‘Manhattan’, el experimento de la familia moderna

El cartel que promocionaba la serie ya lo dejaba claro («nuclear family»), pero por si acaso la cabecera lo subraya: planos de ingeniera y fórmulas físicas se mezclan con huevos fritos, mesas de comedor, planos de viviendas e instrucciones de baile. Manhattan no habla (sólo) de la construcción de la bomba atómica, habla de la re-configuración de la familia moderna.

En el desierto de Nuevo México (cerca de donde Walter White cocinará su famosa «meta» azul décadas después) un proyecto secreto del ejército mantiene ocultos a cientos de científicos trabajando en el arma definitiva para terminar la Segunda Guerra Mundial. Pero no viven solos, en el valle se han instalado con sus familias, creando una pequeña comunidad de individuos, un experimento a escala que se adelanta en los temas claves por los que la sociedad norteamericana pasará tras ganar la guerra: el empoderamiento de la mujer, el divorcio, la homosexualidad…

Los guionistas de Manhattan se quitan pronto de encima el problema moral del proyecto atómico, acudiendo al socorrido alegato de la inevitabilidad histórica: si nosotros (los buenos) no construimos la bomba, lo harán los otros (los malos). El proyecto homónimo se enfoca como una lucha de egos entre el Dr. Frank Winter (responsable del proyecto de implosión) y el Dr. Reed Akley (responsable de Thin Man), una carrera competitiva que podríamos aplicar a cualquier otra innovación tecnológica.

La serie se centra más en las bajezas humanas y en el entorno social. En un intento de crear una Mad Men de la era atómica, Manhattan analiza los cambios sociales que se intuyen en la colina de Los Álamos y que cambiarán el mundo como una bomba nuclear, precisamente al poco tiempo de explotar las físicas.

Estamos ante una serie interesante, que profundiza en un momento histórico poco explorado con anterioridad, descubriéndonos un paradójico proyecto que busca perpetuar la libertad americana a golpe de secretos y opresión militar. Sin embargo, el guión en ocasiones deambula en círculos, sin terminar de avanzar, y se echa de menos una mayor reflexión ética sobre el proyecto atómico, o una visión más detallada del lado alemán. Problemillas que esperamos se solucionen en la confirmada segunda temporada.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.