‘La Zona’, corrupción nuclear

A estas alturas, no hay duda de que España es un país con una difícil orografía moral y ética. Una superficie plagada de enfermedad donde todo se pudre. No en vano, las últimas producciones televisivas de carácter nacional –véase, por ejemplo, La Peste (Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, Movistar+, 2017-?)– han venido a recalcar y enfatizar sobre esta idiosincrasia enfermiza. La Zona no se queda atrás en el retrato. Según la definición del Diccionario de la RAE, lo nuclear se refiere a aquello que es perteneciente o relativo al núcleo. Y en la serie de los Sánchez-Cabezudo, lo nuclear está quebrado, podrido, roído por la bajeza moral de quien se mantiene como incuestionable centro de poder.

Quizás no haya una mejor manera de airear la podredumbre que una catástrofe natural (¿alguien ha dicho Prestige?). Por eso la metáfora del desastre nuclear resulta brillante en La Zona. La serie producida por Movistar se convierte en un detallado mapa de las debilidades de España como nación. Un país devastado y dinamitado desde dentro por la corrupción de jueces, cuerpos de autoridad y/o funcionarios de lo público. Una corrupción nuclear que actúa silenciosa como el cáncer sobre los cuerpos de esos liquidadores muertos en vida que muestra la producción. Esas personas –delincuentes que cumplen su pena en prisión– utilizadas como carne de cañón por un juez. España, enferma de sí misma.

‘La Zona’ muestra un entorno contaminado por un accidente nuclear.

La primera temporada de la obra ha dejado entrever tejemanejes político-económicos de gran calado, pero también ha reflexionado sobre la corrupción del poder judicial, los brazos armados institucionales y los grupos de presión con una capacidad decisoria muy por encima de la de los poderes fácticos y una complicidad mediática sin parangón. Por otra parte, el discurso también ha ahondado en la legitimidad de la violencia cuando hablamos de resistir y de luchar por lo de cada uno. En ese otro bando en el que estaría, por descarte, cualquier persona sin padrino. Sin duda, La Zona es una alegoría perfecta de la España en la que surge.

Una España en cuarentena en la que se desconocen los motivos reales del contexto actual. Una nación devastada por el insaciable apetito de los poderosos. Así las cosas, La Zona se acerca a obras magnas como The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrotta, HBO, 2014-2017) desde el desconocimiento y el desconcierto ante la catástrofe, pero también se abraza a títulos de corte más naturalista como Crematorio, la serie precedente de los autores, en la que también ofrecían una mirada a la corrupción que sufre España como un mal más endémico que circunstancial. Y quizás sea en el final de la trama donde radique el mensaje político más pesimista y real: un Gobierno que entierra el asunto para poder seguir adelante con sus tejemanejes. ¿O acaso esperaríamos otra cosa si la premisa de La Zona se hiciese realidad hoy?

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.