‘Mr. Robot’ y la ilusión de revolución

Aunque falte un mes para su estreno oficial, la cadena USA Network nos ha dejado adentrarnos en el primer capítulo del que promete ser uno de los mayores revulsivos televisivos de la temporada: Mr. Robot.

En ella Elliot (interpretado por un hipnótico Rami Malek) un joven hacker que trabaja en una empresa de protección de datos de grandes corporaciones, es atraído hacia un plan revolucionario que pretende reventar el sistema económico actual, hacer una tabula rasa económica que devuelva la equidad a un mundo injustamente desequilibrado. Aunque de por sí este argumento sea ya lo suficiente interesante, Mr. Robot puede llegar al panteón de la televisión por otros dos aspectos: su reflejo de la figura del hacker y la interacción entre el espectador y la serie.

Si hay una figura que sirva de metáfora del tiempo en el que nos encontramos ese es el hacker. Este no es simplemente un informático, es la persona que más se ha adentrado en el flujo de datos que cada vez más conforma la realidad en la que nos movemos. Al vivir inmerso en este incesante flujo se vuelve un ser fácilmente distraído, paranoico (los datos no conforman historias, son meras adiciones, por lo que las posibilidades interpretativas se multiplican exponencialmente) e inseguro antes las interacciones AFK (away from keyboard).

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La peculiar personalidad del protagonista condiciona también la relación espectador/serie a la que hice mención en un inicio. Los monólogos e incluso alguna mirada (en instantes dignos de los Underwood) van dirigidos al espectador que no es más que una creación, un amigo imaginario, un glitch (error informático que no afecta a la estabilidad general del sistema) que el propio Elliot crea en el segundo 1 del piloto.

Otro de estos glitchs es la reconstrucción que hace el protagonista de E Corporation, el nombre de la corporación informática que invade su mundo. Ese E en su mente es el inicio de Evil por lo que de ahora en adelante toda mención o aparición publicitaria de dicha corporación será vista a su manera. La realidad que vemos (nosotros, meros glitchs de su mente) ha sido también hackeada.

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A nivel formal la inserción de imágenes de famosos (el divinizado Steve Jobs, lo que queda de Bill Cosby), redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, etc.) u otras que nos hablen de la sociedad decadente que Elliot tanto odia (niños explotados en las fábricas de Apple, por ejemplo) dotan al capítulo de una estructura tan heterogénea como el mundo que habita: imágenes reales que se superponen a la ficción, monólogos que ocultan conversaciones, palabras imaginarias que sustituyen a las verdaderas, etc., nos revelan que al igual que en los flujos de datos que habita nuestro hacker, el orden y la estructura han dejado de tener sentido en la realidad y en la ficción (¿se puede distinguir aún entre ambas?).

Tan sólo tenemos un capítulo y quizá sea aventurarnos demasiado escribir estas líneas halagadoras pero la nueva ficción de USA Network no puede pintar mejor. Sería de una ironía deliciosa que la serie sobre hackers y antisistemas definitiva sea producida por Comcast, una gigante multinacional proveedora de servicio televisivos a todo el continente americano y dueña de NBC, dueña a su vez de USA Network. El capitalismo, una vez más, nos roba todos nuestros sueños revolucionarios. Pero qué series tan buenas hace con ellos.

Rubén Palmero Acosta

Historiador del arte especializado en cine y tv de día y cylon de noche. Pocas cosas me gustan más que acumular capturas de pantalla y escribir sobre las series que me apasionan.