‘Halt and catch fire’: la épica del fracaso

«Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

Esto lo decía Samuel Beckett en una de sus célebres y repetidas citas, pero igual podría haberlo dicho Steve Jobs, porque la lógica del emprendimiento digital en el mercado global tardo-capitalista es la del fracaso constante ante la esperanza del efímero triunfo puntual.

Halt and catch fire (en adelante HACF), la última producción de AMC (Breaking Bad, Mad Men, The Walking Dead) nos lleva a los años ochenta para contarnos la historia de unos pequeños visionarios que, cual cowboys con gafas de pasta, tratan de conquistar un terreno hasta el momento apenas explorado: la informática personal.

Para lograr este objetivo la serie se sustenta en tres pilares sólidos y estables, los tres personajes principales. Joe MacMillan representa al charlatan, el vendedor, el «visionario» inconformista, un personaje egocentrico y con una doble cara que bebe directamente de Don Draper y de Steve Jobs. Gordon Clark es el Steve Wozniak, el genio frustrado e inestable que necesita del arrogante y prepotente hombre de negocios (MacMillan) para creer en su potencial y desarrollar las condiciones de posibilidad. El contrapunto de esta arquetípica pareja simbiótica es la joven y anárquica Cameron Howe, genio de la programación que representa el futuro, como afirma Joe en varias ocasiones, no sólo por su visión y talento, sino por su ideología y actitud, arquetipo ficcional del «hacker» del siglo pasado.

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Desde la ficcional Cardiff Electric, el trío protagonista de HACF trata de derrocar la incuestionable hegemonía de IBM, adelantándoles por la derecha con la fabricación del primer ordenador portátil de la industria. Esta historia, en su planteamiento, puede no resultar atractiva, puede considerarse tediosa y ajena para los no iniciados en el sector informático. Nada más lejos de la verdad, porque HACF en realidad no habla del Giant, el portatil desarrollado por Cardiff Electric, sino de las luces y sombras de sus personajes humanos. La pasión, la visión, la ambición, la soberbia, el inconformismo… al igual que Mad Men no habla de una agencia de publicidad, HACF no habla de ordenadores, sino de personajes complejos y cualidades humanas universales que se ven reflejadas en el producto que desarrollan, en este sentido el acto catártico de Joe en el capítulo final es el más claro ejemplo.

HACF es una buena serie, aunque ligeramente irregular, su piloto es impresionante y deja con ganas de más, pero a partir del segundo capítulo la serie va perdiendo fuelle quitando momentos puntuales de lucidez. Será en su recta final cuando la serie dé lo mejor de sí, sus últimos cuatro episodios justifican con creces el conjunto de la serie.

¡CUIDADO, SPOILERS!

Desde ahora, contiene algún spoiler de la primera temporada.

En concreto el capítulo noveno supone un punto de inflexión y un golpe de efecto suficientemente grande como para poder haber sido el final de la temporada, o incluso de la serie. El mazazo de descubrir que los plagiadores han sido plagiados y adelantados, cuando todo el mundo sabe que en este negocio quien llega primero se come el pastel, es un perfecto y despiadado giro argumental.

Pero el capítulo remata con aun más brillantez su planteamiento al revelar en la última escena a ese fantasma invisible que recorre la serie a ojos de los espectadores, ese que sabemos que acabará por triunfar donde todos fracasarán, Apple. Y para más saña lo hace presentando su Macintosh, un ordenador concebido para empatizar con el usuario, para ofrecer una experiencia única y cercana, mientras que Joe ha tenido que prescindir en el último momento del alma de su Giant para poder reaccionar a tiempo al giro de los acontecimientos. Las últimas palabras de Joe habrían sido un broche final mucho más potente para la temporada: «It speaks».

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Al igual que el anuncio de Apple de 1984 que aparece (citado) en la serie y cuya protagonista se parece tanto a Cameron, los protagonistas de HACF están construyendo el futuro, un futuro que en teoría pretende ser revolucionario y acabar con la tiranía de IBM, pero que en la práctica se desarrolla a través del plagio, el engaño y el miedo… sobre todo del miedo, porque no hay nada que asuste más que el fracaso, porque no hay nada que asuste más que el futuro.

Por cierto, la banda sonora de esta serie es magnífica, no se la pierdan:

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.