‘Atlanta’, the Importance of Being Earnest

Quizás la palabra que mejor sintetice el espíritu de Atlanta sea “honestidad”. La de su creador, Donald Glover, que escribe desde su experiencia y se regodea con una producción basada ligeramente en la misma. La ficción, emitida por la cadena FX, se acerca en ese sentido a una de las cumbres de este canal: evidentemente, la composición, escritura y, en ciertos momentos, el dispositivo formal se aproximan a Louie. Sin embargo, la serie creada por el antaño actor de Community va mucho más allá y se sincroniza con la actualidad de la comunidad negra desde la ironía, el sarcasmo más mordaz y un absoluto realismo que late tras cada una de sus secuencias.

Dijo David Simon de ella que es la obra que todo el mundo debería estar viendo. Y en efecto, cuando habla el maestro, los demás deberían de callar y hacer caso a todo aquello que diga. Lo cierto es que, tras las palabras de alabanza del artífice de The WireTreme o Show Me a Hero, se esconde una verdad incontestable: Atlanta es una de las teleficciones actuales que mejor han sabido recoger y rediseñar el contexto contemporáneo.

Darius, Earn y Alfred «Paper Boi», protagonistas de la serie.

La propuesta es sencilla hasta la reducción. Earnest trabaja como vendedor a comisión en el aeropuerto. Para hacer frente a su bajo nivel económico (en el primer capítulo asegura que no gana ni el dinero suficiente para pagar el transporte hasta el trabajo) y ayudar a Van en la crianza de su hija, Earn convence a su primo Alfred, el rapero Paper Boi, para convertirse en su mánager. Y ahí comienza el relato, que se centra fundamentalmente en estos tres personajes: Earn, Alfred y Van, a los que se añade el surrealista Darius, un amigo del grupo que regalará varias de las escenas más locas de los diez episodios.

Así, desde una propuesta ajustada a lo convencional, Atlanta supone una ruptura total y constante de códigos. Donald Glover consigue abandonar los tópicos con un relato que, sin embargo, aborda uno de los clichés más extendidos: el rap y los negros en un barrio marginal (!). Este magnífico movimiento ya da una muestra de la concepción del proyecto por parte de su creador, en cuya escritura coexiste la pausa y la rabia, la denuncia y el humor, pero sobre todo se desprende la necesidad de aclarar la ausencia de rigor existente en la maquinaria ficcional americana (probablemente cabría decir “blanca”) cuando se habla sobre la comunidad negra.

La relación entre Earn y Van es una de las columnas vertebrales de la trama.

Uno ve Atlanta con cierta estupefacción. Y con una suerte de sonrisa en el rostro. En definitiva, con la sensación de que ese suburbio llamado Stone Mountain no es tan diferente de nuestros barrios periféricos como nos lo suelen mostrar. Porque si de algo se desvincula drásticamente Glover es, precisamente, de los arquetipos sobre la comunidad negra que se airean en la ficción mainstream como norma. En ese sentido, la serie de FX conecta con la mirada del citado David Simon y con su apertura del espectro. El protagonista no puede estar más alejado del prototipo de rapero: no toma drogas, no bebe y su única intención es ganarse la vida de forma honrada, sin caer en trapicheos y delitos menores. «The Importance of Being Earnest»… Por si fuera poco, en un mundo tan estereotipado como el del hip hop, el autor se decide también por la fractura. No muestra violencia suburbial en Atlanta, no existen raperos en constantes beefs y el único tiroteo en el que se ven envueltos los protagonistas llega en la primera secuencia como aviso del surrealismo y el absurdo que se va a convertir en la mano invisible que gobierne la trama (¡un jugador de la NBA con un coche invisible!).

Lejos de tópicos, ‘Atlanta’ muestra la lucha de un padre por ganar dinero para su familia.

Por otra parte, subyace en lo profundo de Atlanta un discurso sobre las apariencias. Vivimos en un mundo de máscaras, en el que Instagram, Twitter, Facebook, Snapchat o cualquier red social que se nos ocurra, actúan como prescriptores e informadores de nuestras vidas. No hemos vivido algo si el resto del mundo no lo ve. Por eso, la producción de FX también se aproxima al rap game con una clara idea de desnudar esas máscaras. “El rap es apariencia”, llega a decir en una de las secuencias Paper Boi, a lo que podríamos añadir que, finalmente, toda la vida lo termina siendo. En cambio, en un movimiento antitético, Donald Glover se despoja del antifaz de lo políticamente correcto y consigue desnudar a su creación de cinismos. El resultado es una obra que se aleja a paso firme de la anestesia de lo políticamente correcto (el memorable 1×07, y su Black American Network, quizás sea la mayor muestra de sus intenciones) y pone en liza un conflicto permanente apartando por completo el sensacionalismo.

Así las cosas, Atlanta se circunscribe al terreno de la denuncia, pero alejándose de todos los lugares comunes que imaginemos. La serie elimina plantillas para terminar ofreciendo un tono muy particular, alejado de los maniqueísmos que suelen regir la corriente cinematográfica que está abordando en los últimos tiempos los problemas de corte racial (el hombre blanco que ofrece la fiesta del 1×09 podría erigirse como ejemplo de esto). Quizás lo más cercano que podamos encontrar, en cuanto a su concepción, sea la ácida Dear White People (Justin Simien, EEUU, 2014), fundamentalmente gracias a la aproximación desde el humor y el alejamiento de la corrección que gobierna ambas propuestas desde flancos eminentemente diferenciados. Así las cosas, Atlanta aúna la reivindicación de una vida real con una de las representaciones de lo que podríamos llamar voz autoral más potentes que haya dado la televisión contemporánea. Sin duda, una de las sorpresas agradables de la temporada.

Los sillones, como en ‘The Wire’, se convierten en lugar de encuentro de los amigos.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.