‘Homeland’, Carrie in Wonderland

La tarea no era sencilla, en su cuarta temporada Homeland tenía que deshacerse de los fantasmas pasados y encontrar su propia identidad al margen de la trama de Brody, que fue la que nos enganchó en un primer momento.

¿El resultado? Agridulce. Por un lado la serie ha sabido inteligentemente reconstruirse, y reafirmarse como una serie que trata, como señala Jordi Carrión, sobre el fracaso de la política exterior del gobierno norteamericano tras el 11-S. Por el otro, demasiados altibajos en el guión.

El tema de Homeland no es la geopolítica, el espionaje, el amor al trabajo o la locura: es el fracaso. El fracaso de USA en política exterior

— Jorge Carrión (@jorgecarrion21) diciembre 8, 2014

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En esta temporada Homeland ha buscado un nuevo enemigo, una nueva facción talibán, y un nuevo escenario de juego que nos aleja de esa trama del “enemigo en casa” que consagraba la primera temporada. En este caso la acción se sitúa en Pakistán, lo que le ha costado más de un reproche del propio país a la serie de Showtime.

Difamar un país que ha sido un compañero y aliado cercano de los Estados Unidos hace un flaco favor no sólo a los intereses de seguridad de los Estados Unidos, sino a los ciudadanos de Estados Unidos. Islamabad es una ciudad tranquila y pintoresca con preciosas montañas y exuberante vegetación.

La nueva Homeland se centra en la figura de Carrie, a quien vuelve a presentar como inestable y cuestionable moralmente. Sin duda una propuesta arriesgada esa de poner al espectador en contra de las decisiones que toma la protagonista, una jugada valiente con buen resultado en la primera parte de la temporada. Pero la recta final es otro cantar: errores de guión, recursos deus ex machina encadenados, una introspección innecesaria en los personajes en el capitulo final… Una pena, ya que todo empezó de forma prometedora.

Con todo lo malo, sigo reivindicando a Homeland como una serie necesaria, una serie que muestra los prejuicios y construcciones mediáticas que la sociedad occidental tiene de ese “otro” que es la cultura musulmana. Una ficción que analiza temas fundamentales en nuestro tiempo como la función de los servicios de inteligencia en la actualidad, o la guerra teledirigida a golpe de dron. Por este motivo exijo de Homeland mucho más, porque prometía en un principio ser una ficción televisiva fundamental para analizar y entender la concepción americana del mundo tras los atentados del World Trade Center.

¿Es la cuarta temporada de Homeland mejor que la tercera? Sin duda. ¿Está al nivel de la primera o la segunda? No, todavía le queda. Pero lo más difícil está hecho, Homeland ha sabido independizarse de Brody y volvernos a enganchar con una historia nueva. Quizás por el camino haya perdido calidad y relevancia, pero se configura como una serie digna y entretenida. Aunque tras esta temporada de transición, esperamos una quinta que vuelva a sorprendernos de verdad, de principio a fin.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.