‘GLOW’, la lucha libre

Recuperar el cuerpo. Sentirse libre. Pelear por un espacio vital de calidad. Estas tres expresiones formarían parte del espíritu de GLOW. El último título original de Netflix, creado por Liz Flahive y Carly Mensch, se retrotrae hacia los años 80 para hablar de un pasado con base real y hacer hincapié en como todavía resiste en el presente. Si atendemos a la definición más simple, la obra no es más que una ficción sobre un grupo de mujeres que se intentan hacer hueco en el curioso mundo de la lucha libre. Sin embargo, la metáfora es evidente y está al alcance de la mano de cualquier mente con inquietudes.

En la línea de la tendencia última de la cadena, esa que consiste en idealizar aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” (ahí tenemos a la cuestionable e hiperbolizada Stranger Things), pero rompiendo con la obviedad, GLOW pone su foco en los años del mandato Reagan (y no por casualidad) para hablar del espacio ocupado por la figura de la mujer y sobre cómo es necesario que esta se empodere en todos los espectros de la sociedad (los enfáticos y los invisibles). Así, este equipo de luchadoras toma las riendas del show que tratan de levantar y, por extensión y simbolización, de su vida (véanse la recogida de fondos o la secuencia del rap sobre el ring).

La Zoya, the Destroyer, de Alison Brie. Una «villana» para hablar sobre la época de la Guerra Fría.

GLOW supone, por tanto, la traslación del día a día al mismo cuadrilátero. Una mirada hacia un tiempo que aunó cadenas y liberación, represión y sexualidad y guerra (fría) con paz (aparente). Una época en la que un equipo femenino trata de empoderarse y salir adelante por sus propios medios y alejándose de la supervisión paternalista de los hombres que pululan en sus órbitas. Un género masculino que, por otra parte, no deja de estar definidos en torno a sus inseguridades y a la vulnerabilidad de su hombría. Fuera del tópico, pero sin rozar en ningún momento la caricatura.

En ese sentido, quizás uno de los mensajes más importantes de GLOW sea la idea resilente de que, para que sea totalmente efectivo, el empoderamiento y el desarrollo de la mujer ha de darse en todos los ámbitos, incluso en las atmósferas más desfavorables (como en este caso el wrestling, parcela tradicionalmente ocupada por ellos). Y de que tiene que ser un camino de doble sentido: de lo íntimo a lo público y viceversa. En esta línea, la producción de Netflix se atreve a lanzar mensajes de relevancia en torno a la conciliación familiar, la infidelidad, la libertad sexual y/o la maternidad y sus consecuencias.

Alejada de maniqueísmos y efectismos visuales –muy opuesta, por ejemplo, a The Handmaid’s Tale–, la teleficción protagonizada por unas soberbias Alison Brie y Betty Gilpin se adentra en terrenos pantanosos con la elegancia de quien no busca la sorpresa continua. Las creadoras consiguen eliminar las impurezas, la impostura y el barroquismo formal para ofrecer un producto sobrio, aunque elaborado y cuidado hasta el detalle (la banda sonora o las referencias cinematográficas de los ochenta, por ejemplo). Así las cosas, GLOW es una serie con base en el ayer pero el punto de mira en el presente. Lactancia, menstruación, aborto y embarazo, entre otros topics, se dan cita en su amena, pero aguda, decena de episodios. Seguro que nos suena, ¿verdad? Su vida en el cuadrilátero, la de ellas; eterna e incansable lucha.

Debbie, en el ring Liberty Belle, a su marido: «Si te parece estúpido, puedes irte.»

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.