‘El fin de la comedia’, Ignatius contra el mundo

Me sorprendió enormemente (como supongo que a todos) el suicidio de Robin Williams hace unos meses. ¿Quién podía pensar que un personaje tan afable, un payaso (en el mejor sentido de la palabra) que tantas risas nos había provocado pudiera sufrir de ese mal endémico que es la depresión? La semana posterior al suceso pude leer varios artículos publicados en medios norteamericanos de cómicos y psicólogos que afirmaban que la comedia suele ser un camuflaje común para las personas con tendencia a la melancolía.

Efectivamente en los últimos años estamos viendo una construcción más compleja de la figura del cómico, alejada de aquel falso estereotipo de personaje de felicidad permanente y dispuesto a soltar un chiste siempre que alguien se lo pida. Cómicos como Woody Allen, Larry David, Ricky Gervais o Louis C.K. nos muestran el otro lado del humor, la tragicómica vida del cómico cuando se baja del escenario. Siempre desde la ficción, claro, pero una ficción tan verosímil que sin duda parece tener algo de verdad.

En España pudimos disfrutar hace unos años de una de esas joyitas seriéfilas nacionales que pasaron desapercibidas para la mayoría. Me refiero a ¿Qué fue de Jorge Sanz?, miniserie de David Trueba, que bebía claramente de comedias anglosajonas como El show de Larry David o Life’s too short, y que nos mostraba el intento de supervivencia de una estrella del cine en clara decadencia, un Jorge Sanz que se interpreta a sí mismo filtrado por el espejo esperpéntico de la comedia y la ficción.

Este año llega a nuestras televisiones otra de estas rarezas: El fin de la comedia, en la que se ficciona la supuesta vida de Ignatius Farray, uno de los cómicos más incómodos sobre el escenario y, según sus amigos, uno de los más tiernos al bajar de él.

Ignatius no es el Louis C.K. español

El fin de la comedia no esconde que Louie es su principal referente. La vida cotidiana de Ignatius en la serie, divorciado y con una hija pequeña se parece mucho a la del cómico americano, y la propia estructura de la serie, que intercala momentos de su trabajo como monologuista con sketches (a veces inconexos) de su vida ficcionada, es la misma que utiliza Louie.

Pero sería muy simplista quedarse con el referente y afirmar que El fin de la comedia es un intento de castellanizar Louie. La serie de Ignatius es otra cosa, no llega al surrealismo, la incorrección y a la intelectualidad de su referente, sino que nos ofrece una visión más cercana, humana y costumbrista del cómico. Si con Louie es normal sonreír ante el ingenio de las situaciones que nos proponen, con El fin de la comedia se llega directamente la carcajada sin complejos, y se consigue una mayor empatía con el adorable protagonista.

Unos secundarios de oro

Y si Ignatius nos parece toda una revelación en su nueva vertiente de actor interpretándose a sí mismo, no se quedan atrás los secundarios. Muchos actores y cómicos hacen su pequeño cameo en la serie, desde Joaquín Reyes o Juanra Bonet a un divertidísimo Javier Cansado haciendo de vecino cabrón, Willy Toledo ironizando con su compromiso social o mi favorito, un magnífico Víctor Clavijo haciendo de técnico de ADSL, de esos que se acoplan en tu casa y al final no te arreglan el router, pero te acaban solucionando el resto de tus problemas.

La mejor comedia española en años

Puede resultar irónico que una serie titulada El fin de la comedia sea una de las más divertidas que recordamos en estas tierras. Supongo que el título juega con la idea del posthumor, ese término acuñado por Jordi Costa que hace referencia a esa comedia que busca la risa de forma indirecta, a través de la incomodidad (Muchachada Nui, Venga Monjas, Miguel Noguera…). Aunque no estoy seguro de que El fin de la comedia pueda entrar en esa categoría. Es cierto que en muchas ocasiones el guión es incorrecto y produce momentos incómodos, pero Ignatius nos despierta mucha ternura, y sin duda podemos empatizar fácilmente con algunas de las situaciones a las que se enfrenta.

El fin de la comedia propone la risa como catarsis, como herramienta para sobrevivir a la estupidez de la vida moderna; porque, como dicen en el trailer: «puede que sea más fácil reírse del mundo que enfrentarse a él».

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.