It’s all happening

Cuando empiezas algo, siempre hay un sentimiento que te hace sentir parte de ello.

Esta frase, «it’s all happening», utilizada en la película Almost Famous, refleja a la perfección lo que es formar parte de algo. Por un lado nos dice que algo esta ocurriendo y por otro que tú formas parte de ello. En la película, cuando están de bajón, hay alguna reflexión, o directamente están en mitad de una fiesta, Penny Lane le dice a William, el protagonista, “it’s all happening’. No se trata de una frase dicha en mitad de una borrachera, sino algo más profundo, lo que quiere decirle es que forma parte de ese momento, de la historia. Formas parte de algo y esta frase lo que hace es recordártelo, darte ese toque de fama que de otra manera no tendrías.

Son pocos, muy pocos, quienes a lo largo 
de la historia prevalecen en la memoria
 común. Y esta frase, sin embargo, te lleva a vivir los pequeños acontecimientos como si tú fueses la estrella del momento.

Hace unos años, en el puente de todos los santos, reviví la experiencia de volver a ver Dexter. La empecé a ver unos años antes pero, con lo difícil que era ver series por aquel entonces, 2006, o por lo menos para mí, mucho antes de que empezase el boom de las series, tuve que acabar dejándola a un lado. Años después, una serie de conversaciones, llenas de fascinación, con un amigo me llevaron a retomarla.

Hacía frío, la chimenea iluminaba la oscura habitación, conecté el ordenador, tecleé un poco, encendí algunos interruptores, presioné la barra espaciadora y la pantalla se iluminó. Me senté en el sofá, y empecé a ver Dexter.

El tintineo inicial de la introducción ya me había absorbido y durante el puente entero me vi de nuevo la primera temporada. La introducción es algo sorprendente. Nunca antes nadie había imaginado que podía haber tanto significado simbólico en cortar un poco de beicon, comerte unos huevos fritos o triturar café. La escena en la que se pone la camiseta supone el éxtasis de la introducción. No sé a vosotros, pero a mí una emoción de ansiedad me recorre el cuerpo cuando la veo. No hay mejor carta de presentación para una serie de psicópatas.

Ese día, ese puente, comenzó un vínculo de unión entre la serie y yo. No quiero parecer raro pero, al igual que cuando viste tu primera película de Star Wars u otra película inmortal, ese día no se olvida. Con las series se podría decir que pasa lo mismo, aunque llevándolo a niveles diferentes y con una dificultad añadida, te tienen que cautivar durante años.

No sabría describirlo, pero las primeras temporadas tenían algo especial, te provocaban simpatía hacia un psicópata. Los pensamiento de Dexter te fascinaban, te atrapaban como si sonasen en tu propia cabeza. Era algo novedoso. Dexter no tenía capacidades sociales para relacionarse y en cada capítulo, a parte de la trama de asesinatos, íbamos viendo como afrontaba esas nuevas dificultades que se le planteaban.

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It’s all happening.

Desde ese día hasta hoy, puede haber sido la calidad misma de la serie o ese día, pero Dexter me ha fascinando siempre como el primer día. Da igual que se repitiese la misma estructura argumental, que se recreasen en ciertos aspectos. Siempre venían a mí esas emociones del primer día.

Formo parte de ello y no quiero dejarlo escapar. Cuando comienzas a ver una serie o una película se crea un lazo entre la serie o peli y tú. La serie tiene mayor capacidad para aumentar esa relación ficción-espectador pues durante horas te vas familiarizando con los personajes hasta tal punto que son como si fuesen reales. Te sientes parte de ellos.

Ahora, bueno ayer, se estrenó el último capitulo de Dexter, se acabó. Durante estos años la serie ha ido perdiendo calidad, pero más que por el guion, repetición de argumentos, es el alargamiento de algo que tuvo que concluir hace tiempo.

Cuando te comes un postre, o algo que te encante, la primera cucharada te llena de satisfacción y quieres más. Pero, si sigues comiendo, llega un momento en el que te cansas, ya no quieres más, estás empachado. No quiero decir que sea mala o que se repita, a mí no me importa, pero, como con las películas, que a veces son muy largas, (3 horas, buff), aunque hay algunas que nos encantan, las series no pueden tener más de cinco temporadas, una arriba o abajo. Hay que saber decir basta.

Años viendo horas y horas de una serie, estableciendo recuerdos que nunca olvidaremos pero que como todo llegan a su fin. No es que estemos locos, pero las series, al igual que ver un partido de fútbol con los amigos, nos permiten crear lazos entre las personas.

Hemos sido parte de algo y ahora hemos de dejarlo pasar, buscar nuevas experiencias.

«It’s all happening.»

Guillermo García Ors

Madrileño que no concibe un mundo sin el séptimo arte. Estudiante de Medicina, pero fascinado por la Literatura en todas sus expresiones. Buscador de nuevas experiencias.