‘Feud: Bette and Joan’, una enemistad de proporciones bíblicas

Todas las series y antologías de Ryan Murphy están pensadas como una carta de amor a las obsesiones del director. Si Glee quería mezclar las esencias del musical con el mundo adolescente, la saga American Horror Story da una visión moderna de los clásicos de terror y American Crime Story de las grandes películas judiciales. Ahora, con su nueva antología, Feud (enemistad, en inglés), el norteamericano hace un repaso de las rivalidades más fuertes de la historia anglosajona. En esta primera temporada, se reviven las peleas de las las míticas actrices Bette Davis y Joan Crawford, divas de la gran pantalla, pero víctimas de una industria cinematográfica centrada en los hombres.

Susan Sarandon y Jessica Lange – FX

Si la primera temporada de American Crime Story tenía la vocación de ser un relato racial de una época determinada de la historia de Estados Unidos, Feud: Bette and Joan lo quiere ser del machismo del Hollywood más clásico. Las dos protagonistas lucharán contra la presión constante de no envejecer para no dejar de trabajar, de sostener a sus familias, de aguantar sueldos menores y obligaciones mayores que el otro sexo. La propia Crawford llega a decir a Robert Aldrich, el director de ¿Qué fue de Baby Jane?: “Tú esto a Kirk Douglas no se lo harías”.

Para interpretar a dos de las mejores actrices de toda la historia del cine no podrían contratar a cualquiera. El dúo Davis-Crawford lo da vida en la pantalla Susan Saradon y Jessica Lange, dos de las intérpretes más míticas y veteranas del cine actual. En muchos de los momentos de la serie, éstas hacen de ella un recital de sí mismas. Sin duda, ambas podrán constatar con su larga experiencia ese machismo que tanto denuncia Murphy y, viendo sus filmografías, la falta de papeles interesantes debido a su edad.

Susan Sarandon y Jessica Lange, divas en la vida real y en la serie – FX

Sin duda, en su impugnación de un sistema social preferente para el hombre, Feudconsigue su máximo esplendor. De hecho, de sus ocho capítulos, cuatro están dirigidos por mujeres. Murphy predica con el ejemplo. Pero, el discurso social y sus buenas intenciones no pueden echar la vista a un lado ante sus imperfecciones.

Ambas protagonistas encarnando la escena final de ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ – FX

Por un lado, la obsesión de Murphy por denunciar ese machismo le hace olvidar en algunos momentos la trama de la serie. No hay que pasar por alto que la razón por la que está grabándola es por narrar el enfrentamiento entre Crawford y Davis. Murphy siente la necesidad de hacer avanzar la trama constantemente, es incapaz de centrarse en las escenas en la que esta mítica enemistad hace sus mayores enfrentamientos. Los momentos de discusiones y gritos son cortas, estridentes, sí, pero el guión no deja espacio para saber el por qué de esta enemistad y la razón de su continuación en el tiempo. Murphy prefiere, en este sentido, fijarse en los detalles más morbosos de la historia y dejar de lado el relato humano de dos mujeres que no se soportan la una a la otra. En American Crime Story, ante todo el relato se centraba en el juicio a O.J., el relato social estaba todo el tiempo implícito, pero siempre como algo complementario.

Susan Sarandon – FX

Por otro lado, la serie se vendió como el enfrentamiento entre ambas actrices durante el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? (1963) y se traiciona a sí misma en el momento en el que en el tercer capítulo, de ocho, termina el rodaje y la historia prosigue muchos años más. Los títulos de crédito, geniales en su adaptación de muchos de los elementos del film, pierden el sentido cuando la película queda atrás en los años de la serie. Una narración más calmada, tranquila, centrada en el rodaje del film y de sus relaciones humanas y en el machismo de una manera menos obvia, habrían convertido a Feud: Bette and Joan en una grandísima serie como lo es American Crime Story: the people v. O.J. Simpson.

Davis-Crawford y Sarandon-Lange

Hay dos escenas, esenciales, que deberían haber tenido mucho más espacio en la serie. La primera, una conversación en un restaurante de noche entre las dos protagonistas, en el capítulo 3. Lejos de los gritos y los insultos a los que estaban acostumbradas, ambas divas hablan con honestidad sobre lo que las mueve y los problemas que se encuentran en el día a día. Ambas se dan cuenta del secundario papel que tienen en la sociedad y lo mucho que les cuesta salir hacia adelante. El magnetismo entre ambas intérpretes es bestial, pero la escena no dura más de cinco minutos. Murphy nos elimina el placer de degustar grandes interpretaciones con grandes diálogos, a fuego lento. Y así, con muchos otros momentos de la serie.

Por otro lado, pese a que hay un capítulo dedicado en exclusiva a los Oscar de 1963, en él la ceremonia en sí solo ocupa quince minutos. La jugarreta que le hace Crawford, no nominada, a Davis, nominada, es legendaria ya, y sin duda habría sido más placentero disfrutarla sin tener el pie de Murphy en el acelerador todo el tiempo.

Joan Crawford, «ganadora» de un Oscar al que no estaba nominada, pero Davis sí.

Además, el creador norteamericano ha perdido una gran oportunidad de repetir la clave del éxito de la primera temporada de American Horror Story. En ella, las referencias cinematográficas eran constantes. Ver un capítulo significaba buscar en cada plano todos los escondidos homenajes a grandes películas de género. Sin embargo, en Feud lejos de las magníficas recreaciones de las películas de sus protagonistas, pocos más homenajes hace Murphy al cine de esa época tan grande. En esta serie limitada los homenajes tenían más razón que nunca. Una verdadera pena.

Feud: Bette and Joan se convierte en un producto mucho más ligero y superficial de lo que podría haber sido. Si Ryan Murphy se hubiera centrado más en darle consistencia a sus personajes y situaciones y menos en el morbo que tanto lo caracteriza, estaríamos ahora ante una fuerte contendiente para la temporada de premios. Eso sí, Lange y Sarandon que estén atentas, que algún galardón sí que les puede caer. Feudtiene grandes momentos, sobre todo los roces entre las dos protagonistas. Pero sus carencias no la convierten en la obra mayor que podría haber sido.

Bette Davis. Joan Crawford. Si es que son figuras insondables.

Alberto Monje

Periodista. Colaborador en @EsenciaCine.