‘El Internado’: recordando la Laguna Negra

Este año se ha convertido en una fecha muy especial para los seriefilos. Series tan míticas como Anatomía de Grey, Perdidos, House o Mujeres desesperadas cumplían 10 años desde su comienzo en televisión. No son las únicas ficciones que están de aniversario desde su estreno o su conclusión.

Está muy bien fijarse en el producto internacional, no seré yo quién cuestione la mala calidad del contenido español, pero por una vez vamos a mirar dentro de nuestras fronteras para fijar nuestra atención en la serie El Internado, ya que el pasado mes de octubre se cumplieron cuatro años desde que cerraron las puertas del Laguna Negra. Es hora de hacer un repaso a una ficción que (para bien o para mal) marcó un pequeño hito en nuestra televisión.

El Internado rompió los moldes, cuesta decirlo pero es verdad. Huyendo de la comedia barata repleta de bares, consiguieron tramas diferentes cargadas de misterio, personajes creíbles, actores muy respetados de la industria y la sombra sobrenatural planeando por argumentos que encandilaron al público durante siete temporadas y un total de setenta y un episodios.

Premiada, laureada y vendida internacionalmente a decenas de países del mundo, así es El Internado. Se transformó en una de las primeras ficciones españolas que sentían un fenómeno fan tan grande como el vivido en series estadounidenses como Firefly o Veronica Mars. Los aficionados se volcaron con la serie de principio a fin, siendo una de las pocas en estar en antena tanto tiempo.

La comparación con Perdidos es grande (incluida la escena de la escotilla), la naturaleza de los caracteres es similar, mataron a los personajes sin miramientos e incluso un halo sobrenatural como había en la isla también estaba en el Laguna Negra. A pesar de ese tipo de elementos tan poco convencionales en España, la ficción aguantó centrándose en las relaciones y en una trama sólida donde nadie era quien decía ser.

El Internado abrió sus puertas para recibir a Paula y Marcos después de la desaparición de sus padres en alta mar. Así comenzaba una serie plagada de muertes repentinas, traiciones, amores imposibles, relaciones paterno-filiales complicadas, muchos secretos, virus mortales y personas con habilidades especiales, y donde los nazis jugaron un papel fundamental.

En ella vimos a veteranos del mundo de la interpretación como Amparo Baró, Luis Merlo o Natalia Millán y descubrimos a grandes promesas. La cantera de jóvenes actores españoles viene pisando fuerte y si no que se lo digan a Yon González, Elena Furiase, Blanca Suarez, Ana de Armas o Marta Torné. La pega fue la introducción (necesaria) del personaje de Paula, que a menudo gozaba de demasiado protagonismo.

Sea como fuere, El Internado cerró las puertas del Laguna Negra quemando todo hasta los cimientos y despidiéndose de la audiencia con la cabeza bien alta. No voy a decir que es la mejor serie española (porque no lo es), pero se merece estar considerada como una gran serie nacional que apostó por algo distinto y supo empatizar con los gustos de los aficionados. Eso ya es un logro.

Periodista de profesión y bloguero por afición. Con experiencia en el mundo de la comunicación online, soy un apasionado de las series de televisión y hablo sobre ellas en La Vanguardia.

1 Comentario

  • Responder noviembre 13, 2014

    Bingero

    Buen artículo, me gustaba mucho El Internado, acá en México conozco poca gente que la vió, bueno, conozco poca gente en sí. Pero los que la vieron, les gustó

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