‘A to Z’, crónica de una ruptura anunciada

¡CUIDADO, SPOILERS!

En este artículo se revelan (muy) pequeños datos de la trama de la serie.

«Andrew y Zelda saldrán durante siete meses, una semana, cuatro días y tres horas. Este programa de televisión es el resumen de su relación… de la A a la Z.»

Estas dos frases del opening de A to Z contienen la esencia de la serie. Todo está en este copy, a pesar de que finalmente la Z se haya convertido en una M debido a la prematura cancelación de la primera temporada de la ficción. Esa voz en off, que relata la historia de amor entre un trabajador de una agencia de contactos y una abogada, no se queda ahí, sino que vuelve a aparecer en contadas ocasiones y estructura de alguna forma la narración. El uso del recurso narrativo que hace la ficción es más que interesante, ya que consigue no abrumar ni subrayar lo evidente, pero en cambio juega un papel importante a la hora de aportar unas puntadas ácidas a la historia que se desarrolla en pantalla.

A to Z avanza, fundamentalmente, en dos columnas: por un lado, la propia relación de amor de Andrew y Zelda, pasando por todas sus fases; por el otro, lo que ocurre en su entorno. Además de la clásica comedia romántica, la ficción ofrece una sátira de temas tan actuales como el conflicto que puede ocasionar “la nube” (con directa alusión a iCloud) o el auge de los drones (1×07), las redes sociales (1×02) y las empresas de dating online, a través de las que se crean un buen número de las situaciones cómicas de la serie, y algunos más.

La amalgama de personajes que componen A to Z es, sin duda, el gran acierto de la serie. En primer lugar tenemos a los protagonistas. Andrew y Zelda, interpretados por Ben Feldman (Mad Men) y Cristin Milioti (How I met your mother), adquieren gracias a la creación de los actores una personalidad propia, además de una gran química de pareja, que sustenta el espíritu de la obra. Sin duda, ellos dos soportan gran parte de la carga estructural y narrativa de la serie. No obstante, son los secundarios, siempre en un plano más oscuro, los que consiguen que engrase a la perfección el cuadrado central de personajes (en el capítulo 1×05 se puede ver muy bien ese engranaje). Stephie y Stu, mejores amiga y amigo de Zelda y Andrew respectivamente, son tan histriónicos y alocados y albergan tal química entre ambos (desliz en el pasado inclusive) que, en ocasiones, eclipsan toda la acción y se convierten en los baluartes de la serie. Gran trabajo en la segunda línea el que hacen Henry Zebrowski y Lenora Crichlow (Sugar Rush, Being Human, Black Mirror). Por último, además de los protagonistas y los secundarios, podríamos hablar de una nueva categoría: los personajes terciarios. En esta clasificación podríamos incluir a todos los trabajadores de Wallflower (la empresa de citas en la que trabajan Andrew y Stu), que dan vida y proporcionan puntos álgidos a lo largo de los capítulos. Esa exótica pareja formada por Dinesh (Parvesh Cheena) y Lora (Hong Chau) no tiene desperdicio, pero, sin lugar a dudas, en este tercer escalón hay un personaje que sobresale por encima de cualquier otro: Lydia (o Big Bird). La jefa de Wallflower, siempre en constante búsqueda de cómo ejercer el liderazgo en su empresa, deja momentos cómicos, de humor ácido, pero también otros cargados de ternura. Buen descubrimiento y divertida interpretación de Christina Kirk (Manhattan, Girls).

El círculo de Andrew y Zelda se completa con Stephie y Stu.

El círculo de Andrew y Zelda se completa con Stephie y Stu.

Otro de los puntos fuertes de A to Z ha sido el guión. Con la venia de no querer hacer una ficción transcendental, sino ofrecer un agradable paseo sin sobresaltos a través de una relación de amor cualquiera, la serie ha ofrecido al espectador una escritura pulida, simple e inteligente. Un guión hábil ha sido capaz de disponer sobre la pantalla situaciones entrelazadas, cruces de personajes e historias y, sobre todo, un entorno emocional mediante el que dar vida a sus personajes (historias del pasado, anécdotas, momentos de tristeza al recordar historias que el espectador no ha llegado a ver, etc.). Buenos ejemplos de esta escritura pueden ser el episodio 1×09, en el que varias narraciones se entrelazaban; el 1×10, con la aparición de un tal Ivan Vaughan; o el último (1×13), en el que se incluía una historia de ex parejas entrecruzadas. Esto demuestra, además de la inteligencia creativa en torno a los caracteres, que la serie siempre ha tenido el foco en los personajes y en cómo unos y otros se “tocaban”. En la idea latente de que, al final, de una forma u otra, todos podemos estar interconectados. Lo resume la voz en off que narra en el final del 1×08:

“Todos están conectados, algunos de forma más íntima que otros.”

A través de esos pequeños aportes, la narradora desliza la historia poco a poco hacia el final (antes de lo previsto) de la serie. Un final que podría resumir bastante bien el tono general de la ficción, entre lo cómico y lo romántico, pero siempre alejado de las grandes pretensiones. Con una sencillez abrumadora, tras un bache en la relación después de los primeros cuatro meses, Zelda decide volar a Nueva York y aceptar un empleo allí. Esa decisión supone la renuncia a Andrew, tras una conversación en la que él asegura imposible garantizar que el amor es para siempre. Sin embargo, al llegar, Zelda mira por la ventana y no ve a Andrew en el edificio de enfrente. Decide volver y cuando él le pregunta por qué, ella lo resume todo en una maravillosa línea:

“No me gustó la vista desde mi oficina.”

Entonces Stephie y Stu, que han sido los que (otra vez) han organizado el encuentro en el bar para que se vuelvan a ver y se reconcilien, debaten sobre el tiempo que le dan a la relación a partir de ese momento. Ella, unos cuatro meses; él apuesta porque se casarán. ¿Quién gana? Pues eso, nos guste más o menos, lo sabemos desde el primer fotograma del primer episodio, aunque me temo que nunca llegaremos a asistir al momento de esa ruptura anunciada (lo que también tiene algo de bonito). La vida sigue… from A to Z.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.