‘Sense8’, la identidad trastocada

Angélica se despierta en una iglesia abandonada. No puede respirar y su cuerpo adolorido no deja de temblar. Al levantar su brazo encuentra una mano amiga, Jonás, que aparece como una visión para calmarla amorosamente y convencerla de que se suicide. Otra visión, Mr. Whispers, aparece a sus espaldas murmurando maliciosamente y recordándole su debilidad a la hora de tomar decisiones importantes. Es un duelo telepático entre el bien y el mal. Antes de finalmente apretar el gatillo, Angélica ve a ocho jóvenes esparcidos a lo largo del globo y ellos también la ven a ella.

La primera escena de Sense8 abre preguntas que tardarán casi tres capítulos en ser respondidas. Angélica será el detonante de la unión de la mente de ocho jóvenes de diversa raza, cultura, locación, situación económica, ocupación y orientación sexual; quienes empezarán a tener visiones y a comunicarse telepáticamente entre ellos. El resultado es quizás uno de los más complejos trabajos de manejo de tiempo y montaje en la televisión actual. Sus tres creadores, Andy, Lana Wachowski (Matrix, SpeedRacer) y J. Michael Straczynski (World War Z, Babylon 5) tienen ya una larga experiencia en la creación de universos con un complejo manejo de las relaciones espacio temporales.

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Los sensates son Nomi (Jamie Clayton, Transform Me), una blogger y hacktivista transgénero en San Francisco; Will (Brian J. Smith, Hate Crime), un policía de Chicago; Riley (Tuppence Middleton, Black Mirror), una DJ islandesa ubicada en Londres; Sun (Doona Bae, Cloud Atlas), una empresaria de alto perfil y estrella emergente de las artes marciales underground surcoreanas; Wolfgang (Max Riemelt, La ola), un gánster de Berlín del este especializado en vulnerar cajas fuertes; Lito (Miguel Angel Silvestre, Los amantes pasajeros), estrella de cine de acción mexicano que oculta su homosexualidad; Kala (Tina Desai, El exótico hotel Marigold) una científico cercana a casarse con un millonario en Mumbai; y Capheus (Aml Ameen, Maze Runner), un conductor de autobús en la violenta ciudad de Nairobi. Los ochos personajes son guiados por Jonás (Naveen Andrews, Lost), quien está siendo buscado por las autoridades estadounidenses por conexión con el terrorismo; de la misma forma que están siendo perseguidos por Mr. Whispers (Terrence Mann, Critters), un sensate obsesionado con encontrar a otros sensates. Es una historia de ciencia ficción y evolución humana con la acción de un policial, del mundo del narcotráfico y de las artes marciales, con dramas de identidad de género y escenas musicales de Bollywood.

Sense8 logra entablar un profundo diálogo entre la individualidad, la identidad y la conexión humana. En una entrevista a principios de año, Lana Wachowski dice que la serie siempre apuntó a “la cuestión humana de cómo somos lo mismo y cómo somos diferentes. ¿Hay una universalidad en la condición humana? O en su defecto ¿somos productos de la formación cultural?” Por otro lado Straczyski confiesa: “estamos marginalizados, nacionalizados, tribalizados en cada pulgada de nuestro ser. […] Queríamos hacer algo que presentara la relevancia de quiénes somos, algo que nos haga decir: somos mejores estando juntos que separados”. Catalogada como una de las series más originales y espectaculares de la televisión, Sense8 es sin duda un proyecto magno y ambicioso; una historia de escala épica que mantiene intacto el concepto de intimidad. “Es una historia global contada a través de una escala planetaria acerca de la trascendencia humana y de lo que significa ser un humano en la sociedad contemporánea”, dice Strazcynski.

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Esta visión idealizada de un mundo en que pudiéramos literalmente caminar en los zapatos del otro a través de la evolución humana nos reta a cuestionar lo que realmente significa ser un individuo, las implicaciones de la singularidad en la contemporaneidad. Robert Legros afirma en El nacimiento del individuo moderno (2006): “En cierto sentido, toda sociedad humana está compuesta por individuos. Desde que los hombres son hombres, se reconocen unos a otros, se distinguen unos de otros, se atribuyen cualidades propias, se identifican personalmente, en suma actúan, se consideran y se perciben como individuos.” Sin embargo, Legros también hace alusión a una nueva forma de individualidad que nace con la democracia. La capacidad de vernos a todos como iguales aun manteniendo un principio jerárquico que se encuentra con la base del vivir-juntos. Estas diferencias, por ejemplo, de clase social, género, nación, etnia, religión, hacen que cada persona esté inclinada a comportarse según dichas pertenencias de nacimiento: “cada cual debe presentarse según lo que representa, y conducirse según su rango”.

Es quizás por esto que los personajes de Sense8 parecieran tener poca profundidad más allá del estereotipo que representan: el villano anciano que nunca levantan la voz, el joven africano que trabaja para comprarle medicamentos a su madre enferma, la asiática experta en artes marciales, la islandesa gótica y depresiva, la estrella de cine mexicana como un macho seductor, la científico de la India que no desea casarse aunque su matrimonio no haya sido arreglado, el guía de los nuevos sensates que habla en código como si de un guía espiritual se tratara. Pareciera que se prefiere exotizar a los personajes en vez de acercarse a ellos. Sin embargo, la forma en que se plantea la conexión mental entre personajes tan disimiles hace que se tenga una empatía total con ellos. De alguna forma, son personajes que deben ser experimentados y no entendidos. Es una imperfección que le hace bien.

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Quizás el concepto más difícil de explicar sea el de las conexiones mentales, representadas con los personajes alucinando su entrada en la vida de los sensates, visiones que empiezan en lo sensorial y se convierten cada vez en algo más literal. Estás en una habitación solo pero hay alguien ahí contigo, alguien que a su vez está en una habitación en Nairobi disfrutando de la soledad y de tu compañía al mismo tiempo. Esta nueva capacidad mental no solo les da la oportunidad de compartir memorias y habilidades, sino que los acerca a una nueva noción de identidad. La estética impecable y la pulida fotografía junto con las aceleradas y sincronizadas escenas de acción tan características de los Wachowski hacen que lo más abrumador de Sense8 sea el uso del lenguaje visual. Sin pantalla verde y grabada en nueve ciudades, el montaje de cada capítulo crea una estructura entretejida similar a la que ya vemos en Cloud Atlas, una intricada historia que juega con el uso del tiempo y del espacio manteniendo cohesión emocional y temática.

Enmarcada con música de The Antlers, Youth Lagoon, French Horn Rebellion, los tambores de Fela Kuti, Sigur Ros, Lykke Li, Fatboy Slim, Xoe Wise, Antony and the Johnsons y hasta con 4 Non Blondes y el Piano Concerto No. 5 «Emperor» de Ludwig van Beethoven interpretado por la Orquestra Filarmónica de Londres -pieza que conmueve a los sensates hasta el punto de recordarles el momento de su nacimiento- Sense8 se convierte en una experiencia inmersiva ideal para la propuesta estructural de Netflix que se aleja de la televisión tradicional de un capítulo por semana. La segunda temporada todavía no ha sido confirmada, pero el arco narrativo de la historia pretende durar cinco años. La historia apenas comienza.

Gabriela Mesones Rojo

Eterna enamorada de los cuadros por segundo, historiadora de arte y habitante de la ciudad más peligrosa del Caribe. ¿Quién dijo miedo?