‘Silicon Valley’: El legado de Steve Jobs

Vivimos en la época del reinado absoluto del drama y la crisis de la comedia. Ni el cine ni la televisión logran actualizar la fórmula humorística que tantas alegrías les dio hace unas décadas, sobre todo a la televisión. Al rey de los dramas por excelencia, HBO, las comedias se le siguen atravesando, y rara es la que logra durar más de una temporada. Curiosamente Silicon Valley, a pesar de sus críticas irregulares y su baja cuota de espectadores sí ha logrado la renovación.

Silicon Valley trata de un grupo de desarrolladores de software liderados Richard Hendriks (Thomas Middleditch) que comienzan la aventura de crear un programa revolucionario que (en teoría) tiene el potencial de hacerles llegar a lo más alto. Pero el camino por el valle tecnológico es cruel y complejo, y estos peculiares personajes no lo tendrán nada fácil para alcanzar su destino. Sobre todo desde que esta pequeña start-up se convierte en el objetivo de Hooli, una empresa titánica que claramente es una parodia de Google y que trata de comprar primero, y robar después, el software que Richard y el resto del equipo desarrollan.

Los esperpénticos personajes de la serie no escapan a los más burdos estereotipos. Informáticos extremadamente tímidos, raros, solitarios y torpes con las mujeres. Pero a diferencia de otras series aparéntemente similares como The IT Crowd o The Big Bang Theory, no son personajes con los que el público medio pueda empatizar. En primer lugar porque Silicon Valley no es una serie generalista ni mucho menos, las referencias tecnófilas, al mundo de las start-ups y el marketing digital son constantes, hasta el punto que alguien completamente ajeno a este mundo apenas entenderá nada.

Silicon Valley no es tampoco una comedia «al uso». No está orientada a la carcajada, sino a la sonrisa torcida que aparece cuando se generan situaciones de incomodidad en eso que algunos teóricos clasifican como post-humor.

¿Y dónde está la gracia? Bueno, si bien como digo no es una serie para partirse, Silicon Valley tiene sus puntos de humor absurdo y, sobre todo, nos ofrece una tremenda caricatura satírica al absurdo y loco mundo del emprendimiento digital. Un negocio virtual que tiene su huella física en el propio valle californiano, y que no deja de ser un nido de buitres oportunistas que se plagian unos a otros. Hilarante sobre todo es el momento de las presentaciones, todas iguales, de servicios web y APPs que todos sus creadores venden para «hacer del mundo un lugar mejor».

La hostia en la cara a personajes como Zuckerberg, Larry Page o Steve Jobs es más que evidente, aunque no termine de ser suficiente.

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Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.