‘Houdini’, el escapismo como filosofía vital

Cada vez resulta más difícil estar al día de las series que merecen la pena. A las cadenas tradicionales se han unido recientemente otras nuevas a las que seguir la pista. En este caso me refiero a History Channel. La cadena, famosa por sus documentales, se pasó a la teleficción en mayúsculas el año pasado con una de cal y otra de arena: la más que mediocre adaptación de La Biblia pronto quedó eclipsada por la excelente Vikings, de cuya segunda temporada hablamos por aquí hace poco. Antes, History Channel había tanteado con alguna miniserie, como la exitosa Hatfields & McCoys, y posteriormente ha repetido el golpe con Bonnie & Clyde y ahora con (la gran) Houdini.

¿Debemos hablar de Houdini como miniserie o como película para televisión? Realmente solo dura dos capítulos, unos 150 minutos en total. Pero poco nos importa si es una cosa o la otra, poner esa etiqueta corresponde a las cadenas en su intento por optar a premios para una u otra categoría. El caso es que nos encontramos ante un producto televisivo de mucha calidad, una adaptación libre de la vida real del escapista más famoso de todos los tiempos, interpretado por un excelente y carismático Adrien Brody.

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La historia abarca toda la vida del gran Harry Houdini, desde su infancia a su muerte, con la alegoría del escapismo siempre presente. Primero escapará de la pobreza de su infancia mediante el truco de cambiarse el nombre y hacerse pasar por mago; como afirma en uno de los diálogos citando a su admirado Robert-Houdin: «Un mago es tan sólo un actor que interpreta a un mago». Más tarde Harry logrará escapar del anonimato, y finalmente intentará el más difícil todavía, escapar de la más que inevitable muerte. Irónicamente será en su intento de escapada cuando se encuentre frente a frente con su destino.

Tiene sentido que la historia se parta en dos, ya que cada capítulo tiene un ritmo propio y un concepto independiente. Si la primera parte nos presenta la infancia y la conquista del éxito del escapista mediante un montaje frenético de tensión y velocidad in crescendo, en la segunda veremos, con un montaje más pausado, a un Houdini adulto haciendo de espía para el gobierno americano, y más adelante desmontando obsesiva y desquiciadamente la moda del espiritismo, superstición disfrazada de pseudo-ciencia que convenció a muchos intelectuales de la época, como al mismísimo padre del empírico Sherlock, Arthur Conan Doyle.

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La ambientación histórica de la serie es exquisita, así como la música y el montaje. Sólo hay una pega que puedo hacerle a Houdini, que se desvelen los trucos del escapista. Aunque bien es cierto que el inteligente guion nos revela algunos necesarios para seguir la trama pero mantiene otros en un mágico misterio (la famosa desaparición del elefante).

Houdini es una serie bien hecha, entretenida de principio a fin y muy inspiradora, pues nos acerca a uno de los personajes más fascinantes de principios del siglo pasado, aquel que nos hizo creer que la vida era sólo una ilusión, que nada era imposible y que pasara lo que pasara, siempre existiría un truco para poder escapar.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.