‘Liar’, la piel del cordero

A menudo, sobre el alma de un depredador descansa la piel de un cordero. Una sonrisa agradable, una gentileza fuera de lo común, una simpatía reconfortante. No en vano solemos bromear con esas declaraciones de los telediarios en los que siempre un vecino confirma que el asesino era una persona adorable y siempre saludaba con una gran sonrisa en el rostro. En Liar también somos testigos de la transmutación de ida y vuelta de uno de estos destructores.

La miniserie británica se lanza al fango desde su primer capítulo. Una acusación de violación, la negación de la otra parte y un pleito judicial, pero sobre todo moral, entre víctima y verdugo. Aunque en primera instancia la producción juegue a pisar sobre el terreno indefinido. Lo que está claro, y queda patente desde el primer acercamiento, es que en Liar chocan frontalmente dos mundos antagónicos. Como decíamos, el de la víctima y el del asesino. La primera es Laura, una profesora que tras acabar traumáticamente una relación decide darse una oportunidad y salir con Andrew, un doctor bien situado que se terminará convirtiendo en su peor pesadilla.

Todo comienza con una cena…

La mañana siguiente a la idílica cita todo ha cambiado. Un mundo se derrumba mientras que el otro sigue su curso. Pronto descubriremos que, en realidad, es un mundo el que ha derruido al otro. Liar se introduce en territorios pantanosos y, desde sus primeros compases, ofrece un discurso sobre los límites de la violación (que posteriormente veremos que sí ha sido tal). También sobre cómo la sociedad reacciona ante la acusación y el conflicto: con una pasividad espasmódica y restando importancia (el episodio de locura de Laura que se utiliza como atenuante) a lo que la víctima cuenta. El clásico “no será para tanto” que, seguramente, tantas mujeres habrán tenido que soportar al denunciar uno de estos abusos.

En ese flanco es, precisamente, donde la teleficción creada por los hermanos Williams interpela directamente al espectador. Primero desde la ambigüedad aparente con la que aborda el tema, sin acusar ni dogmatizar, para después, en el tramo final de la temporada, y desde el desarrollo de la acción, señalar directamente y advertir de cómo nos enfrentamos como sociedad a estos problemas. Generalmente dando la espalda y caminando hacia el lado contrario.

…cuyas consecuencias son nefastas.

Resulta interesante, por otra parte, el discurso que despliega la ficción sobre cómo internet ayuda (o no) en estos casos y sobre las reacciones que se dan también en el apartado virtual: el pasado de Andrew, el mensaje de Facebook de Laura y el rastreo que hacen del perfil de Earlham tanto la víctima como la agente Harmon, que posteriormente se convertirá también en “trofeo” para este psicópata de sonrisa irresistible.

A ritmo de thriller, y con todos sus códigos, Liar compone un fresco sobre víctimas y abusadores. Una mirada hacia la intimidad rota y hacia la humillación y el robo de voluntades. La coproducción británico-americana sirve como denuncia. También como reivindicación y mensaje de lucha. La sororidad actúa como eje clave de la investigación de Vanessa y de Laura, tanto por vías legales como por vías personales, y se instaura como una de las columnas básicas para enfrentar este tipo de vejaciones. Así las cosas, podemos hablar de esta miniserie como una querella moral, pero también como un canto de esperanza. Como aviso a navegantes: ahí fuera viven lobos con piel de cordero. Pero a esos también se les puede combatir. Solo hace falta dejar de mirar hacia otro lado mientras cazan y enfrentarse a ellos.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.