De ‘Dollhouse’ a ‘Sense8’: La desaparición de la máquina y la supervivencia del Cyberpunk

Los hermanos Wachowski (Matrix, Cloud Atlas), siempre preocupados por registrar la evolución de la relación entre humanos y máquinas, ofrecen en la primera temporada de su serie para Netflix un capítulo más de su estudio. En ella un grupo de personas interconectadas a nivel mental y emocional tratan de descubrir su naturaleza y de escapar de las omnipresentes garras de las corporaciones. Aunque a primera vista la máquina no es un elemento central (como ocurría en Matrix), es precisamente su ausencia lo que la convierte en una obra plenamente cyberpunk.

Aunque por sí sola la serie puede generar una más que interesante reflexión, tal y como vemos en el análisis de Gabriela Mesones Rojo publicado en esta misma web, un análisis comparativo puede aportar otra lectura igual de interesante. En este caso será Dollhouse, esa desconocida pieza de culto, la que nos brindará otra manera de apreciar Sense8.

Si en la tristemente cancelada serie de Joss Whedon para FOX, Dollhouse, la implantación de una personalidad ajena dentro de la mente del sujeto era un proceso doloroso y peligroso, en Sense8 ocurre exactamente lo opuesto. La excepción hecha personaje con la que se cierra la serie de Whedon (Echo, nuestra heroína, acaba convertida en un ser múltiple que coordina y domina su multiplicidad) es en Sense8 la nueva norma. Donde antes abundan la rudeza, los cables, las chispas y las máquinas, ahora encontramos fluidez, instantaneidad e incluso alguna que otra orgía.

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La desaparición de la máquina es un enigma clave no sólo para Sense8 sino para el cyberpunk en general. ¿Qué supone su ausencia? ¿Por qué el extrañamiento y la lucha por la individualidad que pregonizaba Dollhouse han dado lugar al festejo del nuevo tipo de consciencia que presenta la serie de Netflix? La respuesta podría estar escondida en los últimos episodios de la cancelada serie de Whedon.

La tecnología que permitía la manipulación de la personalidad del sujeto había sido hasta el momento una aparatosa silla conectada a un ordenador. Sin embargo, la genialidad del programador informático Topher le lleva a desarrollar una versión portátil de la misma, una pistola con la que eliminar, copiar o pegar personalidades en sujetos con solo apretar el gatillo. Esta evolución, como vemos en Epitaph Two, lleva a un futuro distópico en el que apenas sobreviven humanos con sus personalidades originales intactas y en el que la decadencia de la manipulación de la identidad es más que evidente. La solución a este problema es la pista definitiva para entender Sense8: Topher genera una onda expansiva que acerca de nuevo a los seres a sus personalidades originarias. La manipulación de la identidad ha pasado de una aparatosa silla a una pistola y de ahí a una onda invisible.

Sense8, como buen entendedor de su tiempo, introduce en su narrativa uno de los pilares de la posmodernidad: la indefinición. El hecho de que no veamos las máquinas, al igual que no vemos la ideología imperante en todo lo que nos rodea, no significa que no existan. Por el contrario, su interiorización y la atribución a los humanos de características propias de elementos artificiales nos hablan de hasta qué punto estas han sido aceptadas e interiorizadas. La máquina es ya una parte indisoluble de nosotros mismos.

La capacidad de transmitir paquetes de datos a un grupo o la ubicuidad son características más propias de las máquinas que de los humanos y, sin embargo, se nos presentan aquí como un nuevo estadio evolutivo, un ensanchamiento de nuestra conciencia y percepción del mundo.

Como vemos, la desaparición de las máquinas en Sense8 no debe verse como una separación con respecto al discurso sobre estas que los Wachowski han venido filmando sino al contrario, una puesta a punto que refleja más que nunca el estado actual de dicha dinámica a la vez que nos ayuda a entender el inaprensible contexto posmoderno que habitamos.

Rubén Palmero Acosta

Historiador del arte especializado en cine y tv de día y cylon de noche. Pocas cosas me gustan más que acumular capturas de pantalla y escribir sobre las series que me apasionan.