‘House of Cards’ y la quimera del poder

¡CUIDADO, SPOILERS!

Se comenta el argumento de la tercera temporada de House of Cards.

Tras el épico final de la segunda temporada no era muy difícil intuir que el inteligente guión de House of Cards se estaba desarrollando siguiendo una estructura clásica en tres partes. Si la primera temporada funcionaba para presentarnos a Frank Underwood y la segunda representaba su meteórico ascenso, la tercera debía mostrarnos las consecuencias y la caída del antihéroe político más carismático de la teleficción actual.

Lo que no podíamos imaginarnos es que esa caída tendría lugar de forma tan inmediata. El magnífico primer capítulo de la tercera temporada (la menos frenética pero la más madura y sutil hasta la fecha) nos cuenta, a través de los ojos de un Doug Stamper en pleno proceso de rehabilitación, las incontables dificultades a las que presidente suplente tiene que hacer frente tras su nombramiento.

La oposición, su propio partido, la prensa, el primer ministro ruso, incluso Claire… todo se le pone en contra a un Frank Underwood más humanizado que nunca. En los momentos más oscuros del protagonista, los guionistas se esfuerzan por mostrarnos su faceta más emocional, más vulnerable, con el fin de buscar nuestra empatía por tal despreciable personaje. En este sentido chirrían significativamente los dos momentos más escatológicos de la temporada, que nos recuerdan al frío, visceral y maquiavélico Frank de la segunda temporada en vez de al político más humano al que pretenden acercarnos en esta ocasión.

Storytelling y márketing político

La aparición del juego para móviles Monument Valley en una escena determinada de la temporada se percibe precipitadamente como un burdo «product placement» de manual. Pero lo cierto es que Ustwo, la desarrolladora del juego, confirmó poco después que no había dinero de por medio ya que no fue una decisión publicitaria sino totalmente argumental. Es un uso intencionado, un «macguffin» que ayuda a desarrollar la trama, del mismo modo que la introducción de otros elementos de la cultura popular como las subversivas cantantes y activistas Pussy Riot o el videojuego indie The Stanley Parable.

frank

Monument Valley es la clave para esa «humanización» del protagonista a la que me venía refiriendo. Su uso no solo nos muestra a un Frank más calmado y estratega, que prefiere en esta ocasión un bonito juego de puzzles a uno de los violentos y catárticos shooters a los que nos tenía acostumbrados. Sino que el juego para tabletas sirve también para introducir al escritor al que Frank contrata para vender su programa político «America Works», y que finalmente acabará escribiendo su biografía, tratando con ella de vendernos al propio Frank como un luchador que se ha hecho a sí mismo, como un corredor de fondo, como un patriota.

La historia novelada de Frank Underwood se escribe dentro la ficción para lavar su imagen política ante sus potenciales votantes al mismo tiempo que el propio guión de la tercera temporada nos acerca al antihéroe más que nunca a nosotros, los espectadores, para tratar de justificar muchos de sus actos e intentar que lleguemos a compadecernos de sus fracasos.

La quimera del poder

La presidencia del gobierno del país más poderoso del mundo puede parecer el objetivo final para un personaje sediento de poder. Pero Frank pronto descubre dos verdades que complican y expanden la trama para futuras temporadas: que el presidente de EEUU es una suerte de marioneta sin apenas poder, y que la lucha por conseguir la silla no es ni la mitad de complicada que la batalla por mantenerse en ella.

«Sometimes I think the presidency is the illusion of choice.» Frank Underwood

Brillante resulta en este sentido la aparición del presidente ruso, uno de los mejores secundarios que podemos ver en esta temporada y que representa al líder absolutista que no rinde cuentas ante nadie, ni siquiera ante el propio presidente de los EEUU o la ONU. Este presidente no solo resulta ser un freno para la política exterior de Frank, sino que su poder ilimitado será objeto de envidia para nuestro protagonista.

Pero al margen de presidentes extranjeros, conflictos bélicos y líderes de la oposición, el principal enemigo de Frank Underwood se encuentra en casa, en la propia sede del partido demócrata que busca quitarle de en medio a toda costa (como si del PP madrileño se tratara) y en la propia Claire, que comienza a cuestionarse moralmente muchas de las decisiones de su marido.

El empoderamiento femenino

La caída de Frank representa, simbólicamente, el principio del fin de eso que algunos denominan «vieja política». O al menos el nacimiento de una nueva conciencia política, más democrática, más plural, más participativa.

claire

No en balde, las primarias para designar al próximo candidato demócrata a las elecciones generales monopolizan gran parte de la trama de la tercera temporada. Y no es casual que sean dos mujeres las que compiten contra Frank por el puesto. Una, designada estratégicamente por el propio Underwood, no dudará en retomar todos los juegos sucios y maquiavélicos aprendidos de su maestro y repetir todos los clichés inmorales de la política patriarcal. La otra supone la verdadera esperanza de cambio, una opción comprometida, incorruptible y honesta. No deja de resultar irónico que en ocasiones sintamos (debido a nuestra empatía hacia el protagonista) cierta animadversión por esta candidata, quizás el único personaje verdaderamente ético de toda la serie.

Las mujeres tienen un papel fundamental en esta ocasión, desde las citadas candidatas a las revolucionarias Pussy Riot, pero si hay una mujer que verdaderamente eclipsa a Frank esta temporada es sin duda Claire. El personaje más interesante de toda la serie, interpretado por una magnífica Robin Wright, por fin toma el protagonismo que merece y comienza a alejarse de la alargada y oscura sombra de su marido.

Claire ha despertado, cuestionándose sus actos y el papel que desempeña en este juego político. Y eso son muy buenas noticias para nosotros, que ya esperamos con ansias una cuarta temporada, pero son muy malas noticias para Frank, que pierde su principal apoyo vital. Tendremos que esperar hasta el año que viene para descubrir lo que ocurre tras la disolución del tandem Underwood, pero hasta entonces una pregunta nos rondará incesantemente la cabeza… ¿será Claire la próxima presidenta de los EEUU?

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.