El flujo de conciencia Holmes

¡CUIDADO, SPOILERS!

A continuación se comenta la tercera temporada de ‘Sherlock’.

Sherlock llega tan tarde como pronto se va. Es lo malo de estas temporadas tan breves, que aún no has cogido la postura cuando el detective ya se ha largado. La tercera que acaba de terminar ha sido, sin duda, la temporada más extraña e irregular de la serie. El final, del que hablaré unas líneas más abajo, ha sido controvertido y ha generado bastante polémica entre los seguidores de la producción. Es el precio de la masificación que ha tenido lugar entre el final de la segunda y el inicio de esta tercera entrega.

En estos tres capítulos se han dejado un poco más de lado los casos e investigaciones de Sherlock y Watson para darnos una visión de cómo funcionan como partners y la mecánica de su relación. Ya desde el primer capítulo lo veíamos con el retorno de Holmes a Baker Street y la reacción de John tras dos años pensando que estaba muerto y enterrado. No sé a vosotros, pero a mí estos dos me recuerdan mucho a un matrimonio convencional. Supongo que también es la propia idea de la serie, jugar con esa ambigüedad original que había en la historia.

Sin duda, la tercera temporada se ha destacado por tres cosas:

  1. la relación entre Sherlock y Watson, de la que hablábamos, que tiene su momento álgido en el emocionante discurso que da el detective consultor en la boda de su mejor amigo;
  2. el humor, ya que ha sido la temporada con más chistes y momentos hilarantes que hemos vivido –mucho más graciosa que algunas sitcoms o comedias–, mención especial a la despedida de Watson con borrachera incluida;
  3. la introspección hacia la mente de Sherlock, con un maravilloso acompañamiento visual de sus pensamientos y/o conversaciones. Muy cercano a lo que podría significar el flujo de conciencia joyceano trasladado a la pantalla.

En este último aspecto destacan las indagaciones del detective en su conversación vía chat con las víctimas del hombre invisible –guiño a Irene Adler incluido– y la fantástica traslación de los miedos, dudas y obsesiones de Holmes en el último capítulo, mientras estudia en su palacio mental cuál sería la mejor opción para caer y evitar un daño irreversible de la bala que acaba de impactar contra su pecho. Bravo.

Sherlock01

El apartado visual ha sido la mejora más evidente de esta temporada. Además de los dos momentos citados con anterioridad, queda para la posteridad el tratamiento colorista de la imagen durante la sesión de fotos y posterior boda de Watson y Mary. He aquí otro de los puntos clave de esta temporada: Mary, la prometida y esposa de John. Una mujer dulce de la que, desde el primer momento, se sospecha. Siempre suelo sospechar que las personas excesivamente dulces y simpáticas esconden algo. Y Mary lo confirmó; en el tercer capítulo, descubrimos que guarda un secreto. Un secreto que conoce el villano de esta entrega, el magnate Magnussen, otro de los aciertos de la temporada. Charles August Magnussen es un hombre frío y calculador que conoce y maneja información sensible de un gran número de personas. Durante la boda, en el 3×02, se nos deja ver un pequeño potencial de su control sobre Mary con el telegrama que la envía:

“Oodles of love and heaps of good wishes from Cam. Wish your family could have seen this”.

La mejor arma de Magnussen es la prensa y la catacumba en la que almacena toda la información, a la que Sherlock no duda en acudir para desbaratar sus planes futuros. Sin embargo, y aquí radica la fascinación por este villano, el sotano no existe, ni los archivos tampoco. Todo reside en el palacio mental del malo malísimo, que equipara su intelecto con el del detective consultor. Magnussen es un villano a la altura intelectual de Sherlock que podría haber dado mucho juego. Pero no. No sabemos si con la idea de liberar a Mary y Watson de los secretos y el miedo a la revelación o por puro orgullo, Sherlock no duda en asestarle un tiro que acaba con él y con todas las expectativas que el espectador –al menos yo– se había generado al respecto.

Entonces, cuando todo parece que va a terminar con un castigo para Sherlock, que tendrá que ir a Europa del Este a completar seis meses de misiones, todo da el último giro y llega la polémica. Una voz que empieza a adueñarse de todas las pantallas de Reino Unido –recurso muy de Black Mirror– y enseguida reconocemos la voz que se esperaba desde que, a mitad de capítulo, el miedo de Sherlock lo devuelve a su palacio mental. Did you miss me? Moriarty ha vuelto, y no sabría decir muy bien qué impresión me deja eso. ¿Es una vuelta a los orígenes que demuestra que el chicle empieza a estirarse más de la cuenta? ¿Darán un giro brillante que vuelva a traernos al villano más carismático de la serie? ¿Será todo un truco?

El giro final me parece correcto, si bien algo precipitado. Tramposo, si se quiere, sí, pero la propia serie juega con la trampa constantemente. La aparición de Moriarty, al que vimos “morir” en el episodio 2×03, juega con la propia lógica interna de la serie. Si Sherlock no ha muerto, ¿por qué iba Moriarty a ser menos? Lo que no termino de comprender es la necesidad de decirlo ahora. Yo, personalmente, hubiese montado una buena campaña de promoción con este único mensaje. Did you miss me? ¿Qué mejor generador de tensión y expectativas para unos días antes de la cuarta temporada? La vuelta al villano central me resulta un tanto forzada, pero confío –y creo que así será– en que Moffat y Gatiss, y el equipo de guionistas, sepan darle el toque necesario para que todo siga siendo “igual” que hasta ahora.

La tercera temporada ha sido la más atípica, la que más ha ahondado en el desarrollo psicológico y en la personalidad de cada uno de los protagonistas. Por consiguiente, aquella en la que los casos e investigaciones han quedado más relegados a un segundo plano –salvo en el 3×03–. Tal vez, también, la que más alto ha llegado en el aspecto visual, rozando la excelencia. En definitiva, una temporada que funciona, pero deja con un sabor extraño a la conclusión. No sabemos cuándo volverá, Sherlock posee un timing completamente ajeno a todo. No sabemos qué nos traerá, ni si todo lo que pensamos será desbaratado –posiblemente– en las primeras de cambio. Por no saber, no sabemos ni cómo (no) murió Sherlock tras ese 2×03. Tal vez en algún momento se resuelva el misterio. O no… Mientras tanto, hasta pronto Shezza, ha sido un placer volver a encontrarme contigo.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.