‘Damnation’, la fe y la lucha proletarias

¡CUIDADO, SPOILERS!

Si no has visto la primera temporada de ‘Damnation’, no deberías seguir leyendo.

“Hay una guerra santa en este país: ricos contra pobres”. Así de sencillo, rotundo y real lo dibuja el reverendo Seth Davenport en Damnation. Y quizás suene tan evidente porque nadie lo diga con la claridad suficiente. Resuena la sentencia con la misma obviedad con la que lo hace la premisa de que “la tierra debería ser para el que la trabaja”. Una idea que, a fuerza de silencio impuesto, ha pasado al olvido en la literatura catódica y que, ahora, resucita con fuerza la serie creada por el poeta, crítico y narrador Tony Tost.

En los días que corren, resulta muy difícil encontrar una teleficción que reflexione tan a las claras sobre la clase obrera, el significado de las huelgas, la patronal y sus lobbies, el control sobre los medios de producción o la connivencia de los medios de comunicación con un sistema corrupto hasta el tuétano. Es muy difícil y quizás por eso la crítica institucionalizada, dependiente de unas cabeceras y medios siervos del gran tío, la haya vapuleado sin ningún tipo de compasión. Porque, a menudo, es mucho más fácil denigrar desde el púlpito aquello que nos incomoda que dejarse empapar por su semántica y los debates que pone sobre la mesa.

“Luchar o morir de hambre” y “Los granjeros son asesinados por los matones de los bancos”.

Es precisamente un púlpito lo que sirve a Seth Davenport como herramienta de agitación. Consciente del adormecimiento (y la credibilidad) que provoca la religión en las masas populares, Seth Davenport se hace pasar por predicador para convulsionar a los granjeros de una pequeña población de Iowa. La huelga será el elemento obrero para conseguir poder sobre los precios y los medios de producción (trama central de la obra) y se convertirá en la manzana de la discordia que supondrá la guerra entre trabajadores y capitalistas. Dos bandos con intereses dispares, alejados entre sí y marcadamente antagónicos, que se arroparán a un lado de la fe en una causa justa y la solidaridad entre proletarios y al otro de los rompehuelgas, matones y empresarios codiciosos en busca de terrenos que explotar y personas a las que someter. La eterna lucha.

Damnation se constituye como una ficción revolucionaria desde lo narrativo. No hay demasiados hallazgos visuales más allá de un trabajo de ambientación muy interesante en el que se nota la mano de David Mackenzie y resuenan obras capitales como Carnivàle (Daniel Knauf, EEUU, HBO, 2003-2005). Sin embargo, en el simbolismo de sus imágenes y en la narrativa sobre lo invisible y sobre el bien y el mal se hallan su virtud y su carácter contestatario. Ya hay algo de rebeldía en la imagen inicial del predicador como agitador de masas (en cierto modo suele serlo siempre, pero casi nunca ejerce como bastión en contra de lo establecido). En este sentido, la serie bebe del recuerdo directo del Robert Mitchum de La noche del cazador (Charles Laughton, EEUU, 1955) al revertir una figura idiosincrática y recolocarla como polémico catalizador de la rabia de los más pobres y oprimidos. Como mesías, en este caso, de la revolución.

Estructurada en dos tiempos, el 1924 previo a la Gran Depresión, en el que se atisban algunas causas, y el 1934 posterior, que desnuda sus consecuencias, la ficción estudia la historia de América en un periodo convulso. A través de los arcos psicológicos de sus personajes, que actúan, en cierta manera, como estereotipos marcados, Tony Tost compone un friso con lecturas en varias direcciones. Entran es escena tanto el racismo sobre el que se edifica la nación (el papel político de la Legión Negra, brazo extremadamente violento del Ku Klux Klan, o la subtrama de la prostituta negra) como la presión capitalista (con los bancos como grandes interesados) sobre la clase baja, la asunción de los Estados Unidos como falso garante de las libertades humanas o la macabra simbiosis entre los poderes fácticos y unos medios de comunicación serviles, controlados y alimentados en muchas ocasiones por la propia patronal. Una metáfora no tan alejada a lo que podríamos retratar en las sociedades occidentales actuales.

La Legión Negra, en una secuencia de la serie.

Pero, sin duda, si algo centra la mirada de Tony Tost y su equipo de dirección y escritura es la posición de la clase oprimida en la intrahistoria sobre la construcción de Estados Unidos. Las reminiscencias al pasado de los protagonistas (ese 1924 que resulta clave para su resituación en 1931) sirven para reflexionar sobre cómo influyen las historias de cada uno en la construcción global de una identidad nacional. Así las cosas, Tost nunca deja de mirar el lado más humano de sus caracteres con el fin de componer esa mirada más sistémica. No hay puntada sin hilo y ninguna trama parece caprichosa. Damnation resiste en su representación del esquirol como Judas del proletariado (1×04), toma partido en las luchas entre sindicatos y trabajadores, observa con interés y cierta distancia las dudas e incertidumbres propias de las renuncias necesarias y simboliza en la relación fraternal entre protagonista y antagonista todos los conflictos internos que atormentan a la clase obrera. Además, el guion consigue ofrecer un retrato de situación sobre el papel de la mujer en la constitución de las luchas y la nación a través de las tramas de la granjera Martha, la prostituta Bessie o la activista Amelia, interpretada por una fabulosa Sarah Jones.

Es gracias a todas esas historias como comprendemos Damnation como una mirada radical y muy guerrillera que despertarnos. Reavivar una conciencia de clase cada vez más perdida en la pretendida comodidad con la que el sistema capitalista consigue adormecernos en ficticios laureles. Sin embargo, pese a la institucionalización de la mentira de la clase media, sigue siendo necesario, y quizás más que nunca, luchar con fuerza por lo que es de cada uno. Por el legítimo derecho de vender el producto que nace de la tierra labrada por cada uno (una metáfora tan bella como potente). Al final, la palabra es clara, tiene un único destinatario y suena a reminiscencia: proletarios del mundo, uníos y luchad por lo que es vuestro; nadie lo hará por vosotros.

Amelia Davenport y el importante papel (silenciado) de la mujer.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.