‘Doll & Em’, la frontera entre amistad y mezquindad

El mundo de los estudios de Hollywood es altamente parodiable. Muchas series de televisión han centrado en ese punto geográfico (y laboral) gran parte de las aventuras de sus personajes. Se me ocurren, a bote pronto, Episodes o algunas fases de Californication. La serie Doll & Em, creada y escrita a cuatro manos por las actrices Emily Mortimer y Dolly Wells, ahonda en el mismo terreno, aunque desde una perspectiva que tiene algo de novedoso.

Para empezar, el género: un mockumental en el que las dos se interpretan a sí mismas. La propuesta, centrada casi de forma total, en el humor, conjuga las claves de la comedia británica con los tics que caracterizan al cine independiente norteamericano (con leves toques de mumblecore, incluso, en determinados momentos).

La historia es sencilla: cuando Doll pierde el rumbo de su vida (sin trabajo y con una reciente ruptura sentimental), Em la contrata como su asistente para el rodaje de una película. La propuesta es clara, ligera y repleta de pliegues para el humor. La mejor amiga de la estrella al servicio de la misma. Un filón sin fin.

Doll & Em transita constantemente los límites entre lo personal y lo profesional, entre la amistad y el trabajo, entre lo individual y lo colectivo. La dirección de Azazel Jacobs sigue el juego del falso documental (cámara en mano, imagen vibrante, zooms…) y centra su foco en el starsystem hollywoodiense. Para ello, confía en un guión afilado y preciso, y se nutre, además, de las apariciones y cameos de un elevado número de actores y actrices. Susan Sarandon, Andy García, John Cusack o Chloe Sevigny, entre otros, se interpretan a sí mismos sin ningún tipo de pudor hacia la broma, la parodia e, incluso, el ridículo.

Los entresijos de los estudios (pruebas de castings, rodajes, lecturas de guión) revelan la mezquindad reinante en un mundo poco capacitado, quizás, para las amistades duraderas. Y ahí, precisamente, es donde radica el gran acierto de Doll & Em, en ese retrato de amistad que ofrece. Esa relación casi fraternal, muy compacta, que empieza a resquebrajarse cuando es Doll la que parece robarle el protagonismo a Em en su lugar de trabajo, gracias a su gran capacidad de interrelación. Los celos, las envidias, las pullas, el todo vale en el que se convierte su amistad, reflejan la vulnerabilidad de Em; y en definitiva, la fragilidad del éxito.

Doll & Em consta de seis capítulos de veinticinco minutos. Una serie que, sin duda, puede verse en una maratón (diría que es casi recomendable). Emily Mortimer y Dolly Wells han logrado una representación estructurada en dos líneas argumentales: por un lado, el propio retrato de dos amigas de la infancia, cuya relación perdura con los años; por el otro, una visión ácida de un entorno lleno de sordidez y excentricidad, el de Hollywood. La serie, coproducida por Sky y HBO, es una ficción que se ríe, de ella, de su entorno, de sus personajes, de absolutamente todo. En definitiva, una brillante metacomedia que debemos agradecer a sus creadoras.

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Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.