‘Show Me a Hero’: Racismo, política municipal y Bruce Springsteen

El coronel no tiene quien le escriba, decía Gabo, y David Simon no tiene quien le vea. Lo decimos nosotros remitiéndonos a los resultados de la tibia repercusión comercial de Show Me a Hero, su obra más reciente. Y de la misma manera que García Márquez construía un conmovedor retrato sobre la dignidad de ese anónimo veterano de la guerra civil colombiana, el autor de The Wire vuelve a confirmar lo que ya sabíamos; su interés artístico consiste en retratar la dignidad de los derrotados, los olvidados y los invisibles. Merece la pena intentar entender por qué estamos ante una de las obras más necesarias del año.

Héroe por accidente

La miniserie de seis capítulos que acaba de finalizar en HBO es la adaptación de la homónima obra literaria de 1997, cuya autora es la periodista del New York Times Lisa Belkin. El centro de dicha obra es documentar el breve mandato (1987-1989) de Nick Wasicsko como alcalde del municipio de Yonkers en el estado de NY. Recibió el título, en aquel momento, de “alcalde más joven de una gran ciudad” al ser elegido para el cargo con tan sólo 28 años. Lo exiguo de su mandato se debió a su impopular política urbanística que favoreció la integración de la población negra en los barrios residenciales de mayoría blanca.

Este año las series más importantes del año ponen a prueba la curiosidad wikipédica del espectador. Si en The Jinx, aquella magnífica rareza, el visionado era más fructífero si se desconocía el destino de su ilustre protagonista, en Show Me a Hero se hace recomendable abstenerse de investigar en los detalles de la verídica historia que se relata.

¿Por qué entonces esta historia? ¿Por qué ahora? El relato se cimenta en tres vértices. Primero, los detalles de la política municipal que muestran a un bisoño y joven Wasicsko utilizado por los designios de su partido. Se opone en un inicio a la ordenanza estatal que obligaba a promover políticas urbanísticas de integración para la población negra en Yonkers y se muestra su posterior conversión en una especie de “héroe por accidente”, aceptando y promoviendo la inclusión. El segundo elemento, la oposición radical y racista de la mayoría blanca, y, por último (enriqueciendo y ampliando el foco), la población negra y latina beneficiaria de la vivienda de protección oficial.

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Born in the USA

La “historia de racismo” que describe el relato pertenece al más incómodo y reciente pasado americano. Los hechos mostrados se ubican en un arco temporal que va de 1987 a 1994, y la contextualización histórica se sirve de un magnífico recurso: la constante presencia de la música de Bruce Springsteen. Los dos trabajos que “El Boss” compuso durante el arco histórico que revisita la miniserie, Tunnel of love (1987) y Human Touch (1992) resuenan en cada uno de los seis capítulos. Y resulta admirable comprender que utilizando a un autor musical que nutre la identidad americana, Simon proyecte su crítica a la actual sociedad estadounidense: “Somos esto. Esta es nuestra historia”, parece decir. Los recientes asesinatos en EEUU de civiles de origen afroamericano por miembros de la policía, las connotaciones racistas y la convulsión racial de las comunidades enfrentadas otorgan a esta obra  una actualidad hermenéutica que trasciende incluso su sentido original.

Sin embargo, no conviene dejar de apreciar el esperanzador giro de las obras de su autor. La dureza de The Corner (2000) y The Wire (2002-2006), y el nihilismo de Generation Kill (2008), han dado paso a profundos y luminosos estudios de la respuesta humana más constructiva ante la adversidad. Tanto Treme (2010-2013) como esta Show Me a Hero se adscriben a una nueva etapa. El detalle con el que se muestra el personaje de Mary Dorman (eléctrica Katherine Keener) y su metamorfosis de integrista a integradora acompaña la matizada, compleja y deslumbrante creación de Oscar Isaac como Nick Wasicsko.

Podemos pasar por alto las limitaciones de Paul Haggis en su plana aportación como traductor cinematográfico o algún recurso de ambientación algo telefílmico, lo que no podemos pasar por alto es esta miniserie. Si sólo tuviesen 350 minutos para ver televisión esta semana, esta debería ser la opción elegida. Trae consigo muchas claves para entendernos como seres humanos y para entender la hipocresía que subyace a nuestra acomodada política globalizada. Palabra de Simon.

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Javier Rueda Ramírez

Psicólogo, seriéfilo y ameba cultural.