La pareja imperfecta y los amigos ideales

Si algo me gusta de las series respecto a las películas es que permiten ver como evoluciona la relación de pareja. Es decir, que en cualquier comedia romántica, lo que nos suelen mostrar es cómo se conocen, se enamoran y deciden iniciar esa relación los protagonistas, pero poco vislumbramos de lo que pasa después, que al final, es lo interesante del asunto. ¿Tendrán las mismas discusiones de pareja que yo? ¿Tendrán realmente un futuro juntos?

Es cierto que uno de los pecados de las series es tenernos con la intriga de si se lían o no durante un número infinito de temporadas. O del se quieren, ya no se quieren, lo dejan y vuelven o del nos hemos acostado, pero no iba en serio, no os lo creáis. Más allá de estos trucos para mantener la atención del espectador, que hemos sufrido en parejas, como por ejemplo Richard Castle y la detective Kate Beckett en Castle, o Seeley Booth y la Dra. Brennan en Bones, es cierto que cada vez podemos ver mucho más sobre la rutina en pareja en la pequeña pantalla.

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Así, podemos recrearnos con las parejas de larga duración, esas que comenzaron juntos su andanza en la ficción, o que en el momento en el que decidieron establecerse, nos marearon, pero menos. Un ejemplo sin duda serían Marshall y Lily en Cómo conocí a vuestra madre. Una pareja que pese a ser excesivamente pastelosa, sabe lo que es pasar por traumas como hacer pis delante del otro, o que, dado un momento, se replantea la necesidad de crecer como personas fuera de la relación. Esas cosas que pasan en la vida misma.

Más recientemente en The Big Bang Theory, y sin los vaivenes a los que nos tienen acostumbrados la pareja protagonista, Howard y Bernadette se han consolidado como referencia de pareja estable, y nos ofrecen de cuando en cuando sus conflictos sobre la diferencia de salarios entre hombres y mujeres, sobre los repartos de las tareas del hogar o el avenirse con la familia política, sin dejar de ser por ello una pareja estupenda.

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Sin embargo, siendo cierto que las series intentan ofrecernos un lado más realista de las relaciones sentimentales, esto no pasa así con las relaciones sociales. Sobre todo con lo referente a las amistades. Si en algo coinciden series como Friends, Cómo conocí a vuestra madre o The Big Bang Theory, aparte de en un apabullante éxito, es que nos muestran el grupo de amigos que todos quisiéramos tener, y en realidad casi ninguno tenemos. Salvo alguna rencilla puntual, la dinámica del grupo siempre funciona, incluso entre chicos y chicas, y ni siquiera se cansan de verse todos los días en el mismo lugar, ya sea el sofá de casa o el del bar. No se distancian al encontrar nuevas parejas, el trabajo no les quita tiempo de estar juntos, y las peleas nunca les duran mucho rato.

De hecho, temas que podrían pasar algo más de factura, como el compartir parejas (no olvidemos los escarceos de Rachel y Joey en Friends, la noche entre Penny y Rajesh o las idas y venidas de Robin entre Ted y Barney) no son una gran fuente de conflictos. Parece que en realidad es una de esas amistades verdaderas que si algunos conseguimos con algunas personas, no siempre suceden entre todos los miembros de un grupo.

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De entre todas las relaciones de amistad, para mí, la más paradigmática sería la relación de las chicas de Sexo en Nueva York. Son las amigas perfectas, se complementan las unas a las otras, no les importa ir a tu casa en mitad de la noche o atender mil llamadas ante el más mínimo conflicto sexual o emocional, y tienen como sagrada su reunión de solo chicas.

Si por ejemplo, entre las cuatro protagonistas de Girls podemos observar a lo largo de las temporadas como pese a seguir juntas las relaciones entre ellas varían, se juntan o se separan unas de las otras, y las rencillas salen a menudo a flote, las cuatro protagonistas de Sexo en Nueva York, salvo dos episodios aislados, están siempre al cien por cien las unas con las otras. Y sabemos que las amistades entre chicas suelen ser mucho más complicado que eso, aunque ojalá no lo fuera.

Todo ello me lleva a preguntarme si quizás estamos dejando de idealizar el amor y, en compensación, hemos comenzado a idealizar la amistad. Si hemos asumido que en un mundo donde ya nada es sólido, y las parejas van y vienen, necesitamos que algo permanezca, y ese algo son los amigos. Puede que por eso, la clave del éxito ya no es mostrar la pareja perfecta, sino el grupo de amigos perfecto.

Silvia C. Carpallo

Periodista, sexóloga y escritora. Freelance especializada en Sanidad. Autora de Blog Eros El País. Mi primer libro: El orgasmo de mi vida.