Los sueños rotos de ‘Silicon Valley’

Después de reseñar la primera temporada de Silicon Valley decidí bajarme de la serie. La «comedia» de HBO planteaba algunas ideas interesantes, pero ni el conjunto, ni el tono, ni el humor me parecían excesivamente contundentes. No tenía intención de continuar con la segunda temporada, pero probé el primer capítulo y noté algo diferente; habían refinado una fórmula y, sin llegar a ser perfecta, ahora resulta más consistente, más dinámica y más interesante. Con la tontería acabé enganchándome a los otros nueve capítulos.

La segunda temporada de Silicon Valley es más madura. Persiste el humor absurdo, pero focalizado en momentos concretos. El tono general no es de comedia tradicional sino más bien de constante fracaso, y eso resulta interesante. La serie nos habla de un entorno muy competitivo y hostil, un sector en el que tener una buena idea no significa precisamente que te toque la lotería, sino que da comienzo un pequeño infierno personal. Tras el ligero éxito alcanzado al final de la primera temporada, el reto de Pied Piper consiste en consolidarse como empresa y conseguir más dinero, para lo cual la empresa de Richard deberá pactar con el diablo en forma de inversores extravagantes y conservadoras juntas de administración. Además deberán hacer frente a empresas parasitarias que roban sus ideas, patrocinadores, demandas de multinacionales, y un sinfín de agentes más de la jungla darwinista del mercado tecnológico, que no se lo pondrán nada fácil a los recién llegados.

La dura realidad se impone y los personajes evolucionan en consecuencia. Tenemos a un Richard más maduro y algo más seguro de sí mismo, un Erlich más sabio y calmado, y unos Gilfoyle y Dinesh formando un duo cómico casi perfecto, con Monica y Jared algo más en segundo planoMuy destacables son también los secundarios representantes del poder económico y empresarial, como la incorporación de Russ Hanneman, un excéntrico mil millonario (Three Commas Club) o un Gavin Belson en estado de gracia, presidente de esa parodia de Google que es Hooly, y que protagoniza una gran parte de las escenas más divertidas en forma de parodia al mercado tecnológico.

Silicon Valley mejora en su segunda temporada. Comparada con la primera la encontramos mucho menos caótica y absurda, y mucho más contenida en cambio, sutil incluso cuando tiene que serlo. Las escenas cómicas están más trabajadas y no suponen el centro de la serie sino que se elaboran para detonar en el momento que deben hacerlo. Silicon Valley demuestra que se puede hacer humor para geeks sin caer en el empalagoso tono naïf y condescendiente de The Big Bang Theory.

La serie de HBO nos presenta,  con gran sarcasmo e ironía, un escenario injusto en el que ganar es difícil si no tienes dinero y poder. Bajo una apariencia absurda se encuentra una de las críticas al capitalismo más contundentes que hemos visto en la pequeña pantalla. La escena final de la segunda temporada, tras dos heroicos triunfos consecutivos, nos devuelve de un mazazo a la cruda realidad del terrible mundo del capitalismo tecnológico, en el que el talento no es lo más importante y los sueños no son otra cosa que puro marketing bien empaquetado.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.