‘Game of Thrones’ y la búsqueda constante de la provocación

Contiene spoilers de la quinta temporada de la serie.

Érase una vez una isla perdida habitada por osos polares, científicos locos y nativos inmortales. A ella fueron a parar (accidente de avión mediante) los protagonistas corales de una historia épica, una serie televisiva que se convirtió en fenómeno mundial, congregando, como pocas veces había ocurrido antes, a millones de espectadores simultáneamente frente al televisor o la pantalla del ordenador. Lost representa el primer gran éxito global de la teleficción.

Internet creó las condiciones de posibilidad para que la serie se viera al mismo tiempo en todo el planeta y para que se crearan foros y wikis en los que los fans discutían complejas teorías sobre el final de la serie. Incluso se crearon juegos, webs ficticias y otras experiencias transmedia basadas siempre en lo digital. Lost fue concebida con toda esta globalidad en mente, no en vano tiene un reparto coral y multirracial. La serie de J.J.Abrams y Lindelof fue la primera serie televisión de la era de Internet, y como tal se vio afectada por la lógica marketiniana que impera en el reino digital, incluso absorbida por ella. La serie murió a manos del mismo elemento que la ayudó a triunfar, el hype.

Y de una isla perdida en el pacífico nos vamos al mágico reino de Poniente… dos escenarios muy distintos para dos series con problemas similares.

Juego de Spoilers

Desde un primer momento Juego de Tronos fue concebida como una serie llamada a gustar a millones, un producto mainstream globalizado; difícil objetivo para una historia de fantasía histórica. La clave para lograrlo fue la sorpresa, el giro final de la primera temporada que nadie esperaba y que pronto se convirtió en un secreto compartido por los que la vimos en versión original, el spoiler de los spoilers. Durante ese primer año no resultaba extraño encontrar a convencidos fans pidiendo paciencia a los espectadores más escépticos que se aburrían con tanta charla de palacio y tanto lío de personajes. «Aguanta hasta el capítulo nueve» era un mantra extendido, como si el golpe de efecto lo justificara todo, como si la osadía de acabar con el héroe fuera el pilar maestro que sostenía todo el castillo.

La serie se convirtió en un fenómeno viral y una fuente de ingresos espectacular para la cadena. La maquinaria estaba en marcha y había que alimentarla; si el público quería violencia y tortura, eso es lo que nos darían, si los giros sorpresa de final de temporada protagonizaban titulares y llenaban artículos, era lo que tocaba. Pronto se le vieron las costuras, los espectadores nos dimos cuenta de que las temporadas tenían una estructura definida, y esperábamos el capítulo nueve como agua de mayo, sabedores de que era en el que se encontraba el premio. Una sorpresa esperada es menos sorpresa, por lo que a partir de la tercera temporada los guionistas cambiaron el esquema, en cualquier momento podíamos encontrarnos un final de capítulo inesperado carne de trending topic. Sin ir más lejos los finales de cualquiera de los tres últimos capítulos de la quinta temporada podrían haber funcionado como cliffhanger final de temporada perfectamente.

Hasta ahora la serie había sabido alternar estupendamente bien sus exigencias comerciales con guiones de calidad, personajes complejos y argumentos interesantes. El «efecto sorpresa» o el «momento violento» eran la parte provocadora de un todo en el que había mucha más chicha: los verdaderos fans de la serie disfrutamos más con una «simple» y tensa conversación entre Tyrion y Cercei que con todas las ejecuciones de la serie.

Todo por el Trending Topic

Algo parece haber cambiado en la última temporada de la serie. La excepción se ha hecho norma y cada capítulo parece excesivamente concebido para generar ruido mediático, aunque sea a costa de la coherencia o de la propia historia. Muchas de las cuestionables decisiones de esta temporada vienen condicionadas por la historia original de Martin, pero otras parecen pensadas exclusivamente para la provocación.

Como la polémica muerte en la hoguera de Shireen, que no sólo es irrelevante para la trama, sino que además el montaje parece recrearse en esta escena dándole más minutos de los que parecen sensatos, dejando los gritos de la inocente niña adheridos a la memoria del espectador.

Otra de las escenas polémicas fue la violación de Sansa, cuya trama actual los guionistas se han sacado de la manga sin la menor coherencia. En los libros puede percibirse ligera maduración del personaje, que en manos de Meñique aprende a jugar en el perverso escenario de Poniente. En la serie, sin embargo, vemos como acepta casarse con el hijo del asesino de su hermano y su madre sin oponer apenas resistencia, para después permitir todo tipo de vejaciones. Por muy grande que sea el poder manipulador de Ramsay o el temor que infiere a su alrededor es incomprensible que Sansa o Theon hayan tardado tanto en tratar de huir o en hacerle frente.

No estoy diciendo con esto que la culpa de los problemas de la quinta temporada radiquen en su distanciamiento del libro, al contrario, con ello se han recortado tramas superfluas y se ha ganado en dinamismo. El problema no está en que cambien eventos o inventen nuevas tramas, sino en que estos cambios siempre parecen destinados a generar tan solo una mediática polémica, como la incomprensible «violación» de Cercei ante la tumba de Joffrey.

El final de la quinta temporada es otro golpe de efecto marketiniano, en este caso heredado del libro y la sequía creativa de Martin. En la serie la escena es todavía mucho más absurda, ya que toda la trama de Castle Black se ve tan acelerada que no llegamos a entender la justificación del motín. Los fans de la serie se han unido a los del libro que llevan años buscando posibles artimañas argumentales que deshagan la muerte de Jon. Porque su muerte no es comparable a la de Ned o Robb, Juego de Tronos nos ha sugerido a Jon como uno de los ejes centrales de la historia que está por venir, sería un engaño argumental haber focalizado tanto en un personaje que desaparece de una forma tan gratuita. Y si vuelve de alguna forma, como todos esperamos, habremos asistido a un simple cliffhanger bastardo, una cuestionable estrategia de marketing narrativo.

Season 6 is coming

El futuro es incierto en Poniente. Juego de Tronos ha llegado a un punto de no retorno, pues ya ha adelantado a la historia escrita por Martin hasta ahora. Lo que ocurra en la sexta temporada depende por completo de los guionistas. Esto no tiene que ser malo en principio; el camino a seguir debería ser similar al de The Walking Dead, que ha sabido alejarse de los cómics y distanciarse de las expectativas generadas por su éxito de audiencia para arriesgar creando tramas cada vez más maduras y complejas en las últimas temporadas.

Sin embargo la quinta temporada de Juego de Tronos nos ha mostrado que la serie parece estar demasiado cerrada en sí misma y estar demasiado enfocada en generar cada vez más interés en los medios y las redes sociales. Pero el sadismo gratuito no beneficia a Juego de Tronos, genera que se hable de ella a corto plazo, sí, pero a la larga simplifica y banaliza una historia interesante y polariza a unos personajes complejos que no deberían ser ni buenos ni malos.

La quinta no ha sido la mejor temporada de la serie, pero podemos llegar a entenderlo, podemos ser generosos y comprender que estamos ante la transición de la historia iniciada en papel a la que se cerrará en la pantalla. La próxima temporada será en la que los guionistas de la serie más tienen que demostrar, será la temporada que evidencie si han sabido, o no, volar libres, si han consolidado una personalidad propia y una historia interesante al margen de la polémica, o si todo era tan sólo un caro, violento y provocador entretenimiento vacío.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.