Back to The Office

Ahora que España va bien y por fin vamos a conseguir el tan perseguido «Pleno Empleo Basura”, es buen momento para quemar los papeles del paro y preparar el espíritu laboral… amigos, se acaban los días de levantarse a las 12 del mediodía para combinar Infojobs y el programa de Ana Rosa… amigos, llega el momento de preparar el estómago para la dieta de tuppers y cafés de la máquina de vending… amigos, vuelve el trabajo y la madre que lo parió.

Nueve de cada diez médicos opinan que el trabajo es la principal causa de infelicidad, depresión, y suicidios. El otro es de una mutua que cobra una estupenda comisión neoliberal. Y es por eso que yo os quiero prevenir de lo que se os viene encima con la mejor recomendación que se me ocurre. The Office. La británica. La original.

The Office fue una serie originalmente creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant para la BBC. Después de años y años de fracasos Gervais y Merchant decidieron unir talentos, pero a diferencia de España en Eurovisión, a ellos sí que les valió para algo. ¡Y qué algo! Una deliciosa mezcla entre humor y vergüenza ajena que, como la mononucleosis, acabó triunfando gracias al boca-oreja y acabó siendo la estrella de las tiendas de ventas de DVD’s allá por los lejanos años 2000. Para aquellos más jóvenes indicar que los DVD’s eran unos objetos que introducías en reproductores y te daban horas y horas de placer… y no daban mononucleosis.

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La serie The Office estaba centrada en una oficina del sector papelero, tan anodina como pueda ser la tuya, la mía o cualquier oficina que haya “capado” el Facebook.

Eso sí, la serie de la BBC tiene a David, uno de esos tipos que creen tener un talento innato para la comedia y se desviven para demostrarle a los demás cuán equivocados están los dioses de la fortuna que lo han empujado a trabajar en una oficina y no en el festival de la comedia de Edimburgo. Además David es jefe, y, peor aún, David cree ser un jefe superquerido por unos trabajadores que en fondo lo odian. Este cruce entre la tontería del jefe, la tontería superlativa del mundo laboral y la más dolorosa realidad que viven sus trabajadores solo podría tener un último impulso para dar una receta más mágica que un bocadillo de golosinas. La serie es un mockumentary, o para que lo entienda mi madre. Un documental más falseado que unas votaciones de Gran Hermano, donde los protagonistas combinan la puesta en escena ante sus compañeros y jefe con reflexiones a cámara donde dicen lo que realmente piensan. Vale, ahora lo hemos visto más veces que el culo de Miley Cyrus, pero en 2001 era algo nunca visto ¡Igual que el culo de Miley Cyrus! 

¿Más ingredientes? Gareth Keenan un ex veterano de guerra llegado a la oficina para repartir su jornada laboral en hacerle la pelota a David, tal y como sabría hacerle un periodista deportivo a Florentino Pérez y ser víctima de las bromas de Tim Canterbury, una mente brillante encajonada en un trabajo mediocre dedicada a dar juego con las más brillantes humillaciones al cabezacuadrado de Gareth. Un papel memorable de Martin Freeman, que pasará a la historia por ser una de las pocas producciones británicas en que no va acompañado por Benedict Cumberbatch.

Todo esto acompañado de un reparto más o menos memorable, sí, igual que tus compañeros de trabajo, y hasta 12 episodios más un extra de navidad de las mismas absurdas situaciones habituales en un trabajo. Reuniones para acallar rumores, cursos de orientación antirracista, sexista o religiosa; sesiones de motivación inspirada en los estudios de algún gurú a medio camino entre Leticia Sabater y los vendedores de Tecnocasa, salidas conjuntas a un pub, fiestas de benéficas, y la sal que te hace recordar que en un trabajo hay momentos así de patéticos, pero son especiales porque al menos no son tan aburridos como todos los demás.

Y es precisamente esto lo innovador de la serie. Acostumbrados a happy places, personajes seductores, y situaciones cotidianas, la comedia y la televisiónn nos había acostumbrados a presentarnos gente que permitir entrar en nuestro salón para que nos divirtiera mientras cenamos. Desde luego Ricky Gervais no ha sido el primero en crear unos protagonistas antipáticos, a los que solo aguantaríamos por 1.000 euros al mes. Lo que ha hecho ha sido ampliar esa miseria dándole más lupas al patetismo que el Hubble a los rastros del Big Bang. Porque si Larry David supo dejarnos unos nexos de mínima empatía con sus personajes porque a pesar de todo, y siempre de la peor manera, nuestro calvo con gafas favorito, no dejaba de decir cosas que todos siempre hemos querido decir. – ¿Por qué nos negamos a recriminar los que se nos cuelan en la cola del cine y por qué la SGAE no toma medidas contra ese tipo de piratería? -Ricky Gervais, como buen británico, se crece en ese sentimiento de repulsa hacia un jefe desagradable y mezquino, ególatra e impertinente, despreciable hasta tener serias dificultades para encontrarle una puñetera virtud. Y a partir de ahí hacer crecer situaciones delirantes donde la vergüenza ajena es tan latente que no queda otra que empezar a descorchar una sonrisa que acaba en carcajada. Porque como los buenos monologuistas, nos hacen ver nuestra verdad diaria, y de esa catarsis sale la risa más desatada.

Las nuevas tecnologías nos permiten ver con otros ojos obras que en su día transitaron por el anonimato y el fracaso. Hoy en día es fácil encontrar en el Bershka camisetas del “Unknown Pleasures” de Joy Division, o posters de “Ciudadano Kane” en las coctelerías más hipsterizantes. ¿Por qué no ver ahora una serie que en su día empezó fracasando en la BBC? Descubriremos un universo de sensaciones que ahora acostumbramos a ver en los blockbusters más teenagers de Hollywood, pero en su forma más genuina. Innovadora, trayéndonos una de las grandes mentes del humor de lo que llevamos de siglo. Ricky Gervais. Nunca una presentación de unos premios ha sido tan comentada como la suya en los globos de oro 2011. Aprovechadlo, The Office vale mucho la pena, te ayuda a soportar tu trabajo, al menos 5 minutos más antes de poder empezar a llorar.

Además, así os ponéis al día. The Office en breve tendra una spinoff… y podréis decir “La primera era mejor”.

Manel Fernández

Monologuista, periodista y teleoperadora del teléfono de la Esperanza. Entregó su sueldo al casero y su corazón a Buffy Cazavampiros.