‘Derek’. El camino de la bondad

Decía Jorge Carrión en una entrevista que le realizamos en esta revista:

«Lo admirable ha caducado en la teleserialidad; sólo lo claroscuro se ha vuelto atractivo».

Y no le faltaba razón: Tony Soprano, Dexter, Walter White, Frank Underwood, Hannibal… Los villanos y antihéroes han tomado el protagonismo de las ficciones televisivas de los últimos años. Nada hay en ellos de admirable, sus actos no son defendibles en la mayoría de ocasiones, y ni siquiera nos es fácil empatizar con estos personajes por más que se empeñen sus guionistas en contarnos sus motivos. En medio de esta tendencia nace Derek, un experimento de Ricky Gervais que, visto en relación con este triunfo de los protagonistas oscuros, se vuelve aun más interesante.

Derek, creado e interpretado por Gervais, es todo lo contrario a los personajes a los que estamos acostumbrados. Es un cincuentón, con dificultades intelectuales, alegre, sociable y con un enorme corazón, no alberga ni una pizca de maldad en su cuerpo. Derek vive por y para los demás, para hacer felices a sus amigos y a los abuelos de la residencia en la que vive y trabaja.

«Eso es lo increible de la bondad, te hace sentir bien. Ya seas tú el que la ofrece o el que la recibe.»

Derek.

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La serie se plantea como una dramedia, no podía ser de otra manera localizándose en una residencia para ancianos y estando protagonizada por un personaje tan particular. Curiosamente muchos son los críticos que han echado en cara a Gervais su osadía al mofarse de tan particulares condiciones. Pero esto no es en absoluto cierto, no existe ridiculización alguna del personaje de Derek, todo lo contrario, su infinita bondad hace que seamos nosotros, los espectadores, los que nos avergoncemos si en un primer momento nos lo habíamos tomado como una burla.

Derek es adorable y es imposible no quererle, es un ejemplo a seguir, el único personaje de Gervais, famoso por el estúpido jefe de The Office, que no aparenta ser quien no es. Se nos muestra trasparente, inocente, lleno de vitalidad, generoso, divertido, amable, y por ello, acostumbrados a lo que estamos acostumbrados, desconcertante.

La serie se presenta como un falso documental, habitual ya en las producciones del británico, en un espacio reducido y tan poco atractivo en principio como una residencia, pero del que se logra sacar mucho juego, sobre todo en los momentos más dramáticos en los que se reflexiona sobre la muerte. Es en estos capítulos donde Derek brilla con más intensidad, consiguiendo escenas de pura genialidad.

Derek es toda una rareza, una serie que por corrección política nos parecería imposible de plantear, pero que Gervais ha conseguido dotar de una magia y una personalidad muy particulares. Los actores están bien, la banda sonora a piano es maravillosa y los guiones también son destacables, aunque irregulares. La primera temporada es mucho más sólida que la segunda, que solo destaca en su magnífica recta final, cuando la serie consigue que nos asome la lagrimita, porque con Derek reirás y llorarás a partes iguales, como en la vida misma.

«Cuando estoy muy feliz a veces me pongo triste, porque me da pena la gente que no es tan feliz como yo.» Derek.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.