‘Gunpowder’, el fuego de la derrota

Si hablásemos de Guy Fawkes, probablemente muy pocos lo conocerían. Sin embargo, todo cambiaría si mostrásemos la famosa máscara inspirada en el personaje histórico y dibujada por David Lloyd para la novela gráfica V de Vendetta(Alan Moore y David Lloyd, 1982-1988), posteriormente adaptada al cine por James McTeigue (2006). La cultura pop, y la decisión del colectivo Anonymous de adoptar la máscara como identidad, se han encargado de resucitar lo que un día fue un personaje olvidado y caído en desgracia. Tal vez por aquello de que son los victoriosos quienes redactan la Historia. Hasta que alguien rememora a los perdedores.

Lejos de la reconversión e idealización del cómic, la película y la adopción intelectual de los ideales, Gunpowder se adentra en la historia primaria para dar a conocer una lucha caída en el olvido durante siglos. “Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre”, clamaba el propio V justo antes de entrar en acción contra los poderes fácticos en la Londres futurible que dibujaban el cómic y el film. No muy alejada queda aquella ciudad imaginada del Londres del siglo XVII que dibuja la serie de HBO. En esa aproximación de hollín, barro y oscuridad también existen poderes castradores y autoridades que amparan y justifican su poder en la violencia que son capaces de ejercer contra sus opositores.

La persecución y la tortura al catolicismo centran la trama histórica.

En ese ambiente de tensión, persecución y tortura se mueve la teleficción creada por Ronan Bennet, Kit Harington y Daniel West. Gunpowder narra la rebelión que se esconde tras el evento. La escalada de tensión y la desesperación que llevó a un grupo de católicos a intentar volar el parlamento británico en 1605 para asesinar al rey Jaime I y poder volver a ejercer su culto con la libertad negada. Un hecho histórico que más tarde se conocería como la Conspiración de la Pólvora y que ya exploró la teleficción británica mediante la tv-movie Conspiración, traición y muerte(Gunpowder, Treason & Plot; Gillies MacKinnnon, Reino Unido, 2004).

En esta versión, la dirección de J Blakeson se acerca de forma cruda y sin ambages al momento histórico narrado. La puesta en escena es cruda (torturas, golpes, sangre y vísceras) y supone un acercamiento, desde la capacidad de reflexión de las imágenes, a la violencia de estado y la capacidad de los sistemas políticos de actuar de forma impune contra todo aquello que los amenaza. Gunpowder presenta, en este sentido, dos vertientes: a un lado, la Inglaterra protestante que persigue a los católicos; al otro, la España apostólica, gran potencia mundial, con la que necesita hacer tratados comerciales para subsistir. En medio de la ecuación, los perseguidos y asesinados, luchando por su propia vida. Y una reflexión certera sobre la capacidad del dinero para eliminar el sentido común y la coherencia que llega en forma de montaje alterno: España firma un jugoso tratado con Inglaterra mientras la secuencia muestra como los ingleses capturan y ajustician a “los traidores” a la fe. Poderoso caballero…

El Rey Jaime I, en un fotograma de la miniserie.

Con una puesta en escena que se abraza a la visión de época, Gunpowder ahonda en un tema tan universal como inagotable. A caballo entre la clandestinidad y las grandes salas de palacio, esta miniserie se constituye como una reflexión más atemporal que atemperada sobre todo lo que nos conforma como animales políticos (y religiosos, si es que ambos ríos no conducen al mismo océano). Una mirada histórica interesante que se adecúa a los textos de la época y recoge ciertos formalismos pictóricos del momento histórico al que se circunscribe. En este sentido, la impresionante fotografía de Philipp Blaubach (claroscuros, iluminación con velas, composiciones estudiadas al límite, etc.) se percibe como el abrazo de lo visual a las implicaciones narrativas derivadas de la época. Conspiración, pólvora, traición. Luces y oscuridades. Terrorismo. De estado y contra el Estado. El eterno, ¿y legítimo?, combate por la supervivencia y la asunción de la autodeterminación de los individuos. El fuego de la derrota.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.