Benidorm da mucho juego

Principalmente, uno de los motivos que me ha llevado a ver Crematorio es donde ha sido rodada. Pero, claro, la primera vez que oí hablar de ella fue por su argumento en el documental de Canal + titulado Política Ficción. El programa giraba entorno a como la política es mostrada en las ficciones televisivas. Participaban varios expertos del panorama crítico español, así como algún que otro político, dando su opinión al respecto. Me sorprendió que de entre todas las series que nombraban hubiese una española. Para aquellos a los que no les sorprende, las producciones españolas abordan fundamentalmente series cómicas o históricas, por lo que una serie centrada en los aspectos políticos y sociales actuales era, como poco, curioso.

Una serie con tales ingredientes: política y corrupción como trasfondo, y la oscuridad y misterio de Benidorm como escenario, donde hay más asuntos turbulentos que en ninguna otra parte de España, merecía una oportunidad. Respecto a lo de Benidorm si no me creen cojan un buscador de un periódico y pongan la palabra Benidorm a ver qué aparece, porque Benidorm da mucho juego.

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Basada en el libro homónimo de Rafael Chirbes Crematorio se intuye como una serie de mafias y por lo menos los dos primeros capítulos dan esa impresión. Sin embargo, los tiros van por otro lado, sin hacer tanto hincapié en la construcción del imperio, la historia se centra en los giros que da la vida de la familia Bertomeu a causa de las decisiones y actos pasados y presentes de Rubén, el abuelo y cabeza de familia. A su vez, es inevitable no cerciorarse del claro espiritu crítico de la serie.

Crematorio toma como escenario Misent, pueblo ficticio en el que se desarrolla la trama. La producción se ha valido de localidades como la costa de Benidorm, con su isla de fondo, las grandes urbanizaciones de Altea Hills y alguna que otra localidad de La Manga para dar vida al mundo de Crematorio. Lugares donde la mano del hombre ha permitido, sin contemplaciones ni remordimientos, la destrucción de la naturaleza y el paisaje.

La cabecera de la serie, para aquellos que estén dudando verla, no tiene desperdicio alguno. Con una versionada Cruzando el paraíso de Loquillo la música se mezcla con un Benidorm muy familiar: imágenes de la playa, los grandes rascacielos que pueblan el cielo y los pubs y locales de la noche de Benidorm.

El protagonista de la serie, Rubén Bertomeu, interpretado por José Sancho, es un promotor inmobiliario de otros tantos como han habido en España. Rubén, el Arquitecto, como algunos lo llaman, orquesta con gran precisión y frialdad cada uno de sus pasos valiéndose de sus contactos en la política, y de extorsiones en ciertos momentos, para imponer su voluntad. Como dice él: “cuando eres poderoso dejas de ser todo lo demás”.

Por otro lado, los secundarios, cuyas actuaciones en ocasiones llegan a ser igual de excelentes que la de Sancho, juegan un papel clave. La figura de Emilio Zarrategui, el abogado, quizá sea la más importante. Zarrategui, según lo define Pau Durá, es “un abogado eficaz y congruente con sus objetivos, pulcro, parco y un poco misterioso”. Emilio obedece siempre todos los designios de Rubén, buscando alternativas y/o recovecos del sistema para salirse con la suya.

A su vez, la novia de Rubén, Mónica, una fantástica Juana Acosta, nueva en el entorno y rechazada por la familia, va buscando su lugar valiéndose de su belleza y el sexo para asegurarse el dinero y la seguridad que todos ansiamos. Como le dice Bertomeu “Tu futuro será tranquilo, esté o no esté yo”.

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Recientemente en el programa de Jordi Évole, Salvados, hicieron un aparte para tratar el tema de los testaferros. Yo desde mi ingenuidad no sabía lo que era ni en qué consistía ser el testaferro de alguien. La repuesta la obtuve poco tiempo después cuando en uno de los capítulos un antiguo amigo de Bertomeu, Collado, le mira y le dice “nunca nada a tu nombre, ¿verdad, Rubén?”, y este con indiferencia y sin contestar retira la mirada. Con esta y otras muchas más conversaciones se van vislumbrando las bases del sistema de corrupción, que no solo en la serie, sino en la actual España reina.

En contraposición con el libro, que como lo definió su autor “se sostiene en el puro lenguaje, pretende ser una catarsis a partir del lenguaje”, la serie busca abrazar el género de las mafias provocando que tan solo se quede en eso, un intento. La ambición de abarcar varios aspectos narrativos hace que se renuncie a explotar subtramas que podrían haber aportado gran profundidad a la historia. La decisión de estructurar toda la trama en torno a los diálogos conlleva a que en ciertos momentos la serie peque de falta de intensidad, llevando todo el interés de la historia a su desenlace.

Sin embargo los diálogos permiten el desarrollo de unos personajes confundidos que viven en una entelequia, creyendo ser lo que no son. Experimentan una catarsis, como decía Chirbes, que les lleva a comprender cual es el rumbo que ha tomado su vida, forzándoles a jugar sus cartas en un mundo donde la fortuna no siempre juega a favor de todos.

Crematorio hace una lectura del rumbo que ha tomado España desde la transición hasta nuestros días. De cómo hemos sido capaces de permitir la corrupción de nuestro sistema político y de cómo el sistema que creíamos construir tras la dictadura no era el que pensábamos. En definitiva da una visión, para nada alejada de la realidad, de una sociedad enferma y agonizante dirigida por políticos anonadados por el afán de dinero que tan solo son títeres bajo las directrices de mafiosos. Mafiosos a los cuales, durante mucho tiempo, hemos permitido ser los directores de la obra, pues como le dice Bertomeu a su socio: “nosotros hemos de estar por encima de los políticos”. Como dice el refrán “la realidad en ocasiones supera la ficción”, y es que la historia de Crematorio es el reflejo de una realidad en la que vivimos.

Guillermo García Ors

Madrileño que no concibe un mundo sin el séptimo arte. Estudiante de Medicina, pero fascinado por la Literatura en todas sus expresiones. Buscador de nuevas experiencias.