‘Gomorra’, collage de la bajeza moral

¡CUIDADO, SPOILERS!

El texto revela datos de la primera temporada de ‘Gomorra’.

La muerte coprotagoniza la serie Gomorra, que se desarrolla a ritmo de réquiem, tiene todos sus acordes y su simbología y, en definitiva, no es otra cosa que un réquiem. No es casualidad que, en el principio del capítulo 1×10, Salvatore Conte llegue a la ciudad en un coche en el que resuena el Réquiem en Re Menor – Lacrimosa compuesto por Mozart. Como no lo son tampoco los espacios en los que se sitúa la acción. Esas grandes aberturas en la ciudad, esas piscinas vacías o esos edificios medio derruidos, no son otra cosa que las ruinas del Nápoles que retrata como un collage la producción de Sky Atlantic.

Basada en la fantástica novela de Roberto Saviano, de la que ya surgió una película maravillosa gracias a Matteo Garrone (todas con idéntico nombre), la ficción se adentra en las calles de una ciudad desolada y completamente parasitada en todos sus estratos por la Camorra. Los diferentes puntos de vista a través de los que se acerca la temática central (la calle, los niños, el seno de una familia, la cárcel o el interior de la organización mafiosa, entre otros) contribuyen a la creación de una visión completa de cómo es la rutina de la ciudad del sur de Italia. También ayuda a la creación de ese universo el enfoque argumental selectivo por personajes y episodios.

Envueltas en la cruenta guerra entre clanes, las calles de Nápoles ven cómo los Savastano y los Conte tratan de ostentar cada centímetro del territorio. Sin embargo, todo parece bajo control hasta que el líder de la familia Savastano, Pietro, es encarcelado. A partir de ese momento la lucha de poder se extiende, además de la guerra con Conte, al seno del clan. La contienda moral y sigilosa entre Ciro di Marzio, un lugarteniente de Pietro, e Immacolata Savastano, la mujer del líder y cerebro de la organización en la sombra, centra buena parte de la temporada. Mientras, el joven heredero de la corona, el arrogante aunque inexperto Gennaro, asciende en la escala y trata de hacerse con el mando de la organización para imponer sus doctrinas. Resulta muy interesante en este sentido cómo la serie deja un hueco a la guerra, primero latente, después completamente declarada, que los jóvenes libran contra los mayores. El salto generacional sacude la organización: los nuevos tienen métodos distintos a los que se utilizaban antes y, ahora, con el encarcelamiento del líder es el momento idóneo para reclamar la potestad.

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Si hablamos de liderazgo hay un personaje que merece un tratamiento aparte: se trata de Immacolata Savastano. La mujer del boss, gran activo en la sombra durante el mandato de su marido, se revela como una gran estratega y una mujer enérgica y valiente tras su encarcelamiento. Su papel supone la elevación de la mujer como representación del imperio, algo que muy pocas veces habíamos visto hasta ahora en una ficción contemporánea. Imma es una figura de poder incontestable, quizás la más grande de la serie, junto a su antítesis Salvatore Conte. La donna se muestra como una especie de “madrina” a la que los vecinos acuden pidiendo ayuda (1×07) y que se gana el respeto, tanto de propios como de ajenos, gracias a sus acciones (que llegan a ser temibles y despiadadas), pero nunca por ser esposa del jefe del clan. Como muestra de dominancia, la frase que le dice a una de sus allegadas en el episodio 1×11, cuando se está preparando uno de los ataques definitivos:

“La guerra no la gana el más fuerte, la gana el que mejor sabe esperar. Y eso nadie lo sabe hacer mejor que nosotras, las mujeres.”

La inclusión de la mujer como máxima figura de poder y respeto se aleja del concepto proyectado hace ya quince años por Los Soprano, serie con la que Gomorra plantea ciertas similitudes. Nada tienen que ver, en este caso, las mujeres de la serie de David Chase con la Immacolata de ésta. Esos quince años que han pasado y la evolución en los tratamientos de personajes que ha tenido lugar en ellos ha provocado que se pierda el “miedo” a incluir a mujeres, cada vez más, aunque todavía es complicado, ejerciendo villanías o mostrándose fuertes ante otros hombres despóticos y dominantes.

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Sí guardan relación con la serie de HBO ciertas estructuras narrativas utilizadas por la ficción transalpina. En Los Soprano vemos cómo Tony viaja a Nápoles, ciudad de la que es originario, para entrevistarse con otros capos. Gomorra también tiene un capítulo situado en el exterior, fuera de los límites del espacio central; Ciro di Marzio se ve obligado a acudir a Barcelona para cerrar unos acuerdos con el propio Salvatore Conte, enemigo del clan Savastano.

Por otra parte, Gomorra da una vuelta de tuerca a la multired de relaciones entre la Mafia y el aparato político. Precisamente en el episodio de Barcelona se cuenta cómo el clan consiguió manipular unas elecciones al parlamento catalán para que se les concedieran unas licencias de construcción y así controlar los sueldos y los terrenos. No es la única conexión con la política que se apunta: la alcaldía de la ciudad queda a disposición de la Camorra cuando coloca un candidato sobornado y afín a sus peticiones. La ficción de Sky parece querer corroborar la frase que dice uno de los jóvenes en uno de los magníficos diálogos escritos para la serie:

“Ocasiona más muertes el dinero que las pistolas.”

La sentencia podría ser un buen resumen de lo que ofrece la ficción italiana: dinero, muertes y pistolas, envueltas en una constante guerra en la que nadie puede salir bien parado. Ni siquiera los más pequeños; en numerosos momentos vemos cómo se actúa con respecto a ellos. Los niños son reclutados, chantajeados, obligados a matar, torturados, asesinados y, en definitiva, utilizados como simples peones sin ningún tipo de remordimiento en beneficio de la Camorra.

Gomorra supone un giro manierista, en determinados aspectos, de lo que conocemos como el género mafioso. Una producción rodada con mucho nervio y que alcanza gran valor cinematográfico, con un componente coral y unos personajes cuya evolución queda perfectamente trazada a lo largo de la temporada. La maravillosa recta final (la muerte de Immacolata, la guerra abierta entre generaciones y un magnífico último tiroteo) así lo demuestra, pese a que los últimos pivotes argumentales (sobre todo la “resurrección” de Pietro y el último plano, con la mano de Gennaro moviéndose, aunque existen dos versiones del último plano y en la otra no se mueve) hacen tambalear la compacta credibilidad del guión a lo largo de la temporada debido a su precipitación. No obstante, la serie se configura como un complemento perfecto a la película que filmó Garrone en 2007 (una masterpiece del género) y, por extensión, a la novela de Saviano en la que se basan los dos productos audiovisuales. Se trata de una composición llena de crudeza, ficción con grandes dosis de realismo, sobre la bajeza moral que gobierna Nápoles gracias a la mano firme de la Camorra, que la convierte en un conjunto de ruinas entre las que imperan la mezquindad, el racismo, la muerte, la traición y el dinero manchado de sangre.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.