‘Scandal’: She’s got the power

Bienvenido a Olivia Pope y asociados. Puede dejar sus convicciones sobre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo ético y lo inmoral en el ascensor. Aquí resolvemos problemas, gestionamos crisis y salvamos reputaciones. No importa si has amanecido con una rubia muerta en tu cama, han secuestrado a tus hijos o sabes más de la cuenta y algún ex-agente del B-613 te sigue la pista. Cueste lo que cueste, caiga quien caiga, lo resolveremos.

Somos gladiadores y eso significa que luchamos, día y noche, renunciando a todo, a mucho más que la menor expectativa de tener una vida normal porque: uno, no somos normales, y dos, la normalidad está sobrevalorada. Somos gladiadores trajeados, elegantes y sofisticados, calculadores, despiadados si hace falta y sensibles si es necesario para cumplir nuestra misión, pero siempre impecables.

Podemos controlarlo todo y a todos, es tan fácil como averiguar qué esconden. Y es que si hay una verdad absoluta es que todos y cada uno de nosotros, sin excepción, todo el mundo oculta algo. Ahora bien, si quieres ser nuestro cliente tendrás que ceñirte a una regla: nada de mentiras, si mientes se acabó todo…

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Hace menos de una semana me vi atrapada en Scandal, una serie que podría definirse como thriller político o de otras quince o veinte maneras… La verdad es que después de ver el piloto no esperaba mucho más que otra serie entretenida pero de patrón repetitivo al estilo de El Mentalista, aunque con más clase y cambiando polis por abogados; o quizás algo más parecido a Anatomía de Grey (también creación de Shonda Rhimes) pero cambiando los líos amorosos de quirófano por los de despacho de lujo y las batas por trajes de chaqueta. A medida que avanza la trama y empiezan a destaparse no sólo los escándalos de los que se ocupa la oficina de Olivia Pope sino también los que atañen a todos y cada uno de sus asociados la cosa empieza a ponerse interesante y para cuando termina la primera temporada ya te sientes una gladiadora trajeada más, comprometida con Olivia a seguir su instinto hasta sus últimas consecuencias y a obedecer y seguir viendo un capítulo tras otro con los ojos como platos y el trasero en el borde de la silla, sin hacer preguntas.

Queda feo decir que las mujeres poderosas están de moda pero sí es cierto que en las últimas temporadas el estereotipo de héroe masculino blanco ha perdido fuelle. Quizás el antecedente de esta vuelta a la tortilla fueron protagonistas como las de Sexo en Nueva York o Mujeres Desesperadas, que se salían de los estereotipos tradicionales aunque siguieran sin parecerse demasiado a ninguna mujer del mundo real. Sin embargo abrieron una veda que se ha sabido aprovechar a la perfección. George R. R. Martin y su Juego de Tronos ha supuesto un paso de gigante tan evidente que la revista S Moda de El País le dedicaba un artículo a la cuestión y lo titulaba con la pregunta ¿Es Juego de Tronos una serie feminista? Pero por si entre los dragones y las armaduras todavía no había quedado claro que se estaba tratando un tema real y de rabiosa actualidad, contamos con Carrie Mathison (Homeland), Kate Beckett (Castle) y por supuesto Olivia Pope (Scandal). Más o menos femeninas, con uno u otro color de piel… Son inteligentes, decididas e implacables. Se mueven entre el beneplácito y el temor de sus superiores pero cuentan con la confianza de sus compañeros de fatigas y sin excepción siembran pavor entre sus adversarios. Son defensoras del bien aunque sus emociones siempre pueden interferir a la hora de dibujar la línea entre el bien y el mal, y quizás eso es lo que las hace tan humanas y a la vez sobrehumanas.

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En este sentido, es interesante ver cómo la televisión funciona como mecanismo de sondeo de la opinión pública. Es tan capaz de medir la aceptación que tendría un determinado estereotipo social en un puesto de poder como de preparar al pueblo para aceptarlo. Sin duda una herramienta tan poderosa debe utilizarse con cautela. Aunque a algunos nos sorprenda que la cadena abc tuviera sus dudas sobre cómo reaccionarían los espectadores estadounidenses ante la serie protagonizada por Kerry Washington, la actriz confesaba hace algunos meses al diario británico The Telegraph que existía mucha presión, pero no sobre ella ni la serie sino sobre la sociedad: “estoy muy orgullosa de que vaya a haber una segunda temporada. Significa que, como país, ya no pensamos de manera estrecha”.