‘Man Seeking Woman’, la perversión del «lugar común»

A estas alturas la siguiente frase puede sonar a tópico, y probablemente lo sea, pero no existe mejor forma de representar lo esencial de la realidad que a través de lo surrealista. ¿No es acaso la propia realidad absurda en su misma existencia? ¿No lo es el ser humano? La comedia ha roto –hace tiempo que lo hizo, no es nada nuevo– los moldes y el filtro de lo políticamente correcto. No siempre, es cierto que aún quedan zonas de confort por zarandear, pero sí comienza a existir una cierta nueva tradición de humor absurdo, de comedia del exceso y también de aquello que el crítico cultural Jordi Costa denominó post humor, ese género de la comedia en el que lo primordial ya no es la mera obtención de la carcajada.

Una de las apuestas seriéfilas de la cadena FXX (filial de FX) ha sido la comedia Man Seeking Woman, que encajaría perfectamente en la definición que podíamos establecer de esa nueva ola de comedia que se empieza a desarrollar en la ficción (y que, curiosamente, se ajustaría a los tres ejemplos genéricos del párrafo anterior). A priori, la serie podía parecer otro ejemplo más de falta de ideas traducido en una nueva comedia romántica en la línea de How I met your mother, y probablemente destinada a llenar ese vacío. Sin embargo, desde el piloto y en la propia presentación gráfica de la serie (el póster y los títulos de crédito) se evidencia que es justo lo contrario. La propuesta en sí no es nada novedosa: un veinteañero perdido –de esa generación que sufre y carga con esa horrible acepción– decide volver a salir con mujeres tras la traumática ruptura con su novia de siempre. Lo verdaderamente sorprendente –y aquí radica la gran novedad y el enorme acierto– es el tratamiento que se le da a la propia comedia, la total ruptura de barreras. ¿Es una comedia romántica? Sí, pero a la vez no. No, pero a la vez sí. ¿Qué es entonces?, ¿cómo la definimos? Es más, ¿es necesario hacerlo?

Man Seeking Woman no es ni una comedia romántica, ni una comedia al uso, por llamarlo de alguna forma. La ficción, creada por Simon Rich a partir de su libro The Last Girlfriend on Earth, sigue las peripecias de Josh y su mejor amigo Mike en la citada búsqueda del amor, da igual si eterno o pasajero. Sin embargo, este punto de partida es lo único a lo que se puede aludir como convencional en Man Seeking Woman. A partir de este planteamiento, la serie de FXX demuestra una enorme capacidad de generar situaciones tremendamente surrealistas a partir de escenarios absolutamente cotidianos. El punto de desarrollo en el que toma tierra la ficción es el denominado lugar común, pero este solo es utilizado con el fin de estrujarlo, pervertirlo, desmitificarlo y reconfigurarlo en favor del relato, pero sobre todo del dispositivo formal, en el que se apoya la producción.

De esta forma el espectador asiste a situaciones tan comunes como la primera cita tras una ruptura, el primer encuentro con la nueva pareja de la ex, las dudas a la hora de enviar un mensaje, la aparente necesidad de las familias y el entorno de emparejar a los solteros o el incómodo momento en el que presentar a tu pareja en sociedad. Hasta aquí todo normal; lo diferencial es que Man Seeking Woman decide representar todo esto como una cena con un troll (un monstruo real), la visión de la ex novia de Josh besándose nada menos que con Adolf Hitler, una comisión militar que ayuda al protagonista a redactar el mensaje definitivo para la chica a la que acaba de conocer, un interrogatorio y tortura de la madre para que él encuentre una pareja sea como sea o un late night a través del que ella (la madre) conoce a la novia de Josh. Brillante y surrealista, pero a la vez bastante ilustrativo desde esa pretendida exuberancia.

Adolf Hitler, un adorable viejecito que cuenta chistes y se liga a la más guapa.

Adolf Hitler, un adorable viejecito que cuenta chistes y se liga a la más guapa.

Man Seeking Woman no se guarda nada. A través de una puesta en escena completamente manifiesta y excesiva, el guion y la dirección de la serie trasladan el infierno del protagonista de una forma con la que cualquiera puede haber fantaseado en algún momento. La estructura de la primera temporada (actualmente se conoce que tendrá, al menos, otra más) atraviesa las fases convencionales de la ruptura, el duelo y la recuperación de una relación amorosa, pero para ello adopta un tono impúdico y desacomplejado, en la mejor de las acepciones posibles, que se convierte en la seña de identidad de la ficción. De esta forma, vemos corazones literalmente rotos, manos que piden a su dueño que pare de masturbarse o la representación del clásico amigo de la novia como Tanaka, un monstruo con forma de pene que, a su vez, tiene ocho virtuosos miembros. Por otra parte, más allá de ese surrealismo vertebral, Simon Rich juega continuamente con los estereotipos de la ficción cinematográfica, alternando inagotablemente los géneros en sus episodios, que pueden pasar de un thriller de serie B a una comedia romántica, una de terror o una buddy film con enorme facilidad y sin traicionar nunca el espíritu gamberro e irreverente que impulsa toda la producción.

Se puede hablar de Man Seeking Woman como una de las comedias más inteligentes y renovadoras de los últimos años de televisión. El talento con el que Rich y su equipo de guionistas trasgreden los tópicos (la lluvia asociada a la tristeza, el hombre perfecto homosexual o el abandono de los amigos tras emparejarse) y se ríen a carcajadas de la condición humana (o quizás sería mejor decir “la condición romántica” de los humanos) solo es comparable al desconcierto que generan esa codificación de las bodas como un auténtico inframundo cruel, la búsqueda de la pareja perfecta como un casting de universidades, la decisión de una pareja de compartir piso como la unión quirúrgica de sus cuerpos o la victoria final del amor como una dictadura extraterrestre que asola a la raza humana y le niega su propia condición. Los artífices de Man Seeking Woman entienden a la perfección el fin último del surrealismo y de la comedia del absurdo: pervertir la realidad y deformarla para devolver una visión más significativa de la misma. En su ficción, ese surrealismo sublima la propia realidad y lo patético de su protagonista para, acto seguido, ridiculizarlo hasta el extremo. Y con ello, a todos los que lo miramos, representados por el pobre Josh.

La cita con el troll, surrealista punto de partida de la serie.

La cita con el troll, surrealista punto de partida de la serie.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.