‘Mira lo que has hecho’, matrimonio con hijo

¡CUIDADO, SPOILERS!

Esta pieza revela datos e información sobre la primera temporada de la obra.

La ficción suele ser un buen vehículo para estudiarse a uno mismo. Da igual si desde la posición del creador o del espectador, pero quién no se ve reflejado en según qué situaciones de las que aparecen en pantalla. Consciente de ello, Berto Romero, que siempre ha jugado a personalizarse en sus apariciones televisivas (monólogos, colaboraciones con Buenafuente, etc.) para sacar la carcajada, ha compuesto en Mira lo que has hecho un (auto)retrato de la paternidad oculta. De todo aquello que, en beneficio de lo bello y la buena palabra, nadie nos dice sobre qué significa ser padres.

La miniserie, creada para Movistar + (¡vaya carrerón ha cogido el gigante!), ahonda en los problemas reales de la paternidad. En las dudas, las incertidumbres, el cansancio y, sobre todo, los miedos. Con un hálito autobiográfico claramente marcado, Romero ofrece un salto al vacío en el que deja a un lado la imagen de cómico y monologuista en la que lo veíamos hasta ahora para resituarse como un guionista ácido y tierno a la vez.

De la mano de Eva Ugarte, como fantástica pareja interpretativa, y de Carlos Therón en la dirección, Berto Romero, que escribe junto a Rafael Barceló y Enric Pardo, revira el argumento clásico del romance para incluir un tercero “en discordia”, el hijo, en el centro de la pareja. Porque donde caben dos, lo hacen tres, pero esta novedad conlleva una serie de renuncias, novedades y conflictos. Así las cosas, Mira lo que has hecho supone una atípica mirada hacia la familia (el núcleo y los satélites: suegros, hermanos, cuñadas, etc.).

La mirada hacia la familia permanece en la base de la trama.

En este sentido, uno de los grandes aciertos de la obra es la capacidad de su autor para preguntarse cosas de las que no conoce la respuesta. La necesidad de empaparse de unos padres primerizos se convierte en la inquietud ante el futuro o, más allá, en la incapacidad de comprender qué buscan y cómo se relacionan las nuevas generaciones. Y precisamente en esos momentos de duda, en los que Berto Romero parece desnudarse a sí mismo como persona, es donde Mira lo que has hecho brilla con una luz más intensa gracias a la puesta en escena (¿quién dijo que la televisión adolecía de ella?) de Carlos Therón.

De esta forma entendemos mejor la división vertebral de la obra. Se puede hablar de una serie con espina bífida: los tres primeros capítulos se centran mucho más en todo lo relacionado con la relación padre-madre-hijo, mientras que en los tres últimos, Romero y cía. amplían sus horizontes y regalan reflexiones que sobrepasan con solvencia la trama central de la serie. En ambas, la forma es importante. En los primeros tres capítulos, destaca la representación de las imaginaciones, sueños, miedos de Alberto Romero en torno a la educación y el amor de su hijo. Composiciones oníricas, de gran frescura, en la que actores famosos (el futuro de Lucas, el hijo, en la piel de Luis Tosar es brillante) interpretan los papeles principales.

Un fotograma del fantástico episodio 1×04.

Por su parte, la metamorfosis que sufre la segunda mitad de la obra obligaba a Therón a ofrecer una mímesis de las formas. Y lo consigue. Como muestra, ese montaje alterno (1×04) que rompe el continuo espacio-temporal para que pasado y presente se den cita en un cruce en un amago de accidente de tráfico. Una manera magistral de representar los peligros de categorizar y, a su vez, la brecha generacional que impide que hoy entendamos algo que ayer nos pudiese haber parecido una evidencia. El cuarto episodio, Hotfire, se puede leer, además, como una crítica ácida y llena de una sutileza brusca a ese entorno youtuber en el que parece que el humor es un “todo vale”. Esa mirada a lo desconocido, a lo incomprensible, continúa en los episodios 1×05 y 1×06, cada uno a su manera y con tonos distintos. En el primero, Berto se cuestiona los fenómenos virales y consigue una representación bastante gráfica de su funcionamiento. A este respecto, el creador parece encontrar si no una respuesta, sí una aproximación. Distinta será la cuestión (y el regusto) que nos lanzará el magnífico cierre. La gran pregunta. En esos 20 minutos, la cámara se situará a la altura de sus personajes y alternará su punto de vista entre los ojos vigilantes de los padres y la mirada inocente y tierna de los hijos, para, tras la bienvenida, asistir a una despedida triste y tan verosímil que termina por doler. Quizás Berto Romero haya dado con la representación más natural, tragicómica, agridulce y profundamente real de la vida misma. Todo aquello con lo que podemos reír y llorar. Todo lo que transcurre entre un hola y un adiós.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.