‘Californication’: You can always get what you want

¡CUIDADO, SPOILERS!

No leas si no terminaste de ver ‘Californication’.

Se acabó Californication. Y lo hizo con los dos grandes recursos que utilizó en sus mejores momentos: la música y las cartas de Hank. Se acabó y no sonó el You can’t always get what you want que muchos esperábamos que sonase. Y no sonó porque, sorprendentemente, acabó bien. Demasiado bien, al contrario de lo que hubiese sido, quizás, más lógico. Acabó tan bien que preferiría obviar un poco el final, en el que todo ha resultado excesivamente fácil de solucionar para Moody.

La séptima temporada ha tenido dos partes claramente diferenciadas. Si los primeros capítulos sugerían ciertos atisbos de cambio: Hank se encontraba con una nueva vida de repente, con un hijo del que acaba de conocer su existencia y una ex novia que vuelve a su vida por sorpresa. Sin embargo, dejando a un lado su yo del pasado, el escritor decide que lo primero que debe hacer es contarle su nueva situación a Karen, con la que parecía que había encauzado su relación (por quincuagésima vez).

A partir de entonces, con Karen inexplicablemente desaparecida y sin rastro en California de Becca, perdida en su viaje iniciático, Moody se encona en la solución fácil (como siempre), aquella que menos complicaciones le ocasiona. El escritor, ahora guionista de una serie en su primera temporada, decide pasar tiempo con su recién conocido hijo y ejercer, en la medida de lo posible, como figura paterna. Eso conlleva, a su vez, un acercamiento con su madre. La primera mitad de la temporada se convierte de esta forma en un “qué hubiese sido de Hank y Julia” lleno de idas y venidas entre los dos. Julia es una mujer dulce, atenta, cariñosa y comprensiva. No pide explicaciones, a estas alturas ya no las necesita. Por su parte, Levon es un chaval con problemas para relacionarse, un tipo demasiado bobo; un supuesto desahogo cómico que no funciona ni hace gracia; un personaje, en definitiva, bastante prescindible en la trama, salvo por momentos puntuales. Sin embargo, Julia se convierte rápidamente en todo lo contrario: un personaje atractivo con una química especial con Hank (la misma de la que adolece Levon). El personaje interpretado por Heather Graham alberga un paralelismo con el de Faith en la sexta temporada, que no hace más que confirmar el tipo de mujeres que atraen a Moody (Karen-Faith-Julia). Es la única mujer que le hace replantearse algo de verdad. La prueba de ello es la confesión que hace a su inseparable Runkle tras una de esas noches tan suyas:

“¿Cómo puedo estar tan jodido por una mujer con la que ni siquiera salgo, y por qué me importa tanto, joder?”

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La segunda mitad llega de forma brusca, con un giro inesperado de los acontecimientos. Justo en el momento en el que Hank había conseguido que Karen volviese y se sentase a hablar las cosas con tranquilidad, el escritor recibe una llamada de Marcy que le comunica que Karen ha sufrido un accidente. Por un momento pensé que los guionistas iban a tener el poco tacto de terminar con el personaje de Karen de esa manera. Por suerte no, el accidente sólo es un aviso para Hank, que se replantea toda su relación al lado de la que es, no creo que nadie dude esto, la mujer de su vida.

El magnífico capítulo 2×09 actúa como pivote de la temporada, pero también es un reflejo de otro noveno episodio, el de la segunda temporada, que tal vez sea el mejor de toda la serie. La estructura de flashbacks rememora constantemente aquel capítulo en el que se indagaba en los orígenes de la pareja y que regaló uno de los momentos más emotivos de la producción: la carta a Karen. Este episodio sirve como otro ejemplo de lo mucho que ha crecido siempre la serie cuando se ha centrado sólo, exclusivamente, en la relación entre los dos personajes.

Después del accidente, con Karen ya recuperada, asistimos a otro nuevo intento de reconciliación por parte de Hank. La cena del 7×10, en principio sólo para él y Karen, se acaba convirtiendo en una cena con todo el elenco, que va llegando poco a poco a la casa. El paréntesis absurdo que supone este capítulo puede perdonarse si se entiende como un último homenaje a las situaciones disparatadas que se han ido dando a lo largo de los siete años. Sin embargo, quizás no era el mejor momento para llevarlo a cabo; la serie necesitaba algo más rotundo. Precisamente la rotundidad que había demostrado Karen minutos antes, con un discurso lapidario que resume perfectamente el devenir de la pareja a lo largo de los siete años:

“Hank, ¿no te cansas? Quiero decir, ¿no quieres, ya sabes, empezar de cero con alguien nuevo? […] Lo que de verdad tenemos que hacer es mirar nuestra historia y darnos cuenta de que… no funciona. Quiero decir, no funcionamos.”

A partir de ese momento, la temporada (y con ella la serie) se encamina inevitablemente hacia el final. La trama se oscurece y Moody ve como todo se le echa encima. Su “convivencia” con las dos familias culmina con la llegada de Becca a Los Ángeles para anunciar que se va a casar con su chico. Es en ese momento, cuando ella le tira todo su pasado al rostro sin ningún tipo de aspavientos, cuando la hija del novelista se revela como la auténtica víctima de la serie y de la irresponsabilidad paternal de Hank. Por encima incluso de Levon; él ha vivido dieciocho años sin un padre, pero Becca ha vivido el mismo tiempo con uno que ha estado prácticamente ausente.

La culpabilidad de Hank aflora entonces en todas sus manifestaciones posibles. El sueño con el que se abre la season finale no es más que otra muestra de ello. Becca le echa en cara todos los reproches que ha ido acumulando a lo largo de los años para después lanzarse al río. La proyección mental que hace Moody de su culpabilidad es tremenda.

“No hay manera de que alguna vez sea capaz de tener una relación que salga bien. Por ti. ¿Alguna vez has sido capaz de mantener una relación? Dices que me quieres, que quieres a mamá, pero ¿qué significa eso cuando lo único que has hecho siempre ha sido decepcionarnos? Soy la hija de mi padre.”

De esta manera llegamos al último capítulo de la serie. Hank Moody ha tomado una decisión, la que tal vez sea la decisión correcta. Pero, en contraposición, la lleva a cabo de la forma más ruín y cobarde en la que podría haberlo hecho. Decide no implicarse con Julia, a la que deja con el beso en la boca para, según le dice, “hacer las cosas bien”. Evidentemente él no va a ir a su encuentro; por fin tiene claro que su vida está con Karen, por compleja y difícil que sea. Hank es cobarde, no tiene el valor de explicarle a Julia que ha tomado una decisión, la decisión de su vida, y nos quedamos con la sensación de que su personaje no se merecía esa despedida por su parte. Tal vez por eso nos consuela que termine con el productor Rick Rath (otro de los grandes aciertos de la temporada, junto a la propia Heather Graham, encarnado por el inmenso Michael Imperioli), un buen tipo, que engañado por Hank, que sabe que está enamorado de ella desde el primer día, acude a su cena con Julia.

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Suenan los primeros versos del Rocket Man de Elton John mientras se suceden las imágenes de los personajes centrales de la serie con imágenes de la pareja a lo largo de las temporadas. Runkle y Marcy han solucionado su problema (no he mencionado su trama porque no aporta nada) y se instalan en la antigua casa de Hank (precioso el detalle), Levon conoce a una chica y deja a un lado su problema con las putas, y Julia y Rath, como ya hemos dicho, hacen funcionar su conexión. Eché de menos ver, aunque fuese fugazmente, en este breve repaso a personajes icónicos de la serie como Lew Ashby o Mia Cross, pero al menos cerró la historia de los personajes más recientes.

El último plano de la serie es magistral y supone la total redención del protagonista. Pero llega unas cuantas temporadas tarde. Hank ha abandonado su vida, por fin, y queda reflejado en una única imagen, puro simbolismo: el Porsche negro, con la puerta entreabierta, abandonado tras fallar en mitad de la carretera mientras en el cielo rojo californiano despega el avión en el que Hank lee una de sus cartas a Karen (a la que le cuesta muy poco, demasiado poco, convencer) y emprende un vuelo hacia lo que entendemos será su nueva y definitiva vida. Un buen final, correcto, pero quizás demasiado conservador y endulzado para como se había acercado la serie hasta el mismo.

Buen viaje, Hank y compañía. Gracias por tantos buenos momentos, motherfuckeeeeeer!

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Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.