‘The 100’: Guiones para sobrevivir a un futuro post-apocalíptico adolescente

Vamos a hablar de una serie de The CW, la cadena de ‘Flash’, ‘Arrow’, la madre que adoptó a ‘Supergirl’ y la productora de infinitas series fantásticas para adolescentes a las que espero no engancharme. Y no, no voy a hablar de ‘Jane The Virgin’, su serie con mayor reconocimiento crítico sino de The 100, su serie con mayor reconocimiento por parte de los (aca)fans.

‘The 100’ comienza como una revisión de ‘Lost’ en la que la Tierra se vuelve una nueva isla y en la que los protagonistas rejuvenecen unos cuantos años, se vuelven feministas e integran la diversidad racial sin caer en estereotipos (hasta que comienzan a acuchillar/electrificar/azotar/torturar/drogar/asesinar a sus protagonistas negros).

Pero también comienza como una revisión de ‘Battlestar Galactica’ en la que un holocausto nuclear cuyo origen no importa demasiado inicialmente toma a unos terrícolas residentes en el espacio por sorpresa. ¿Y los Cylon? Ya aparecerán con vestido sexy rojo incluido, pero inicialmente el paralelismo se basa en la reducción de la sociedad a un exponente mínimo y la exploración de sus roles y deseos.

Con ‘Lost’ y ‘Battlestar Galactiaca’ en el horizonte, el presente es un cruce entre ‘Gossip Girl’ y ‘How to Get Away with Muder’. Polígonos amorosos de infinitos lados, asesinos en los lugares más insospechados y unas tramas que no pueden dejar de contraerse dejan al espectador con una mueca igual de indescriptible: aburrirse es el último tabú y las chicas (porque seamos claros, aquí las que mueven la Historia/la Tierra/ la Guerra/ y los corazones son ellas) lo tienen muy claro.

Con un casting que parece salido de una reunión para ex pertenecientes a series de ciencia ficción de culto en horas bajas, ‘The 100’ logra contra todo pronóstico convertirse no sólo en la serie que te hace olvidar todas las deadlines, sino en una producción fundamental para entender cómo estructurar una serie de televisión.

Más allá de los giros imposibles antes mencionados, la serie de Jason Rothenberg sabe crear pequeños arcos argumentales de dos o tres capítulos que mantienen la atención, aportan a las tramas troncales de la temporada y no caen nunca en el relleno. Aunque éstas no hagan que los personajes gocen de una evolución rica en demasiados matices (tampoco es ‘Mad Men’ esto), sí que logran abrirnos el mapa de esta nueva Tierra post-apocalíptica de un modo que a los showrunners de ‘Game of Thrones’ se les escapa cada vez más.

A pesar de que continuamente el grupo de personajes se divide en subgrupos y subtramas, las temporadas están tan focalizadas en un objetivo (asentarse en la Tierra, sobrevivir a Mount Weather, lidiar con la Coalición de Reinos) que nada ni nadie salvo Lexa se pierde. No hay aquí Aryas repartiendo palos durante media temporada, o reinas que estén encarceladas durante más de medio episodio. Esta velocidad puede llegar a afectar a la profundidad, pero vuelve su ritmo rock&roll y nos asegura que conoceremos en profundidad un espacio/trama troncal antes de pasar a la siguiente.

El presentar las temporadas un claro objetivo conlleva también que el choque con la season finale deba ser épico, y así es. No hay sólo cliffhangers, hay verdaderos replanteamientos estructurales que en la búsqueda del dinamismo y la novedad hacen que casi podamos hablar de serie antológica. El peligro de que la serie pierda su perspectiva se subsana aquí en parte con la importancia y el carisma de ciertos protagonistas a los que deseamos seguir a donde vayan, aunque a veces estos lugares no tengan mucho sentido.

Junto a esto, la cantidad de horas que pasamos en ciertas localizaciones (el asentamiento inicial, Mount Weather, Arkadia, etc) y lo fundamental que resultan para las tramas (bendita falta de presupuesto) producen una sensación de seguridad ante tanto cambio: Más que el bosque como terreno intermedio donde deambulaban en Lost hasta el hastío aquí tenemos la ciudad, el asentamiento o el refugio, lugares donde las tramas pueden crecer y no simplemente escapar hacia otro destino.

Se podrían escribir muchos artículos sobre The 100: su relación con la feminidad, las jerarquías de poder que plantea, su visión del colonialismo, su reapropiación de rostros y tramas de la ciencia ficción televisiva reciente, etc pero he preferido centrarme en un aspecto brillante y poco reconocida de la misma: sus guiones y su capacidad de organizar y dividir las temporadas en tramas, subtramas y espacios que den a la vez una visión clara de lo que desean contar sin por ello dejar de sorprender en cada capítulo.

Y también podría hablarse de Lexa, la hija de Xena la Princesa Guerrera, la hermana morena de Buffy. Este artículo va para ti: May we meet again, Lexa of the Trikru.

Rubén Palmero Acosta

Historiador del arte especializado en cine y tv de día y cylon de noche. Pocas cosas me gustan más que acumular capturas de pantalla y escribir sobre las series que me apasionan.