Louie, Louie, you’re gonna die

Entre los adioses de Mad Men, David Letterman y el hasta luego de Juego de Tronos, ha quedado oculto el final de una de las mejores series de la televisión actual: Louie, la serie de FX, salió de nuestras vidas tal y como entró. Sin ruido, con calidad, ideas y la ligera esperanza de que haya cambiado un medio acartonado que sin Mad Men y Letterman va a perder brillo. ¿Se ha acabado la edad de oro de la tele? ¿Y no habéis dejado nada para mi?

Tras un año sabático y una errática cuarta temporada, Louie confirmaba su último año con una tanda de solo 8 episodios. La típica excusa de las series británicas para brillar más. Hacerla más cortas, siendo más efectivas que un paracetamol de cianuro. Postureo. Genial para recomendar una mini temporada de 1 episodio, pero fatal para un polvo de un minuto. ¡Injusticia! ¡Doble Rasero! ¡It boys, it girls, reivindicad la eyaculación precoz, here I go!

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Como es de esperar en Louie, y en una temporada de solo 8 episodios, Louie brilla más que un sol de diamantes. El nivel de los 6 primeros fue altísimo. Nota especial para el segundo, donde el pelirrojo consigue recuperar lo que más encuentro a faltar de Lena Dunham, los polvos slapstick de su primera temporada. Eso sí: cambiando el trauma de los primeros escarceos sexuales de la serie de las spoiled kids de Brooklyn, pero definitivamente elevando el listón con las perversiones sórdidas de los cuarentones decadentes. ¡Si las fotos de Ashley Madison hablaran! ¡Callarían las caras de Bélmez!

Pero es que además el pelirrojo nos ha dado grandiosas joyas televisivas, como el episodio 5×03, en que es capaz de ponernos el corazón en un puño al saber posicionarnos en el cuerpo de un abrasivo ex cuñado. (¿Puede haber algo peor que un cuñado? ¡Sí! ¡Ser un ex cuñado! ¿Se puede ser peor que un ex cuñado? ¡Sí! ¡Ser un ex cuñado que te debe pasta!). Los momentos de angustia de Louie CK buscando una pistola por Nueva York nos hace plantearnos si realmente es necesario cerrar temporadas de Juego de Tronos matando más personajes que La Peste Bubónica en la casa de los Kennedy.

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Y con algunas escenas de las niñas, algún monólogo transgresor, algún episodio digno de ir al MOMA y un par de rupturas telefónicas, llegamos al 5×07. El inicio del season finale. El series finale. ¿El final de la Edad de Oro de la tele?

Reconozcámoslo. Al gigante pelirrojo no le quedó un buen episodio. Pero aún así, el siempre resolutivo manager (¿¿¿ Es Iñigo Errejón???) la niña del hiyab y las 2 o 3 genialidades que Louie, a modo Messi o Nick Cave, son capaces de hacer aún en sus peores días, validan este episodio.

Un capítulo con que nos trae a un Louie enfurruñado y taciturno, como un filosofo alemán del siglo XIX delante de un filosofo griego del siglo XXI. Un episodio que nos desconecta del entrañable gordito que nos brindó los 6 mejores años de las sitcoms televisivas. ¿Por qué? ¿Para qué? Eso viene en el último episodio y las más de 10 horas de tertulia televisiva que tengo con mis amigos homeless del psiquiátrico de Badalona.

El último episodio nos coloca en una de las ciudades más aburridas del medio oeste americano. Que es como ser el ministro más aburrido del gobierno Rajoy. (A veces puedo agradecer la existencia de Montoro). Y en ese middle of nowhere que es Oklahoma, Louie comparte habitación con el típico cómico todoterreno, que tan pronto que puede imitar a José María García como te puede invitar a putas. Aquí Louie se sitúa en el lado del espectador de los cines Verdi en medio de la Feria de Abril de Parla, y pone un muro de silencio entre él y el graciosillo. Tal y como hizo José Mota con Juan Muñoz.

Y en medio de una actuación en uno de esos tugurios donde te apetece más abrirte a una reyerta que ver un monólogo, el alcohólico stand up comedian brilla y el snob New Yorker se hunde.

Esto acompañado de una lyncheante sesión fotográfica vestido de oficial de la Guerra Cívil americana, nos va meter en el final del episodio, de la serie, La Serie.

No os engañéis, el centro del episodio es una conversación entre Louie y el cómico mezquino, la que debería haber tenido conmigo el abusón que además se zumbaba a la guapa de mi clase, la que me gustaba. Tío, eres un triste. Un amargado. Tu mierda intelectualóide te aleja de los placeres de la vida y de tu público. Se puede ser un listorro, pero se tiene que reconocer que los chistes sobre pedos molan.

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Y señores, para mí no hay dragones, ni canciones de Journey , ni metralletas saliendo del maletero de un coche o gnomos transformándose en árbol. Pero hay una preciosa reflexión que a diferencia de Mad Men o True Detective, a mi este final me convence. Vale que también me convenció el de Seinfeld.

Louie se ha pasado 5 temporadas diciéndonos lo que sospechamos, la vida apesta. Tu cuerpo, a modo de la carrera de Nicolas Cage, tiende al subsuelo. La capacidad de estupidez del ser humano y la de los novios de mi ex van más abajo que la línea 10. Hay guerras, injusticias, mujeres gordas rechazadas por gordos calvos, hay enfermedades, y la séptima temporada de Sons of Anarchy… PERO, ser un buen padre, o al menos intentarlo, te hace el mundo un poco mejor.

Y la segunda y principal: La vida es algo demasiado trágico como para perderle el gusto a un buen chiste de pedos. Y esta es la moraleja que nos deja Louie o los efectos secundarios de mi sobredosis de gelocatiles.

Como el bueno de Louie CK se ha dedicado a ir salpicando de estas reflexiones sus 6 temporadas, sus monólogos y sus entrevistas en los late nights americanos. No ha necesitado de una epifanía de última hora, como Rust Cole en True Detective, ni una inspiración new age como Don Draper en Mad Men. Él nos ha puesto a modo de slogan que define una forma de pensamiento de acorde con el resto de serie, de su filosofía, de él. Unos ven la verdad en la biblia, otros comprando La Razón, yo la veo en Louie C.K.

Pero lo más grande es que lo hace con un golpe directo a su audiencia gafapasta, a esos que nos abrimos las venas cada vez que le dan un Emmy a Modern Family y no a Louie, Louie, Louie…. Porque en el fondo él no quiere ser Woody Allen. Seguramente en el momento en que el único que le gustaría ser Woody Allen es Bill Cosby.

Louie pretende situarse como representante del ciudadano medio, como recoge la biblia, Jesús no se reencarnó en Ministro del Interior, se reencarnó en sanador-pescador-carpintero con contrato de Man Power. Y nos ha dejado un mensaje:

Se ha acabado la televisión vanguardista, la sorpresa constante y la risa como antesala del llanto. Tendremos nuevas temporadas de 2 Broke Girls, Family Guy o Jimmy Kimmel Live… pero ¡qué caray! Hasta los últimos episodios de The Simpsons… muy de vez en cuando… son capaces de sacarte una sonrisa.

¿Alguna serie mediocre con la que ayudarme a pasar las vacaciones?

Manel Fernández

Monologuista, periodista y teleoperadora del teléfono de la Esperanza. Entregó su sueldo al casero y su corazón a Buffy Cazavampiros.