‘Dates’: la estructura narrativa de espejos y arcos

¡CUIDADO, SPOILERS!

Spoilers de toda la serie.

Que la ficción británica nos lleva unos cuantos enteros a día de hoy es algo que ya tenemos más que asumido. Quizás por eso cada vez que asoma la cabeza una nueva serie de Channel 4, de ITV o de la BBC (bendita toda ella) nos plantamos delante del televisor (o la pantalla del ordenador en la mayor parte de los casos) con la esperanza y casi la certeza de que vamos a encontrarnos con algo bueno.

Dates pretende tratar el sinuoso tema de las citas por internet desde el punto de vista de la psicología de una serie de personajes. Ahora que la interconectividad parece la solución final a los problemas de comunicación de las personas es, paradójicamente, el momento en el que más personas se declaran solitarias. Las ciudades están llenas de solitarios. Cualquiera podemos ser uno de ellos; quizás tú, quizás yo, ¿qué más da?

La serie juega con este tipo de personas, creando personajes muy reales, que se lanzan al mundo de las citas online. Es en ese apartado psicológico donde marca la diferencia. El tratamiento anímico de los personajes y su comportamiento con alguien al que acaban de conocer va desde lo inestable a lo juguetón en apenas minutos, o de lo infantil a lo maduro y viceversa en sólo una noche, los protagonistas de Dates son personas que cambian (y hacen cambiar) de opinión, tanto al interlocutor como a nosotros mismos, varias veces en tan sólo 22 minutos. Esa es la fórmula, aderezada por si fuera poco con la presencia maravillosa de las noches del Londres nocturno.

Sin embargo, mientras devoraba Dates me fijé en otra cosa, además de en sus magníficos personajes (la Mia de Oona Chaplin por encima del resto): su estructura narativa de espejos y/o arcos.

Dates

Como muestra la gráfica, la serie comienza con una cita entre Mia (por ese entonces aún Celeste) y David en el 1×01. A partir de entonces Mia aparecerá en todos los capítulos impares (aunque sólo sea de pasada como en el 1×07), ya sea con David de nuevo (1×05) o con Stephen, que aparece en el 1×03 y en el 1×07. La propia Mia cierra la serie junto a David en ese delicioso balcón con vistas al Tower Bridge, en el 1×09, no sin antes “disfrutar” de una cita con el propio Stephen. Recapitulando, Mia se ve en cinco episodios con dos hombres: Stephen y David, que gozan de dos episodios cada uno, más el compartido, es decir, tres apariciones en total. El arco narrativo de Mia está estructurado, a la vez, en forma de reflejo en cuanto a los interlocutores de ella: David-Stephen-David-Stephen-David/Stephen.

El segundo arco es el de Jenny, que en el 1×02 se encontrará con Nick (Arby de Utopia), y en el 1×08 con Christian (el Moriarty de Sherlock). Dos locos a cada cual peor, desde luego, que harán honor a sus antiguos personajes. Jenny es una joven que empieza pareciéndonos una persona tímida, que sufre a la hora de decir que no y, además, es cleptómana; pero cierra su arco con una de esas sonrisas de liberación cuando, por fin, “consigue mandar a la mierda a alguien” y parece haber controlado su problema. Un arco corto, de dos episodios, que, como el anterior, también se da en espejo: su primera aparición, un capítulo después del principio; la segunda, un episodio antes del final.

Por último tenemos el cuadro de Érica, para mí el más interesante por lo que supone para el desarrollo del personaje. Érica es una chica asiática, lesbiana, que sufre la sobreprotección de su hermano en un Londres mucho más abierto que su sociedad. Su primer encuentro tiene lugar con Kate, un personaje tan interesante como desaprovechado (sólo aparece en este 1×04). Esta primera cita se centra en la aceptación de su sexualidad y el destierro de sus miedos. Una llamada no cortada a tiempo y la ayuda de Kate serán el detonante perfecto para ello. En cambio, en el 1×06 volvemos a ver a Érica con un chico, Callum. No obstante, lo que al principio parece un retroceso se convertirá en el paso definitivo para la aceptación de sí misma. Como se ve en la gráfica, la estructura narrativa de esta historia es similar a las dos anteriores: el arco con espejo. Los dos capítulos, uno antes y uno después del central, el que parte la estructura en dos.

En definitiva, Dates está compuesta de tres historias: el triángulo de David, Mia y Stephen (coloreado en azul en la gráfica), la historia de Jenny (resaltada en amarillo) y la aceptación de la sexualidad de Érica (sombreada en rosa en la imagen). Historias colocadas estratégicamente, que se van intercalando en la línea de narración, y que se sirven perfectamente de los secundarios (Kate, Nick, Heidi, Ellie, Callum y Christian) para dar más fuerza y empaque a los personajes centrales.

La gran revelación del año, en estos tiempos de internet y banda ancha a todas horas, es una serie en la que varios personajes se desvirtualizan buscando el amor, algunas veces, o sólo divertirse un poco. Una serie de personajes muy elaborados, de psicología estudiadísima, sutil en las reacciones y verídica en los comportamientos. Y, por si aún no te he convencido de que deberías verla, hazlo por Oona Chaplin, que está soberbia interpretando a Mia, un personaje grandísimo con el que llena de brillantez cada secuencia a la que imprime su nombre.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.