluntad, en un rasgo que podríamos calificar de totalitario. 

Daredevil es diferente. Matt Murdock es un hombre corriente, un sencillo trabajador que trata de ayudar en su comunidad a través de su trabajo como abogado y que sólo recurre a la violencia nocturna como último recurso, para solventar los fallos legales del sistema. Es un superhéroe proletario.

La Daredevil de Netflix es un giro de madurez y realismo al género, en ella se dejan en un tercer plano el barril de desechos tóxicos que castigó a Murdock de niño con la ceguera y lo bendijo con poderes, o una sensibilidad extrema del resto de sentidos. Por el contrario vemos a un héroe muy humano, que termina malherido después de cada pelea, que no disfruta saliendo por la noche a desmantelar mafias, aunque la serie juegue inteligiblemente a sembrar la duda sobre el placer que genera la violencia. Un héroe que no pretende ser una solución definitiva a los problemas de la ciudad, sino un mal necesario pero temporal, un refuerzo ilegal (que no inmoral) de los verdaderos héroes ciudadanos de los que hablamos en el punto anterior.

Daredevil-Episode-8-1748x984

El villano humanizado

Este es quizás el punto más relevante de los cinco. Daredevil introduce a uno de los mejores villanos que hemos visto en televisión. Wilson Grant Fisk no aparece en pantalla hasta el tercer capítulo de la primera temporada, e inteligéntemente nos lo presentan en una forma vulnerable a través de una primera cita en un restaurante, durante la cual vemos a un Fisk educado y sofisticado, pero también tímido, acomplejado y tremendamente inseguro.

Fisk no es en absoluto el villano típico, es un promotor inmobiliario enamorado de su ciudad. Su objetivo es gentrificar Hell’s Kitchen, convertirlo en un barrio de lujo expulsando a toda la gente humilde. Fisk está convencido de que sus acciones moralmente cuestionables están justificadas porque tienen el único fin de mejorar la ciudad, en este sentido es un reverso tenebroso del héroe. Para lograr su objetivo se rodeará de varias mafias extranjeras, a las que manipulará como en una partida de ajedrez.

Pero al margen de su sofisticada visceralidad empresarial, Wilson Fisk también tiene un lado violento y aterrador. Aunque nuevamente no es un atributo gratuito, sino que se nos “justifica” ante un flashback en el que podemos ser testigos de una infancia más que traumática. Daredevil nos regala un villano tremendamente complejo, carismático, inteligente e interesante, muy alejado de los villanos simples y previsibles que caracterizan a otras series de superhéroes.

Las peleas épicas

Quizás resulte algo frívolo hablar de violencia y acción cuando acabo de explicar que Daredevil supone un avance en la madurez del género, tanto en la historia como en sus personajes.  Pero una cosa no excluye la otra. Si una serie de superhéroes tiene que recurrir a las peleas en algún momento, mejor hacerlo de la forma más impresionante posible, ese es el planteamiento de Daredevil.

Las peleas en la serie de Netflix son oscuras y sorprendentemente físicas, podemos sentir la fuerza de cada puñetazo, el peso de cada caída. Al final del segundo episodio de la primera temporada, nos regalan la que es una de las mejores escenas de acción de los últimos años. Un plano secuencia cuidadosamente coreografiado en el que Murdock se enfrenta a una banda de criminales que no se lo ponen fácil. Estos no caen inconscientes tras un sólo golpe como estamos acostumbrados, sino que vuelven a levantarse y a golpear a Murdock en grupo y por separado. Una pelea sucia y sin glamour, en la que vemos a un héroe exhausto y dolorido que cumple con su objetivo derramando sangre y sudor.   

 

Los sutiles efectos visuales

Es posible que hayas visto la serie y no te hayas percatado de los efectos visuales. Esto es porque no son muy espectaculares. Al tratarse de una serie de superhéroes con un corte más realista, no tienen cabida partículas, rayos ni otros efectos fantásticos. Sin embargo Daredevil está plagado de efectos sutiles, bien utilizados, necesarios y sobre todo de calidad.

Desde la magnífica cabecera animada por el estudio Elastic (quizás una de las mejores del 2015), a los propios efectos creados por la gente de shade VFX, todo en la serie de Netflix está mimado al detalle, se nota que no han escatimado en gastos de producción, y esto, unido a un guión inteligente y unos personajes muy bien construidos son motivos más que suficientes para tener una serie endiabladamente entretenida.

Daredevil no es perfecta. En su búsqueda de realismo (similar al conseguido por Nolan en Batman) se ha perdido mucha de la mitología y fantasía que rodeaba al personaje original. También se ha criticado el racismo subyacente en la trama, ya que los inmigrantes en la ciudad parecen asumir el rol de villanos o víctimas. Son detalles a pulir que no creo que empañen todo lo que la serie hace bien, y todo lo que supone para la maduración de un género que ya roza la saturación. La segunda temporada demostrará (o no) si estoy en lo cierto.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.

Sé el primero en comentar