‘Mom’, reírse de una vida de mierda es posible

Se ha dicho demasiadas veces eso de que es mejor poner una sonrisa a la vida, por muy puta que sea. Tantas, que a un insensato como Chuck Lorre se le ocurrió que podríamos reírnos de una historia llena de drogas, alcohol, cárcel, muerte, desahucios, una maternidad desastrosa… Una vida de mierda, al fin y al cabo, que protagonizan Bonnie y Christy, madre e hija, y que tiene al espectador en constante lucha interna con un ilusorio límite del humor.

Mom era en su esencia una comedia sobre las tragedias cotidianas, con dos mujeres que repetían los mismos errores que se reprochaban mutuamente: elegir al peor hombre, ser madre en solitario, y desatender a los hijos. Pero lo que en la primera temporada era puro entretenimiento, en la segunda, recién terminada, ha pasado de ofrecer risas enlatadas a una excusa para llorar, sin gracia. Un desarollo por el que habría que remontarse al principio, donde realmente existían condimentos poco forzados para emitir una suave carcajada.

La clave de la serie es Christy (Anna Faris), cuya felicidad parece la sombra de Peter Pan, doblada y guardada en un cajón a la espera de que alguien pueda coserla a la suela del zapato. Tras dos temporadas ese momento no solo no llega, sino que está aún más lejos. Conocemos a Christy como madre soltera de dos hijos, maltratada por una de sus parejas, ex alcohólica y con un trabajo de camarera que pretendía ser temporal y ya va por diez años.

Su personaje no se entiende sin Bonnie, a quien interpreta una maravillosa Allison Janney, ganadora de un Emmy por este papel. Bonnie Plunkett marcó el devenir de las mujeres de la familia sacando a su hija adelante sin la ayuda de su pareja, Alvin, pero rodeada de drogas y alcohol, en constante coqueteo con la cárcel. De esa vida no vemos nada, pero lo sabemos casi todo. Ambas asisten a alcohólicos anónimos, crían a Violett y Roscoe, e intentan corregir errores mientras siguen maldiciendo una vida que se empeña en poner obstáculos aparentemente insalvables.

FOTO 2

– Mientras otras madres estaban haciendo la cena, tú estabas cocinando meta.

– También conocido como trabajar.

Nadie mejor que Christy para explicar la situación desde la primera sesión de alcohólicos anónimos: «Llevo 118 días sobria. No aplaudáis, han sido los peores 118 días de mi vida. No quería convertirme en mi madre, y lo hice. Bebí como ella. Pasé por los hombres como ella. Fui egoísta con mis hijos, como hizo ella. No sabía vivir de otra forma, era mi modelo. Algunas madres enseñan a sus hijas a hornear. La mía me enseñó a pasar un registro de cavidades corporales como una señorita». Y allí estaba Bonnie sentada, esperando a que su hija no le hiciera responsable de cada mísero detalle de su propia vida. Desde entonces, su relación estará marcada por reproches constantes que con el tiempo se convierten en simples envoltorios de un gran amor.

Violet y Roscoe, los menores que completan un perfecto cuarteto familiar, apenas suponen un aderezo para ambas. La primera porque se queda embarazada muy joven pero da pasos diferentes a sus antecesoras. El segundo, porque duerme en un armario y es fruto de la relación de Christy con Baxter, quien hasta hace poco vivía en una furgoneta. Ambos personajes se van a desvanecer en la segunda temporada, donde solo son rescatados al final para añadir una pizca más de desilusión.

En la segunda temporada, madre e hija viven una nueva realidad. Los problemas económicos se agravan y pasamos de dificultades para vivir sin alcohol a dificultades para vivir sin amor, en todas sus variantes. Lorre, creador de The Big Bang Theory y Two and a Half Men, nos narra ahora una tragicomedia, donde la familia logra superar todos los obstáculos pero con graves consecuencias para las protagonistas, cada vez más solas.

CBS nos ofrece una serie donde el hogar se expone a la ruptura de forma constante, primero por decisiones propias y más tarde por factores externos. Un embarazo no deseado, un desahucio y una muerte son circunstancias por las que pediríamos permiso para reír, pero el sarcasmo de las protagonistas se antepone magistralmente y crece al mismo ritmo de unas risas enlatadas que condicionan al espectador.

Este producto de CBS tiene más talento que originalidad en el guión. Con muy pocos recursos y bajas pretensiones, Lorre explota al máximo el humor negro en una historia que se gana al espectador con mucha humildad y un memorable trabajo de su reparto. En esta segunda temporada el trabajo de Allison Janney destaca sobre una Anna Farris que se manifiesta en ocasiones repetitiva. Pese a que solo ella parece sostener el nivel, las cifras de audiencia son inmejorables, por lo que habrá una tercera temporada recién anunciada.

Mamen Hidalgo

Ojalá Don Draper y Alicia Florrick tomando una copa de vino en el universo paralelo de 'Fringe'. Periodista. En 20 Minutos.