‘Girls’, un largo rato frente al espejo

El último encuentro entre Shoshana y Ray (6×08).

“Deberíamos aceptar de una vez que es el final”, dice Shoshanna. Con esa intervención, tan aparentemente sencilla, pero tan compleja, el tramo de cierre de Girls alcanza la cadencia del descubrimiento de que algo fascinante ya pasó. Que es pretérito y el futuro que nos espera ya es otro. Da igual el motivo. En ese lapso de tiempo ha querido hurgar Lena Dunham para ofrecer el empujón definitivo a su criatura. La tristeza que ha desprendido todo en esta sexta entrega no es otra que la de dejar marchar aquello que nos hizo felices. Esa nostalgia o melancolía propia de una conclusión que se sabe inevitable, incluso necesaria. Un intenso proceso de maduración por el que empezamos a pisar las fronteras de la edad adulta y nos convertimos, muy poco a poco, en imágenes dolientes de nosotros mismos.

La última tanda de episodios de Girls podría dividirse en dos partes. Por un lado, un intervalo inicial de aproximación (del 6×01 al 6×04) en el que todo se asienta. Al otro, del 6×05 al 6×10, la irrupción del final. Los arcos cerrados y los ciclos. Así las cosas, el tramo inicial de contextualización ha servido a la serie de HBO para asentar las bases de lo que iba a ser su adiós definitivo. Ya el 6×01 introduce una de las grandes líneas de la temporada a través de la aparición de Riz Ahmed. Por su parte, en este tramo, el 6×03, American Bitch, se ha erigido como uno de los grandes capítulos del año. Un bottle episode que consigue poner en escena una definición perfecta, y elegantísima en su rotundidad, del acoso masculino y la cultura adquirida de las zonas grises. Para la posteridad queda ese plano final en el que Richard Sheppard, director del episodio, se disfraza de Lars von Trier y pone en pantalla una riada de mujeres que caminan hacia la casa del escritor Chuck Palmer mientras Hannah lo hace en la dirección opuesta, en silencio, sobrepasada por la situación.

Hannah pasea junto a Paul Louis, el monitor de surf interpretado por Riz Ahmed (6×01).

En lo narrativo, la primera mitad de este decálogo ha situado dos triángulos de acción que, a la postre, resultarían primordiales en la resolución de tramas. Se trata de las dos relaciones a tres formadas tanto por Hannah, Adam y Jessa como por Ray, Marnie y su ex marido. El primer triángulo, equilátero, como representación del dolor de la pérdida figurada, de la decepción y del discurrir del tiempo. Esa que supone la “traición” de Adam y Jessa para una Hannah cada vez más sola. Un arco que ha dejado grandes momentos en forma de frases. El 6×06 podrá recordarse por la conversación entre las dos amigas y por el epílogo del episodio, en el que Adam mira a cámara, frontalmente a los ojos de Hannah, para asegurar que “la cama se está enfriando”. Otro ejemplo de arquitectura sólida, pues la estructura de la temporada llevará a este episodio a rimar directamente con el diálogo del café en el final del 6×08. Un broche precioso en forma de capitulación para la relación vertebral entre Hannah y Adam. Otra despedida fabulosa para un personaje que ha sido medular desde su segundo plano. El otro triángulo, por su parte, resultaría, más bien, en una composición irregular que pasa de los tres a los cuatro lados según la situación orbital de Shoshanna, siempre tan próxima y alejada de Ray. Evidentemente, Marnie acapara casi todas las reflexiones de calado, aunque Dunham permite decir adiós a al bueno de Ploshansky con un sutilísimo signo de victoria. Quizás el carácter interpretado por Alex Karpovsky sea uno de los más grandes perdedores que haya dado la teleficción de los últimos años. Siguiendo con su estela de altibajos, en esta sexta tanda, pese a comenzar en mitad de su idilio con Marnie, pronto ha sido zarandeado con vehemencia. Su arco ha tenido mucho que ver con la muerte. En todas sus formas. Primero, de forma real, con el golpe ocasionado por el deceso repentino de su socio y amigo. Después, con la pérdida figurada de Marnie, envuelta en un affaire con su ex marido Desi y con las ideas nada claras. Como siempre, por otra parte. No obstante, Dunham ha decidido colocar a Ray en una situación esperanzadora para darle su adiós definitivo. Una deferencia llena de respeto y cariño al hombre más noble de la serie y, sin duda, un secundario de lujo.

La relación entre Jessa y Adam, un pivote importante para el tramo de cierre.

Más allá de la mitad de esta última entrega, la producción se ha edificado fundamentalmente, con la excepción de Elijah y los breves momentos de Adam, en torno a las cuatro amigas y sus vaivenes. Entre la odisea solitaria de Hannah por una ciudad cada vez más hostil  y el cambio de chip y ruptura personal de Shoshanna, las cuatro integrantes del grupo han modificado su posición. Unas mirando al frente, otras dando pasos atrás. Y en mitad de todo, una relación de afecto que ofrece sus últimos estertores. Una amistad que se termina de resquebrajar en el baño de una fiesta. Así, el lucidísimo y triste tramo conclusivo del 6×09 solo puede entenderse como una aceptación de la derrota y la incompatibilidad. Una capitulación firmada a cuatro manos, las de sus protagonistas, que se despiden sin apenas palabras y con el gesto torcido ante la imposibilidad de permanecer juntas, por unas cosas u otras, en una misma habitación. Ya lo explica Shoshanna a su particular manera: “no podemos estar juntas en un mismo espacio sin que una se crea el ombligo del mundo”. Por eso es necesario aceptar el fin como paso siguiente; una idea que corrobora el último diálogo entre Jessa y Hannah. “Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido”, dice la segunda, a lo que aquella responde, entre lágrimas, que “lo han hecho de una forma horrible”. Al final, la vida tiene muchísimo que ver con eso: aceptar las derrotas como algo natural y seguir caminando hacia lo que nos venga por delante. Sin duda, este final de capítulo permanecerá entre los grandes momentos televisivos. Porque donde hay verdad hay dolor. Y Girls termina por doler mucho y con hondura.

A estas alturas, solo queda levantarse y aplaudir la osadía de una joven creadora, Lena Dunham, y su equipo de intérpretes, guionistas, directores y técnicos. La valentía de crear una composición que ofrezca una mirada tan universal desde la perspectiva femenina y feminista de su alma mater. Una ficción que concluye con media hora en la que no aparece ningún personaje masculino, pero en la que casi cualquiera podría verse reflejado. Gracias a la bravura de una mujer que ha quemado los corsés, que se ha atrevido a insuflar verdad a su criatura. Gracias, Lena, y compañía, por hacernos vibrar y sentir. Por un viaje lleno de sonrisas y lágrimas. Por la pertenencia que concurre en esos versos quebrados de Tracy Chapman que, de forma tan elegante, cierran la obra. En esa carretera la verdad duele como nunca lo ha hecho, así que gracias por desnudarnos y “ponernos un largo rato frente al espejo” (Jessa dixit) para que nos veamos tal y como somos. Con todas nuestras heridas y cicatrices. Sin ambages, sin clavos ardiendo, sin autoengaños complacientes. Por hablar a toda una generación y hacerle ver que nunca se está solo en aquello que se siente. Ya sea la necesidad de permanecer con los demás o las ganas incontrolables de escapar de uno mismo.

Una de las últimas imágenes de la serie creada por Lena Dunham para HBO.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.