‘Continuum’: el futuro no es lo que nos contaron

¡CUIDADO, SPOILERS!

Puede contener spoilers de la primera temporada.

Año 2013 (se dice pronto) y aún no tenemos coches que vuelen, ni teletransporte, ni colonos en Marte, ni todas esas cosas maravillosas con las que soñaban nuestros abuelos para nuestro siglo. Es cierto que tenemos teléfonos en nuestros bolsillos con más potencia de cálculo que los ordenadores que se usaron para mandar al hombre a la Luna, pero aún no tenemos aeropatines ni robocordones, que era con lo que soñábamos nosotros de pequeños, menuda estafa.

Mucho peor aun que la insatisfacción de nuestras utopías tecnológicas frustradas es no haber visto cumplidas las promesas de progreso social que venían asociadas a estas. El desarrollo industrial y tecnológico se suponía que debía traer una constante mejora de las condiciones de vida, pero el avance exponencial del estado del bienestar de la última mitad del siglo XX se ha visto cortado en seco, dejando un futuro incierto para una generación que se ha visto arrastrada a vivir en peores condiciones económicas y sociales que la generación precedente.

En Continuum, la serie de Showcase, nos advierten de que el futuro no será más positivo. En el año 2077 los coches vuelan por fin, pero las desigualdades sociales han aumentado hasta límites insostenibles en un mundo totalitario, dominado por las grandes corporaciones, que han sustituido definitivamente a la clase política. Un grupo de resistencia (Liber8) viaja a través del tiempo hasta nuestros días para intentar acabar con el germen corporativista que acabará convirtiendo a las multinacionales en líderes mundiales. Parece razonable, ¿no?, ¿no viajaríamos al pasado para detener a Hitler a tiempo si tuviéramos la oportunidad?, ¿no haríamos lo posible por evitar el colapso del sistema financiero en 2008 si pudiéramos volver atrás?

Pero Continuum es mucho más compleja que eso. Liber8 no son los protagonistas de la historia, sino los antagonistas, “los malos”, terroristas anti-sistema. Mientras que la verdadera protagonista es Kiera, una policía del futuro que hará todo lo que esté en su mano por detener a Liber8 y tratar de no alterar el curso de la historia. El espectador se divide entre su afecto por Kiera y el deseo de que vuelva a ver su familia y su empatía por los ideales de Liber8, quienes, por si acaso cuestionábamos sus métodos, en la segunda temporada se dividen en dos facciones: la violenta y la política. En medio de todo este lio se encuentra Alec, un joven genio de las tecnologías que acabará convirtiéndose en el futuro “Steve Jobs” que domine el mundo, que es quien (aparentemente fuera de toda lógica) ha mandado a todos estos personajes al pasado.

Parece un argumento confuso, y lo es. La compleja historia de ciencia ficción de Continuum puede marear a veces, y de hecho patina en alguna ocasión con paradojas temporales difíciles de tragar. Pero tras esa capa brillante de distopía futurista, Continuum esconde una historia muy bien hecha y muy bien contada, con un buen guión que nos hace ver nuestro mundo actual con perspectiva y nos hace dudar del bando en el que situarnos: ¿en el de los libertadores?, ¿en el de la guapísima Kiera (Rachel Nichols)?, ¿o en el de Alec (Erik Knudsen), futuro dominador tecnológico del mundo del que desconocemos sus reales intenciones?

¿Será posible cambiar el futuro? Si Liber8 lo consigue Kiera nunca volverá a ver a su familia. Si por el contrario Kiera logra detener al grupo terrorista, la serie acabaría con un final aparentemente coherente y feliz para la protagonista, pero con una sociedad futura condenada a la desigualdad y el totalitarismo. La ambigüedad moral está servida.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.