‘Arrow’: Oliver Queen, el héroe bajo la capucha

¡CUIDADO, SPOILERS!

Contiene spoilers de la segunda temporada.

Antes de comenzar su andadura en The CW, la serie basada en el personaje de DC Comics hizo mucho eco entre expertos y medios de comunicación. No era el primer (ni último) intento de trasladar las aventuras de un superhéroe a la pequeña pantalla y los resultados no siempre han sido satisfactorios (sino fijaros en Wonder Woman). Arrow confirma que seguimos teniendo hambre de este tipo de argumentos que triunfan en el cine y también en la televisión.

Los primeros pasos de la ficción pusieron las bases y vimos a un Oliver Queen desubicado, matando y vengándose de todo aquel que aparecía en un trozo de papel heredado de su padre. Tal vez le costó arrancar (no lo niego), pensando que tendríamos un procedimental donde el Vigilante tacharía un nombre de la lista en cada capítulo, pero la serie es mucho más.

Atrás han quedado los desnudos gratuitos de Stephen Amell luchando, entrenando o en toalla (aunque recurren a ello de vez en cuando) y se han centrado en la trama; en el argumento principal donde Arrow comienza a convertirse en un héroe, el superhéroe que la ciudad necesita, sin ser un asesino. Un gran avance que le debe a su amigo caído, Tommy.

Ahora hemos conocido más a fondo a personajes como Sara-Canario Negro, su affair con Oliver (en el pasado y el presente) y su despedida final. Sobre todo nos adentramos en la mente de Slade Wilson, ese amigo en la isla que se fue convirtiendo en Deathstroke e intentó arrebatarle todo lo que quería, incluida su madre. Un momentazo de la temporada ver a Moira atravesada por una espada después de superar la cárcel y presentarse a las elecciones.

Mientras Felicity y Diggle han ganado protagonismo, otros personajes han dado en un segundo plano. Laurel se dio a la bebida y las drogas hasta que conoció el secreto del prota y se unió al Arrow Team. Thea se vio desplazada, regentando un bar y protestando porque nadie le contaba la verdad, todo hasta que llegó su papaíto (Malcolm Merlyn) y se subió a un coche con él sin saber lo que le espera. ¿Bueno o malo?

Una vez concluida la segunda temporada y detenidos los soldados inyectados con mirakuru puedo asegurar que Arrow es una serie sólida. Ha sido más que entretenida, la hemos disfrutado como nunca y nos ha dado una lección del buen hacer con un presupuesto ajustado. Los guionistas han desarrollado correctamente a los personajes, saben a dónde van y han abierto las opciones de los secundarios para restar importancia a los Queen cuando era necesario.

Periodista de profesión y bloguero por afición. Con experiencia en el mundo de la comunicación online, soy un apasionado de las series de televisión y hablo sobre ellas en La Vanguardia.