‘Mildred Pierce’, un sello de estilo

El estreno en salas de la soberbia Carol supone una oportunidad de oro para revisar la obra inmediatamente previa de Todd Haynes, la serie Mildred Pierce (HBO, 2011). Sobre todo porque en la miniserie está la génesis del film. Los dos últimos trabajos del cineasta, uno para televisión y otro para cine, suponen la constatación de una autoría, un sello de estilo propio que llega a través tanto de la narración como de la propia imagen.

En la mayoría de sus títulos, Todd Haynes sitúa su mirada sobre el papel de la mujer, sobre todo en el siglo XX. Tanto en Carol como en Mildred Pierce, la narración es adaptada de una novela. En el primer caso, el material de partida se circunscribe a la sociedad de los años 50 que recogió Patricia Highsmith (bajo seudónimo) en su novela El precio de la sal, que posteriormente publicaría con su nombre real y bajo el título de Carol. En el caso de la miniserie de HBO, el punto de origen también proviene de las letras, en este caso aquellas con las que James M. Cain contó la historia de una madre divorciada que lucha por sacar adelante a su familia en los años de la Gran Depresión. En este sentido, y en muchos otros, se puede hablar de Carol como una solución de continuidad de la Norteamérica que muestra Mildred Pierce. Y como un reverso de la que narró Lejos del cielo (2002). El diálogo entre las tres obras del autor es inagotable.

La miniserie de Todd Haynes se desarrolla, fundamentalmente, en dos líneas. Por un lado, el cineasta despliega la historia profesional de Mildred (fantástica Kate Winslet), una mujer que tras divorciarse decide iniciar una aventura empresarial en el negocio de la hostelería, en el que, además, domina con fruición el sector de la repostería y las tartas. Esta línea vertebral de la obra permite a Haynes mostrar cómo se podía adaptar la mujer de aquella época a un mercado que los hombres acaparaban por completo. En este sentido, Mildred Pierce es una serie que aborda la evolución de la mujer en un entorno ciertamente hostil para que se dé esta circunstancia. Una mirada que, con asideros distintos, establece un paralelismo nada desdeñable con la sociedad contemporánea. En la otra orilla encontraremos, como segunda columna vertebral de la teleficción, la vida personal de la protagonista. El creador explora las relaciones que establece la heroína con todo su entorno. Por encima de todas prima la más problemática, aquella que mantiene con su hija Veda. Más allá de esta relación tan tóxica como primordial, Todd Haynes se centrará en la influencia de los hombres sobre la vida y decisiones de Mildred. Bert Pierce, su ex marido, Wally Burgan y Monty Beragon se repartirán las atenciones de la mujer según cada momento. La dosificación con la que el guion de Todd Haynes hace que aparezcan permitirá que el personaje central y más importante sea siempre, sin lugar a dudas, la mujer independiente. Como en el grueso de su filmografía, este hecho nunca acepta la duda.

La relación entre Mildred y Bert es una de las patas de la serie.

La relación entre Mildred y Bert es una de las patas de la serie.

El autor de Safe (1995) se sirve de todos los recursos cinematográficos para establecer y delimitar su relato. La puesta en escena de Haynes es inconfundible, sobre todo si vemos Mildred Pierce tras el visionado de su Carol. El coche aparece como un sinónimo de transición, del movimiento perpetuo al que se somete Mildred, en una sociedad profundamente cambiante a pesar de vivir enclaustrada en ciertas jaulas. Los cristales sirven como metáfora del claustro que es para la mujer la sociedad de los primeros años de siglo XX. De la misma forma que en la película, Haynes utiliza el velo acristalado para hablar de cómo la mujer vive en una especie de espacio cerrado del cual pelea por salir. En este sentido, la cámara lucha con sutiles movimientos por buscar el exterior, la calle, lo que acontece fuera de esa burbuja impuesta. Como si de la mirada de la protagonista se tratase.

El uso de elementos narrativo-audiovisuales es permanente en Mildred Pierce. Sorprende, a este respecto, la elipsis central que tiene lugar entre el episodio 3 y el 4, que permite la aparición de Evan Rachel Wood para interpretar de forma brillante a la Veda adulta. La actriz recoge todos los tics que en los tres primeros capítulos había mostrado la interpretación, no menos rescatable, de una jovencísima Morgan Turner y los adapta al periodo de madurez del personaje. Este avance en la línea temporal sirve al director para mostrar el progreso y la expansión del emporio Mildred’s, así como el deterioro, si es que era posible que lo hubiese, que sufre la relación madre-hija (con un sorprendente giro final, rodado con la exquisita delicadeza que ha caracterizado las últimas obras de Haynes, y que también reluce en la secuencias operísticas de Evan Rachel Wood).

Evan Rachel Wood, fantástica como la Veda adulta.

Evan Rachel Wood, fantástica como la Veda adulta.

¿Se podría catalogar Mildred Pierce como una miniserie? Evidentemente, su estructuración en capítulos lo indica. La solución de continuidad que establece el creador en su desarrollo indica, en cambio, que la producción es más cinematográfica que televisiva en su origen. De hecho, al propio director le gusta referirse a ella como una película de cinco horas. La firma única en cada apartado corrobora, por otra parte, su tesis. Los cinco episodios de la miniserie están escritos y dirigidos por Todd Haynes, mientras que sus colaboradores habituales permanecen en sus puestos de principio a fin. Tanto el trabajo fotográfico de Edward Lachman como la exquisita composición de Carter Burwell –exactamente la misma dupla que en Carol– engrandecen la propuesta y la enmarcan dentro las constantes de Haynes. Este proceso de continuidad que propone el propio creador hace de Mildred Pierce una miniserie autoral, una demostración de que la autoría es perfectamente compatible con la estructuración episódica del relato, es decir, con la teleficción. Una marca estilística a través de lo formal, pero también de las constantes temáticas, que confirma que Carol es la hija mejorada de esta producción de HBO. Y Todd Haynes, un consumado autor.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.