‘Hot Girls Wanted: Turned On’, el placer a un clic

La manera en la que la sociedad se relaciona, sexualmente, ha cambiado radicalmente desde que llegó internet. A golpe de clic, se pueden encontrar todas las fantasías sexuales que el hombre puede llegar a desear. Desde las más inocuas, como la búsqueda de cariño por parte de una mujer, hasta las más dañinas, como la violencia física hacia el otro o el desprecio más brutal. Las creadoras de Hot Girls Wanted: Turned on deciden poner cara a esas personas que trabajan en internet para dar a sus usuarios todo lo que buscan. Si bien hay gente con principios que sabe dónde están sus líneas rojas, también se encuentran despiadados seres amorales que no conocen límites.

Hace dos años, Netflix ya produjo Hot Girls Wanted, un documental que exploraba la nueva vida de varias jóvenes que entraban en el mundo del porno. Ante las críticas por parte de la industria de dar una visión parcial y negativa, sus creadores se han dispuesto a alargarlo. Ahora, en seis capítulos de 45 minutos de duración y con la distribución de nuevo de Netflix, crean un relato de la relación del hombre con la tecnología, en cuanto al sexo.

En cada capítulo se explora un aspecto diferente de esta relación: desde la producción pornográfica propiamente dicha, pasando por las “cam-girls”, hasta las aplicaciones para ligar online. Sí que es verdad que algunas de las historias llegan directamente al espectador por su temática o su fuerte contenido humano, pero otras carecen de esa intensidad.

Rashida Jones, Jill Bauer, Ronna Gradus, creadoras de la serie – Netflix

El primer capítulo, titulado “Mujeres en la cima”, tiene como protagonistas a Holly Randall, fotógrafa porno y Erika Lust, directora. Ambas son profesionales conscientes de trabajar en una empresa famosa por su misoginia y quieren marcar la diferencia. El capítulo comienza con una frase de la madre de Randall, ex trabajadora de la industria, en la que se define como “feminista”. Una manera de descolocar a todo espectador con prejuicios. Erika Lust, por su parte, dirige su propia compañía de cine porno feminista. Explica que, actualmente, el porno es “la educación sexual” que reciben los más jóvenes y que la mayoría de sus contenidos son principalmente machistas. Por lo tanto, intenta meter a la mujer “dentro” de la industria creando obras en la que sean ellas las dominantes de la escena y sus deseos y fantasías sean materializados.

Este capítulo es el más luminoso de la serie. Sin duda, todo el pesimismo y la crítica que irradiaba del documental original contrastan con las ganas de cambio de este episodio. Todos aquellos que vean el porno “convencional” con malos ojos, seguro que descubren que tiene su lado bueno, y que puede ser explotado.

El segundo capítulo se titula “Quiéreme, Tinder” y sigue a James Rhine, un antiguo concursante de Gran Hermano que invierte su tiempo libre en ligar con chicas por la App de citas Tinder, acostarse con ellas y dejarles de hablar inmediatamente. Rhine, según comenta, lleva varios años con esta rutina, sin buscar el compromiso con nadie. Esto, que a él le encanta, contrasta con los sentimientos de ellas que, una vez que Rhine obtiene lo que quiere, no vuelven a verlo más. El protagonista asume que es una forma muy “superficial” de relacionarse con las personas, pero no ve ninguna culpa en el momento en el que una chica, desde el sofá de su casa, llorando, le dice que la ha tratado como una mierda.

A veces puede uno cuestionarse la veracidad de este personaje. Su comportamiento es compartido por muchas personas en la actualidad, ¿pero realmente la cámara graba su vida real? ¿James Rhine no es más que un personaje inventado? Está claro lo que la directora del episodio busca narrar, pero no está tan claro que este ejemplo tan específico pueda valer para explicar algo tan general como el uso de Tinder para ligar.

James Rhine y uno de sus ligues – Netflix

El tercer capítulo, “Propietarias”, sigue a varias chicas que se meten en el mundo del porno por necesidades económicas. Todas se definen como “feministas” y tienen claro los límites a la hora de ejercer su futuro trabajo. En este capítulo se reflexiona sobre el empoderamiento femenino en la industria. De hecho, hay mujeres que justifican la violencia sobre ellas porque son ellas las que deciden que se ejerza, que están empoderadas para tomar esas decisiones. ¿La respuesta al dilema moral? Que sea el espectador el que la resuelva.

El cuarto capítulo, “La toma del dinero”, es el más explícito de los seis. Narra el día a día de un actor negro en la industria. Se explican las mecánicas de trabajo en el rodaje de un vídeo porno, para los que se necesita una resistencia física muy elevada y, a veces, el consumo de sustancias que permitan darlo todo, sexualmente hablando.

La grabación de un vídeo porno – Netflix

El quinto capítulo, “Llévame a privado”, sin duda, es el que más emocionará al espectador. Alice Frost es una chica casada felizmente, que trabaja como cam-girl profesional desde hace más de cinco años. Un día, conoció a Tom, un chico obeso, con problemas de autoestima, con el que comenzó a mantener una relación más personal. Alice decide ahora ir a visitar a Tom tras cuatro años de relación para conocerse personalmente. Sin duda, es un capítulo amargo, en el que dos personas, acostumbradas al contacto superficial de la pantalla, deben descubrir el lado más profundo del otro. Alice se da cuenta que, por mucho que tenga cariño a Tom, su relación con él se basa en un personaje inventado por ella para sus vídeos eróticos. Tom, que busca desesperadamente a alguien que lo quiera, descubre que su amor por Alice es falso.

Se podría pensar que los dos protagonistas no son más que dos actores que interpretan dos roles inventados. Pero, a diferencia del segundo capítulo, este ejemplo, por su humanidad y profundidad psicológica, llega hondo al espectador, que vive en primer plano el lado negativo de las relaciones por internet.

Alice Frost, cam-girl – Netflix

El último capítulo, “No pares de filmar”, lejos de dejar a la serie en un todo lo alto, rebaja el nivel general de una manera brutal. La serie, visto lo visto, podría haber acabado en el quinto episodio. Narra la historia de Marina Lowie, una chica de procedencia rusa, que está acusada de cooperación en una violación por grabarla en directo mediante Periscope. Un caso que es no es capaz de empatizar con el espectador, ni en, muchas veces, conectar con la temática de la serie en su conjunto. El resto de capítulos, trata una perspectiva dentro de las relaciones del hombre con la tecnología, pero este trata un tema judicial que, aunque lo intenta, es incapaz de mirar más allá en la explicación de un comportamiento generalizado como es el del uso de Tinder o de las páginas de contenido pornográfico.

Marina Lowie – Netflix

Hot Girls Wanted: Turned On, con sus puntos fuertes y débiles, forma un lienzo en seis capítulos sobre las nuevas posibilidades de relaciones sexuales que surgen gracias a internet. Sin duda, la forma en la que la gente liga, se excita y se divierte es diametralmente opuesta a la que se hacía hace unos años. Uno de los argumentos más repetidos por todo el mundo en la serie para defender su trabajo es que, si ellos no lo hicieran, otras personas lo harían. Aunque es una forma muy débil de argumentar a favor de algo, sí que es clave para entender lo imperante que está este mundo en la sociedad.

El porno y el sexo puede ser un tema tabú en los medios de comunicación y en las conversaciones en el día a día, pero su importancia en la sociedad actual merece más atención de la que se le da. Sin duda, puede enrojecer a más de uno, pero nadie se ha propuesto, hasta ahora, explicar de una manera más o menos objetiva, sin entrar en juicios morales, un problema éticamente complejo, pero socialmente necesario.

No se trata de hablar de las partes negativas del mundo del porno, ni de criticar la superficialidad de las relaciones por internet, ni siquiera de decir que el contacto humano verdadero se va a acabar con las nuevas tecnologías. Sino de hacer una radiografía de una sociedad que transita por caminos que no conoce.

La próxima vez, cuando entréis en un portal porno, que lo haréis, pensad que hay gente detrás de todo eso.

Pensad que eso que os excita puede ser denigrante.

Pero pensad también que, aunque sea denigrante, esa persona ha decidido libremente realizarlo.

Alberto Monje

Periodista. Colaborador en @EsenciaCine.