‘Man Seeking Woman’, ¿la broma infinita?

Santa Claus es un hombre infiel e infeliz al que le gustan las prácticas sexuales poco convencionales. Por su parte, Jesucristo es celiaco, descarga películas por torrent y le entusiasma John Wick (!). ¿De qué hablamos? Con este punto de partida solo podría tratarse de Man Seeking Woman, la última vuelta de tuerca a la comedia romántica, al bromance y a cualquier género que se nos ocurra citar para referirnos a ella. La serie creada por Simon Rich aúna todos los géneros sin llegar a enmarcarse claramente en ninguno, como ya dejó patente en la primera temporada. Los diez episodios de la segunda entrega vuelven a indagar en una concepción de estilo peculiar, que parte siempre de lo absurdo para alcanzar mensajes mucho más profundos de lo que aparentan.

De la misma forma que en la primera entrega, la metáfora ha vuelto a ser la herramienta más utilizada en esta decena de capítulos. Sin este recurso no existiría Man Seeking Woman. O al menos, no como la hemos conocido. El símbolo ha permitido, de nuevo, que la serie muestre la realidad con un filtro surrealista que, lejos de alejarla del espectador, le acerca situaciones de extrema cotidianeidad mediante la hipérbole. De esta forma, mediante la imagen, Rich ha conseguido mostrar la relación casi amorosa que puede llegar a mantener una persona con su coche (con el automóvil de Josh como uno de sus ligues); el recelo por desconocimiento de la mirada masculina ante la masturbación femenina (el consolador que resulta ser un tío bueno); la calvicie como una muerte de la autoestima, con visita de la Parca incluida; la tendencia a buscar a nuestras ex en cada nueva pareja (con la idea de los clones); la constante necesidad de reconocimiento (la graduación de la cerveza) o la representación de la clásica frase hecha “no saldría contigo ni aunque se acabase el mundo en cinco minutos”. La esencia que imperó en los diez primeros episodios de la producción se ha mantenido intacta y viva en esta continuación, que no ha hecho sino confirmar la concepción de un sello gamberro y aberrante, de una mirada crítica y ácida sobre la realidad que nos rodea.

La mirada de desconfianza de Josh lo dice todo. Kyle es el nuevo juguete erótico de moda.

Por otra parte, siguiendo la estela de lo visto anteriormente, la segunda temporada de Man Seeking Woman se ha reservado la inclusión de determinados mensajes de mayor calado entre las constantes bromas y situaciones cómicas. Es el caso de la apología de la libertad de decisión sexual y amorosa (cuando Josh comprende que, igual que él, Rose puede acostarse y salir con quien le apetezca, aunque eso implique que no pueda estar con ella) o el mensaje subyacente a uno de los episodios en el que se alude a la predominancia de los dispositivos móviles y la dependencia que ocasionan sobre las personas en la sociedad contemporánea. Siempre se ha dicho, y no sin razón, que el surrealismo y el absurdo son buenas maneras de alcanzar el corazón de la realidad.

Jay Baruchel y Eric André han vuelto a acaparar las miradas en un decálogo de episodios que ha desplegado, como no podía ser de otra forma, un impresionante catálogo de referencias genéricas y perversiones sobre los estilos referenciados. Desde el divertidísimo guiño perverso al slasher, con una absurda representación del clásico argumento de Sé lo que hicisteis el último verano (1×01), hasta las parodias magistrales de Kill Bill (2×09) o los Power Rangers (2×10). Así, Man Seeking Woman ha puesto en pantalla su propia versión de géneros cinematográficos tan consolidados como el de los abogados, el thriller, la comedia en sí misma o el acercamiento audiovisual al periodismo. Todo ello siempre desde su particular e incuestionable punto de vista.

Rosa, la compañera de trabajo que le gusta a Josh, conoce a Mike.

Se agradece, además, entre tanta chifladura, la acertadísima inclusión del punto de vista femenino. Si la serie es protagonizada y proyectada desde el punto de vista de Josh Greenberg, los creadores no han querido reducir las oportunidades de exploración a una focalización exclusiva sobre su carácter principal. Así, esta segunda temporada de Man Seeking Woman ha recuperado la visión femenina que ya introdujo la primera tanda de episodios. Los woman seeking man –esta vez dos– se han centrado en mujeres de absoluta relevancia para la serie. Primero en el episodio navideño, que cuenta desde el punto de vista de Liz Greenberg (¡gran personaje!) el affaire que esta mantiene con un turbio y cómico Santa Claus (¡el tren!); después, en el 2×09, con el contraplano que supone ofrecer el punto de vista de Rose, la compañera de trabajo que le gusta a Josh, novia de Jesucristo, a la hora de perseguir una relación (o no). Una perversión del propio concepto de la serie que, sin duda, se podría llevar a la pantalla como entidad independiente.

La segunda temporada de Man Seeking Woman ha permitido, por tanto, una continuación sobre los cimientos establecidos en la primera colección. Un avance en el camino establecido que, pese a seguir funcionando y divirtiendo, además de ofreciendo una mirada percutora sobre el mundo y la sociedad actual, corre el peligro de estancarse en la repetición de fórmulas. Estos diez episodios han conseguido solventar esta posibilidad, pero ¿lo conseguiría una tercera? Quizás la perpetuación del éxito pase por una nueva mutación todavía más radical (¿un cambio en el punto de vista?, ¿una Liz con mayor protagonismo?). De lo contrario, la serie podría convertirse en una (bendita) broma infinita.

El encuentro entre Liz y Santa Claus. ¿El momentazo de la temporada?

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.