‘Californication’ o la necesidad del final digno

¡CUIDADO, SPOILERS!

Si no has visto la sexta temporada, mejor que no lo leas.

Me cuesta mucho dejar una serie. No sé si es por el tiempo invertido con anterioridad, por la esperanza de que me sorprenda si continuo viéndola o por cualquier otra cosa. El caso es que, a pesar de que no me termine de convencer, suelo permanecer en busca de la chispa.

Tardé temporada y media en abandonar The Walking Dead, acabé a duras penas con Terra Nova, esperando el momento en que estallase por fin; o siete capítulos de Girls en los que a toda costa esperaba que la frivolidad quedase a un lado y me contasen algo interesante -en este caso quizás también tuvo algo que ver Marnie-. Recientemente he abandonado The Following, a pesar de haber deseado hasta el noveno capítulo que pasase algo más; Revolution, con la que mi idilio duró apenas tres episodios, o The Bible, ese “exitazo” de History Channel, al que, a pesar de sus evidentes carencias, le di la friolera de cuatro capítulos (dos si tenemos en cuenta que en EEUU se emitían en parejas) antes de desterrarla.

Con Californication me pasa algo parecido, pero distinto a la vez, desde hace un par de temporadas. Así como abandoné Misfits cuando terminó la tercera temporada, entendiendo que ya no tenía sentido una cuarta sin apenas personajes originales, no soy capaz de abandonar a mi antaño querido Hank Moody. Y, entre desilusión y desilusión, se me ha pasado la sexta temporada.

La trama cada vez está más desgastada. Es un hecho. Evidentemente, desde el principio se veía que, de no incluir más líneas, la serie pronto se haría repetitiva. Y así ha sido desde hace un par de años. La sexta temporada nos deja un Hank Moody volviendo siempre sobre sus pasos -tanto los buenos como los malos- hacía el mismo final de cada temporada, y unos secundarios completamente instalados en un hiriente surrealismo (véanse las turbulencias de In the clouds). El personaje del rockero Atticus Fetch no llega a lo que podía haber sido, a pesar de tener potencial explotable, tal vez porque la sombra de Ashby es alargada. Y la aparición de Maggie Wheler (oh-my-god!) como Ophelia Robbins, la fanática feminista adicta al táser, roza lo absurdo. Por no hablar de la vigesimo quinta vuelta a lo mismo de Runkle -previo paso por el mundo gay- y Marcy, o de las apariciones espontáneas de Marilyn Manson.

Tim Minchin como Atticus Fetch.

Tim Minchin como Atticus Fetch.

Mención aparte, por ser casi lo único rescatable de la temporada, merece la aparición de Faith (potente Maggie Grace), que por unos cuantos capítulos me hizo pensar que Karen iba, por fin, a ser el pasado de Hank. Ese sí hubiese sido un buen giro para afontar la séptima entrega. Pero no, durante toda la temporada vemos crecer al personaje hasta llegar a un décimo capítulo -el único redondo de la temporada, a mi juicio- en el que, incluso, indagamos en su situación familiar y su pasado, para después abandonarla en la carretera -nunca mejor dicho- y volver a la casilla de salida, también llamada la puerta de Karen. Incomprensible, repetitivo, cíclico…

calif

No sé cómo puede continuar esto, la verdad. Ni siquiera me apetece pensar en ello. No cuando muchas de las situaciones que antes me hacían gracia, ya casi ni me sacan la sonrisilla. No cuando si sigo ahí es por fidelidad a lo que un día fue esta serie y creo que ya no será nunca más. Y, a tenor de lo que he podido leer sobre la sexta temporada, me preparo para recibir vuestros golpes. Tened consideración conmigo, por favor.

Larga vida a Faith, larga vida al rock & roll, y final digno para Californication. Ya. Urge.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.