‘Sleepy Hollow’, entretenimiento fantástico

¡Hay que ver lo que le gusta un buen remake a cualquier directivo de televisión! En su defecto también se conforma con un spin-off, una precuela o un reboot. Pero sin duda remake es su palabra preferida. Y es que cuando hablamos de invertir los cuartos, a todos ellos parece venirles a la cabeza ese dicho popular: si funciona, ¿para qué intentar otra cosa?

Debo reconocer que, cansado de este tipo de estrategias, la primera vez que supe que Sleepy Hollow tendría un remake en formato serial (ver trailer) mi primera reacción fue el más clamoroso de los rechazos. Ay… qué equivocado estaba. Menos mal que mi seritis aguda me obliga a consumir compulsivamente toda serie que encuentro, o al menos intento darles una oportunidad. Así fue, entre la curiosidad y la adicción, como vi el piloto de la serie fantástica de Alex Kurtzman y Roberto Orci para la Fox. Así fue como acabé enganchado.

La serie de Sleepy Hollow no es para nada lo que esperábamos encontrar. Alejada de la versión cinematográfica de Tim Burton, la serie tiene tan poco que ver con aquella como con el relato original de Washington Irving, de la que toma la inspiración, el nombre… y poco más. A diferencia del cuento y la película, la serie se desarrolla en el siglo XXI, aunque uno de sus protagonistas principales (Ichabod Crane) proviene, nada más y nada menos que de los tiempos de la guerra de secesión Americana (siglo XIX para los de la Logse).

El general Crane (interpretado por un Tom Mison con un elegantísimo acento británico) despierta en nuestro presente tras quedar inconsciente en una batalla en la que acaba decapitando a un jinete misterioso, ¿les suena? Por supuesto el jinete -ahora sin cabeza- también vuelve a la vida al mismo tiempo, y a falta de mejor plan se dedica a decapitar a las buenas gentes del pueblo de Sleepy Hollow. Nuestro decimonónico amigo se alía con una agente de la policía local (Nicole Beharie) para investigar esta, como mínimo peculiar, serie de asesinatos.

(L-R) Katia Winter as Katrina Crane, Tom Mison as Ichabod Crane, Nicole Beharie as Abbie Archer and Orlando Jones as Detective Frank Irving in Sleepy Hollow.

Pero si esta breve sinopsis con viajeros del tiempo y decapitados jinetes decapitadores no os termina de convencer, os diré que este es tan solo el pequeño punto de partida, una breve parte de una trama mucho mayor, en la cual el jinete sin cabeza es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, quienes, junto a otra serie de demonios y órdenes secretas, conspiran para desencadenar el fin del mundo, con el epicentro fijado en Sleepy Hollow.

La serie, creada por parte de los creadores originales de Fringe, se desarrolla con una estructura muy similar a esta: capítulos procedimentales de casos sueltos de misterio paranormal, esta vez demonios, monstruos del folklore popular (como el Sandman) o magia negra. A su vez estos casos acaban entrelazándose y encajando en una trama compleja común que parece tener cuerda para rato (ya se ha dado luz verde a la segunda temporada). Más paralelismos con Fringe, en Sleepy Hollow la protagonista es una mujer policía (que si en principio no tiene mucho que ver con Olivia Dunham) también lleva una vida solitaria y tiene un pasado traumático que acaba estando relacionado con la trama general. En Sleepy Hollow, como también ocurría en Fringe, se juega con la frágil línea entre la cordura y la locura ante lo inexplicable y lo sobrenatural, aunque la respuesta aquí no está en la ciencia, sino en la magia y lo demoniaco. Son dos series muy distintas, no me malinterpretéis, pero se nota una cierta forma de hacer las cosas y unas inquietudes comunes, se nota que las manos que escribieron ambas series son las mismas.

“Well, my goodness, [it’s] an enormous amount of fun, a lot of scares, a lot of humor. There is really nothing like it on television.” Alex Kurtzman.

Por si este alarde de originalidad, esta interpretación libre y delirante de la historia clásica del relato original no fuera suficiente, debo decir que además Sleepy Hollow esta rodada y dirigida con un mimo exquisito, una calidad más que notable y una atención a los más mínimos detalles, como el uso en todos los capítulos de un tipo de plano concreto (el paneo vertical 180º). Y encima tenemos la gran suerte de que Sleepy Hollow no se toma muy en serio a sí misma, haciendo uso de un humor hacia lo fantástico que no recordábamos desde Buffy, y dando mucho juego a las cómicas e interesantísimas situaciones de anacronísmo que sufre este visitante del siglo XIX en nuestros días (como el genial gag de Starbucks en el piloto). ¿Qué podría pensar de los Estados Unidos de la actualidad un soldado que viene de luchar por la independencia del país hace 250 años?

¡¿Esta comida cuesta 4,95 dólares?!, dios bendito. ¿Con una tasa adicional de 41 céntimos? […] No, lo que es de locos es un diez por ciento sobre los productos. ¿Te das cuenta que la Revolución empezó por menos del dos por ciento? ¿Cómo es que la gente no sale a las calles a protestar?

Tenemos por lo tanto a una serie extravagante, original, sorprendentemente divertida y muy cuidada. Una serie que apetece, y que encantará a los fans de lo fantástico, o a los que simplemente busquen una serie que entretenga (parece mucho pedir hoy en día). Esperemos que Sleepy Hollow siga por buen camino, y a sus creadores les pedimos lo mismo que ellos nos desean en los posters promocionales:

«Don´t lose your head.»

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.