‘Mr. Robot’ y el arquetipo ficcional del hacker

Pueden quebrantar cualquier código y entrar en cualquier sistema. Normalmente son sólo adolescentes y ya se encuentran bajo la vigilancia de las autoridades.

Sinopsis de ‘Hackers’ (1995)

En 1995, año de estreno de la película Hackers, muy pocos hogares tenían acceso a Internet. Unos 16 millones en todo el mundo, cifra ridícula comparada con los 3.200 millones (casi la mitad de la población mundial) que se calcula que tendrán acceso a finales de este 2015. En los años noventa, Internet era para muchos de nosotros algo increíble, un lugar casi mágico, y como tal no estaba exento de su propias leyendas.

El hacker fue uno de los primeros y más destacables arquetipos de la era digital; paralelamente al desarrollo de la propia tecnología online, se consolidaba este mito en la literatura y la ficción audiovisual, esta figura prometeica de programador superdotado que utilizaba la Red a su antojo para llegar a donde nadie podía llegar y hacer lo que el resto de mortales sólo podíamos soñar.

Hackers (1995)

Hackers (1995)

Rebeldía adolescente 2.0

No fue ni mucho menos la primera, pero una de las ficciones audiovisuales que más y mejor ayudó a implantar y extender el arquetipo del hacker en el imaginario colectivo fue Hackers, película por otro lado mediocre protagonizada por unos jovencísimos Angelina Jolie y Jonny Lee Miller. La historia comienza con un juicio, el del personaje de Jonny Lee Miller de niño, acusado de provocar la caída de 1507 ordenadores de Wall Street, con tan solo 11 años. En estos primeros minutos de metraje la película ya nos está marcando uno de los primeros conceptos arraigados al arquetipo del hacker, la juventud. Suelen presentarse como niños prodigios, nativos digitales que navegan por la red de redes como si esta fuera su hábitat natural, y que rompen la seguridad de empresas y corporaciones por placer, por reto, por diversión, sin evaluar los riesgos potenciales, como el protagonista de War games (1983).

Con los años Zero Cool, nick hortera del personaje que interpreta Jonny Lee Miller, se acaba uniendo a un grupo de hackers adolescentes encabezado por el personaje de Angelina. Son jóvenes rebeldes y desideologizados que visten con vaqueros rotos y chaquetas de cuero, se divierten hackeando cabinas de teléfono y se reúnen en los recreativos de algún barrio chungo, como una banda callejera. Viven al margen de un sistema con el que no se identifican y han descubierto en las pantallas, los microprocesadores y los cables un mundo de posibilidades, un nuevo tablero de juego en el que pueden ejercer sus propias reglas. Son, en definitiva, una variante del arquetipo del joven rebelde que tanto había explotado el cine desde los años cincuenta llevado a una nueva generación, a un nuevo contexto digital y a una nueva estética ciberpunk heredada del Neuromante de William Gibson.

Matrix (1999)

Matrix (1999)

El hacker existencialista

Ante la inminente llegada del cambio de milenio, Matrix no sólo consolidó el arquetipo hacker, sino que también lo intelectualizó. La película de los hermanos Wachowski bebió de todas las películas de hackers precedentes; estéticamente de la propia Hackers o Johnny Mnemonic entre otras, y conceptualmente de Ghost in the shell, manga y anime japonés de la que Matrix aprendió a utilizar la tecnología como lenguaje y metáfora para hacer reflexiones filosóficas.

Matrix trata de darle un cierto trasfondo al género. Ya no estamos ante una película para adolescentes, o al menos no exclusivamente, ni sus personajes son simples jóvenes radicales con talento para el código. Neo y compañía no se dedican a hackear la base de datos del instituto, sino la propia realidad. En Matrix el mundo se torna simulacro y sólo unos pocos elegidos son capaces de ver que la sociedad no es sino una elaborada fachada compuesta por una tormenta de código verdoso. Los hackers de Matrix tienen motivaciones políticas, luchan por romper el sistema, por despertar a la sociedad de su letargo y regresar a un estado menos tecnológico, pero real. La desesperanzadora ironía final de este alegato ideológico lo descubrimos en la segunda parte de la trilogía, en la que se nos explica que El Elegido y su revolución contra el sistema fueron creados ex profeso por el propio sistema, precisamente como válvula de escape para prevenir una revolución real.

Mr.Robot (2015)

Mr.Robot (2015)

El hacktivismo y la revolución

Ni Julian Assange ni Edward Snowden nos han descubierto una realidad en la que nuestra misión sea servir como baterías para robots, pero no cabe duda de que nos han rebelado un trozo de ese simulacro consensuado al que llamamos sociedad y que nos negábamos a ver. La potente interrupción mediática de estos personajes reales trastornó para siempre la imagen preconcebida del hacker contemporáneo, también en la ficción. Éste dejó de ser visto solamente como un egocéntrico y misántropo delincuente digital, para empezar a ser entendido además como un agente fundamental para el cambio social, un mal necesario.

Gracias a esta nueva vertiente política y social, el hacker ha dejado de ser un personaje exclusivo de las series y películas tecnológicas, para ser además un elemento recurrente en la trama de otros géneros, como el policial, el periodístico o incluso el judicial. En algunas ocasiones se utiliza como un simple recurso deus ex machina, pero en otras ocasiones se introduce con fines más ambiciosos. En The Newsroom, por ejemplo, donde se mantiene el look excéntrico y antisocial del hacker, herencia también de la icónica hacker de la saga Millenium, pero donde el enfoque que se le da es de pura ética periodística, ¿es legítimo que un medio de comunicación revele información obtenida por este tipo de precedimiento ilegal?, ¿es prudente hacer pública información clasificada?

Pero si hay una ficción reciente que ha sabido explotar como ninguna otra todo el imaginario hacker ha sido Mr. Robot. La fascinante serie creada por Sam Esmail nos introduce en el mundo de Elliot Alderson (Rami Malek), quien, problemas psicológicos aparte, es miembro fundador de F-Society (reflejo ficcional de Anonymous), una organización de hackers que tienen como objetivo tumbar el sistema bancario, borrar todos sus datos y liberar al mundo de la opresión de la deuda financiera.

La serie tampoco elude ciertos tópicos del género, los matiza y expande, pero recurre a ellos, en muchos casos a modo de ironía. Por ejemplo, los personajes se reunen en unos recreativos, como los protagonistas de Hackers, pero en esta ocasión se trata de un local abandonado. Y Elliot, lejos de poder ser considerado un héroe, se nos presenta como un personaje con trastornos psicóticos, asocial, paranoico y drogadicto, que además se dedica a hackear a todos aquellos que conoce y a guardar dicha información en CDs que luego rotula con nombres de discos de rock.

“I’ve always imagined Elliot as being severely antisocial as that represents my reality and that of the people I grew up with in this culture. The irony of a character that can’t connect with people in the real world while knowing the intimate details of everyone around him was something I thought would be interesting to explore.”

Sam Esmail (creador de ‘Mr.Robot’).

Mr. Robot profundiza en la figura del hacker contemporáneo, con sus muchas facetas. Desde el hacktivista político y social, al hacker que se dedica a extorsionar con fotos robadas, o a la vertiente mafiosa más peligrosa de las organizaciones de hackers, el denominado Dark Army. Tampoco se eluden referencias reales, como la reciente filtración de Ashley Madison.

No hay blancos y negros en Mr. Robot, todo está teñido de un hipnótico gris. F-Society consigue ejecutar su ataque y la revolución, en teoría, acaba triunfando (algo bastante difícil de ver en cualquier producto ficcional). Sin embargo se nos queda un regusto agridulce al final, en parte motivado por esa escena post-creditos. ¿Puede un hacker realmente cambiar el mundo? Y si así fuera… ¿el fin justifica los medios?

“My thoughts on hacktivism is that it’s ethically complicated, but sometimes necessary for justice to prevail. Can it lead to a massive change in society? It already has, and will most certainly continue to do so because all it really requires at the end of the day is a computer, wifi and one passionate person with a drive to make a difference in the world.”

Sam Esmail (creador de ‘Mr.Robot’).

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.

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