‘Mr. Robot’: las dos caras de Whiterose

¡ATENCIÓN, SPOILERS!

Contiene spoilers del final de la primera temporada.

Aunque lleve tan sólo una temporada, Mr. Robot promete convertirse en uno de esos éxitos televisivos que aúnan a la crítica y al fandom por igual. De ella suelen destacarse su marcado aspecto visual (esa composición de los planos con los personajes en un extremo), su discurso revolucionario, la interpretación de su protagonista y el juego metatextual que establece con el espectador. Pero hay elementos secundarios como el personaje de Whiterose, que aunque puntuales, son igualmente interesantes.

A lo largo de esta temporada empezamos a escuchar el nick de este hacker como si de un mito se tratase: una leyenda entre los hackers que ni siquiera nuestro habilidoso protagonista podía llegar a conocer en persona. Esta bruma que lo envolvía (porque en un inicio, reconozcámoslo, todos pensamos que se trataba de un hombre) desaparece en el fugaz encuentro que tiene con Elliot en el octavo episodio.

Esta escena no sirve sólo para que Elliot conozca el porqué de la retirada del colectivo de hackers chino Dark Army de la operación contra E(vil)Corp, de paso aprovecha para romper unos cuantos esquemas preestablecidos. White Rose no es un hombre, es una mujer transexual (tal y como afirma aquí el creador de la serie), pero más importante aún, es una hacker obsesionada con el total rendimiento del tiempo cuya identidad de género no es ni siquiera mencionada, porque en nada influye en el desarrollo de los acontecimientos.

Al contrario de lo que es habitual ver en televisión, Mr. Robot introduce a una mujer transexual sin necesidad de crear toda una trama explicativa en torno a dicho hecho. No estamos ya en los casos de Transparent, Orange is the new black o en la británica Hit & Miss en los que la identidad de género de los trans es el centro de la narración, sino en un terreno en el que este detalle se toma como algo neutro, una pincelada más de un complejo individuo.

Imagen 1

Esto podría haber quedado en un curioso detalle si no fuese por la reaparición sorpresa con la que Whiterose cierra la primera temporada. Mientras un bellísimo plano secuencia nos introduce en una mansión donde anónimos billonarios parecen debatir sus estrategias, un hombre camina justo a un paso de nosotros. De nuevo nuestras ideas preconcebidas nos llevan a deducir que se trata de algún otro de los hombres millonarios que pueblan este selecto ambiente.

La sorpresa llega cuando al fin la cámara nos revela el rostro de nuestro caminante junto a un pitido de su reloj. Sólo hay una persona que podría tener una alarma programada para que sonase minuto a minuto: Whiterose. Pero… ¿qué hace la hacker entre los hackers en ese contexto?

Imagen 2

Las interpretaciones de esta críptica escena pueden ser múltiples, pero gracias a la entrevista arriba enlazada podemos llegar a entender la superficie de la misma: sí, es White Rose y sí, sigue siendo la mujer transexual que conocimos hace dos episodios, sólo que ahora disfrazada de hombre y convertida en un billonario capitalista.

Esta vuelta de tuerca, este pase de la totalidad naturalidad del primer encuentro con el giro con el que ahora se presenta muestra hasta qué punto Sam Esmail se siente cómodo con un tema tan complejo como el de la transexualidad: sólo cuando después de introducirlo como un elemento secundario eres capaz de invertirlo de esta manera puedes decir que lo has dominado.

Como ya dije en un inicio, la transexualidad del personaje es secundaria, lo principal es cómo su continuo cambio (de mito hacker a millonario capitalista, de apariencia femenina a masculina) nos hace reflexionar sobre si a día de hoy (y en una serie como esta) podemos seguir hablando de cambios, ruptura de patrones, o si el haz y el envés se han fusionado en una cinta de moebius. ¿Está Whiterose infiltrada o jamás ha sido un hacker? ¿Es a la vez hacker antisistema y millonaria?

Tal y como cuenta el genial monólogo de Slater en una Times Square a la vez repleta y desierta, “¿Hay algo que sea real?” Ante lo que podríamos preguntarnos: ¿Cómo clasificar los opuestos que Whiterose enlaza si ni siquiera sabemos dónde acaba uno y dónde empieza el otro? Quizá la respuesta, como el visitante (¿real o imaginario?) que toca la puerta en casa de Elliot, sea que los opuestos pueden convivir hasta que abramos la puerta y veamos lo que espera detrás

¿Pero cómo saber que se trata de la última puerta?

Rubén Palmero Acosta

Historiador del arte especializado en cine y tv de día y cylon de noche. Pocas cosas me gustan más que acumular capturas de pantalla y escribir sobre las series que me apasionan.

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